Sala de barricas

Bodegas urbanas

Son un fenómeno creciente en Estados Unidos, desde Nueva York hasta California. Las bodegas urbanas dan a los enólogos la posibilidad de expresarse sin ataduras.

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Por Helio San Miguel

Publicación Revista: 01/05/2017

Publicación Web: 06/06/2017

El término no se refiere a aquellas bodegas que se encuentran en el casco urbano de una ciudad o pueblo importante de una zona vinícola. Si así fuera, todas las bodegas riojanas que se encuentran en el Barrio de la Estación de Haro, serían urbanas. El término se aplica a aquellas bodegas que disponen de todas las instalaciones necesarias para la elaboración de vino dentro de una ciudad, pero que en la mayoría de los casos ni poseen viñas ni las uvas provienen necesariamente de las regiones vinícolas cercanas a la ciudad en la que se encuentra la bodega, y ni siquiera de la misma región, pues distintas variedades de uvas pueden adquirirse en diferentes zonas, o cambiar de regiones de un año a otro.

Las bodegas urbanas son casi el concepto opuesto a las viñas urbanas que se han mantenido dentro del perímetro de algunas ciudades como Viena o París. Su modelo en muchos casos tiene algo en común con los “garagistes”, mientras que en otros lo que ofrece es una mayor cercanía a un consumidor más interesado que puede implicarse en la misma, pues muchas tienen clubes de vinos y algunas ofrecen a sus clientes la posibilidad de hacer su propio vino.

Libertad para elaborar 

En Nueva York, donde los inmigrantes europeos, sobre todo italianos y judíos, han hecho vinos caseros por décadas, hogaño, hay casi una decena con varios proyectos comerciales en marcha, de los que tres destacan sobre las demás: City Winery, Brooklyn Winery y Red Hook Winery.

City Winery, fundada en 2008, está situada en Manhattan, en un extremo del famoso barrio de Soho y se está convirtiendo en la bodega urbana más conocida del país. Incluye un restaurante, una sala de conciertos (en la que han tocado desde Al Stewart hasta Norah Jones), y organizan catas y actos vinícolas y gastronómicos, consiguiendo una exitosa mezcla que les ha llevado a abrir varias sucursales en Atlanta, Boston, Chicago y Nashville. City Winery también es el modelo de bodega urbana no ligada a ninguna región pues trae las uvas de Napa, Oregón, y más recientemente malbec de Argentina compradas a Catena.

Las instalaciones de la bodega se encuentran al fondo de su amplio espacio y en ellas su enólogo, David Lecomte, natural del Ródano y formado en Montpellier, está a cargo no solo de los vinos propios, sino también de los de los más de doscientos clientes que elaboran su vino personal allí. City Winery también elabora vinos kosher, a cargo del enólogo Yanky Drew.

Brooklyn Winery está situada en el corazón de Williamsburg, el barrio hipster del distrito, y elaboran vinos con uvas de los Finger Lakes y de California, que van de riesling a zinfandel, con el que también producen uno dulce. Tienen espacio para celebrar bodas y otros eventos privados y cuenta con un restaurante en Crown Heights.

Sólo uvas neoyorquinas

Red Hook Winery fue fundada también 2008 por Mark Snyder, propietario de una distribuidora de vinos, quien se asoció con Abe Schoener, profesor de filosofía y elaborador de los vinos de culto de Scholium. Está situada, como su nombre indica, en el barrio de Red Hook, una zona abandonada hasta hace unos pocos años en que fue elegida por Ikea para abrir su tienda de Nueva York y posteriormente por Fairway, una de las cadenas de supermercados más famosas, para abrir uno de sus enormes locales.

Su vocación vinícola es diferente de la City Winery pues Red Hook Winery hace vino exclusivamente con uvas procedentes de las tres zonas del estado de Nueva York, Finger Lakes, Hudson River Valley y Long Island.

Red Hook Winery usa variedades más conocidas, pero también otras como petit verdot y blaufrankish. También elabora vinos con distintas viñas, clones y procesos de elaboración que detalla en las etiquetas y en los nombres, como Jamesport Vineyard Chardonnay Clone 76, Jamesport Vineyard Chardonnay Clone 95. Además de Abe Schoener, cuenta con otros dos enólogos, Robert Foley, una de las estrellas de la viticultura californiana, y Christopher Nicolson, que se encarga del día a día de la bodega.

Cada uno de ellos hace sus vinos de forma personal, con lo que se pueden encontrar tres expresiones de las mismas viñas o variedades. Red Hook Winery tuvo que cerrar tras los daños sufridos por el huracán Sandy, pero reabrió poco después.

Por la curiosidad que representa hay que citar Rooftop Reds, que poseen una viña con unas 170 cepas de varietales bordeleses plantadas en 2013 en las azoteas de un edificio de la Brooklyn Navy Yard de la que saldrá el primer vino el año próximo.

Más allá de la Costa Oeste  

El fenómeno de las bodegas urbanas se ha extendido por todo el país y no exclusivamente por la Costa Oeste. En San Francisco está Bluxome Street Winery en el distrito del SoMa, que elabora varietales con uvas del cercano Russian River de Sonoma. En la cercana Berkeley, Donkey & Goat Winery, una de las más originales pues se dedica exclusivamente a la elaboración de vinos naturales de las zonas cercanas de Sierra Foothills, Monterey y Mendocino County. A veces todavía pisan las uvas y apenas usan azufre. Más al sur, en Paso Robles, se encuentra el complejo Tin City que alberga más de una docena de bodegas, así como una destilería y una sidrería.

Al norte de California, en Portland, Oregón, está Enso Wines que elabora vinos solo con uvas de California, Oregón y Washington. Los vinos de Enso son más desenfadados y además hacen sangría; tiene un club de vinos al que subscribirse para recibir un número determinado de botellas cada mes.

Más al norte, en el estado de Washington, Seattle cuenta con varias, entre las que destaca Charles Smith, una enorme bodega que elabora vinos con nombre inusuales (K Vintners, Sixto, Substance, Secco Italian Bubbles, Charles & Charles, etc.) y divertidas etiquetas.

En el interior del país destacan Henke, en Cincinnati –compra uvas en California, Indiana, Nueva York y Ohio–, tiene restaurante y tienda de vinos; The Infinity Monkey Theory, con dos bodegas, una en Denver, y otra situada en la ciudad de Austin en Texas, cuya primera cosecha fue la de 2015. Lo curioso de esta última son las variedades que utiliza: vermentino, trebbiano, tempranillo, monastrell, pasando por chenin blanc y cabernet franc, todas procedentes de viñas del propio estado de Texas.

En la misma ciudad están The Austin Winery, que utiliza uvas de California y Washington y Time Ten Cellars, que tiene una viña plantada con tempranillo y syrah en el desierto tejano, y cuenta con dos bodegas, una en Dallas y otra en Fort Worth, donde elaboran multitud de vinos, entre ellos albariños, tempranillos y sangioveses.

La lista podría seguir, pero las apuntadas dan una idea del florecimiento de este curioso movimiento que no persigue la expresión de un terruño sino la libertad del enólogo.

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