Viaje Creta

Cuna de dioses

La mayor de las islas griegas guarda un tesoro de mitos e historia junto a magníficas playas y pueblos rebosantes de personalidad. Situada en pleno Mediterráneo oriental, invita al placer activo y al disfrute de paisajes milenarios.

Foto: Enrique Domínguez Uceta
Foto: Enrique Domínguez Uceta

Por Enrique Domínguez Uceta

Publicación Revista: 31/01/2022

Publicación Web: 31/01/2022

Todos hemos habitado Creta antes de poner el pie en sus calles. Sus mitos y referencias históricas nos transportan al principio de nuestra civilización, que tuvo su origen en la mayor de las islas griegas. Allí se desarrolló, tres milenios antes de Cristo, la cultura minoica, vecina de las grandes civilizaciones de su tiempo, Mesopotamia y Egipto. De ellas bebieron los antiguos cretenses y destilaron su propia versión, la auténtica cultura mediterránea, que caló hondo en todos los pueblos ribereños del Mare Nostrum. La mitología griega afirma que el dios Zeus había nacido en Creta, y cuando raptó a la princesa fenicia Europa la llevó a la isla. Allí tuvieron tres hijos. Uno de ellos, Minos, fue padre del Minotauro, un ser mitad hombre y mitad toro, que encerraron en un laberinto, al que ofrecían en sacrificio siete hombres y siete mujeres cada año, hasta que Teseo acabó con su vida. Europa, el Minotauro, las fiestas con toros y el sentido lúdico de la vida son sólo algunas de las señas de identidad minoicas de las que participa nuestra cultura actual. Los minoicos alcanzaron su mayor esplendor hacia el 1.700 a.C. Su posición, en el centro del Mediterráneo oriental, les otorgó una gran capacidad de influencia, que llegaba incluso a Sicilia, a través de la importancia de la navegación en aquel tiempo.

El laberinto

El emblema de la antigua Creta es el laberinto del Minotauro, diseñado por Dédalo, que se asimila al palacio de Cnosos, el monumento más visitado de la isla. Fue un edificio descomunal para la época, en torno a 20.000 m2 y 1.300 habitaciones, que acogía al rey con toda su corte. Estuvo desaparecido hasta que lo encontró el arqueólogo Arthur John Evans en el año 1.900. Tras largas excavaciones, se visitan algunos elementos reconstruidos por Evans, los propileos, el salón del trono, el megarón de la reina y la escalera principal. Afortunadamente, muchos vestigios de la antigüedad han ido emergiendo del subsuelo y se han convertido en nuevos atractivos que se suman a los restos dejados por Roma, Bizancio, los venecianos, que gobernaron cuatro siglos, y los turcos. Hoy Creta es un gran destino turístico por sus playas, de aguas limpias y transparentes, repartidas en una isla grande, alargada, con más de 260 km de este a oeste, y entre 12 y 60 km de norte a sur, con cumbres que alcanzan más de 2.500 metros de altura. El territorio aparece recorrido por una espina montañosa, con una hondonada central donde se desplegó la cultura minoica. Las ciudades y puertos notables se alinean en la costa norte, mientras el litoral del oeste y el sur se mantienen más salvajes, con bellos y remotos arenales rosados en Elafonisi o Balos, y poblaciones remotas y diminutas como Lutró, sólo accesibles por mar. Las Montañas Blancas ocupan la parte occidental de Creta, cubiertas de bosques, y cortadas por desfiladeros profundos. En el nordeste se sitúa el encantador golfo de Mirabello, y en el extremo oriental hay palmerales junto al mar. En todo el litoral abundan las hermosas playas de arena blanca, quedando en el sur los paisajes más desérticos y los acantilados más espectaculares. En la costa norte se encuentra Chania, la segunda ciudad de la isla, con sus altas casas venecianas otorgando aspecto medieval a la parte antigua, en torno al puerto viejo. Subiendo a la meseta de Omalos es posible adentrarse en el desfiladero de Samaria, el más grande de Grecia, con paredes casi verticales de 300 metros de altura. La garganta se recorre a pie en una caminata de más de cinco horas que termina en la orilla, donde un barco recoge a los senderistas para llevarlos hasta Sfakiá, al pie de un castillo del siglo XVI, en una región tradicionalmente apartada, que conserva el fuerte carácter que se atribuye a los cretenses. Avanzando hacia el este por la costa norte se llega a Réthymno que es una ensenada cargada de historia, con mezquitas turcas, fuentes, mansiones de comerciantes y la enorme fortaleza veneciana. Como en todos los puertos de Creta, los restaurantes se acumulan al borde del agua, ofreciendo sabrosas sardinas, calamares, pulpo y pez espada recién pescados.

Cnosos y el Greco

En la franja central de la isla se localiza la mayoría de los monumentos de la cultura minoica. En el norte se sitúa la capital, Heraclión, con las fuertes defensas levantadas durante el dominio veneciano, que fueron capaces de resistir un continuado asedio otomano de 21 años. Además de la fuente de Morosini, del siglo XVIII, hay que visitar la catedral, donde conservan iconos de Damaskinos, maestro de El Greco, que nació y se formó en Creta antes de instalarse en España. Heraclión posee los mejores museos para conocer el pasado isleño; en el Arqueológico se exponen los frescos de Cnosos, y en el Histórico de Creta hay pinturas de El Greco. El mercado municipal, Laiki Agora, muestra lo mejor que produce el territorio, y la ciudad cuenta con buenos restaurantes para acercarse a la versión moderna de la cocina tradicional, en la que el aceite de oliva y las hierbas tienen un permanente protagonismo. A sólo cinco kilómetros de la capital se halla el emblema de la cultura minoica, el formidable palacio de Cnosos, y muy cerca, en Tiliso, hay restos de tres villas levantadas hace 36 siglos. En Gortina se conserva el yacimiento de la capital de Creta en tiempo de Roma, y en Festos la memoria de otro gran palacio minoico. A un paso, en la costa, hay que visitar Mátala, un puerto de pesca con bonita playa de arena, rodeada de nichos excavados en los acantilados de toba amarilla, y seguir hasta Agia Galini, otro puertecito de pesca repleto de restaurantes.

El dios Zeus y Anthony Quinn

El oriente de Creta tiene su principal ciudad en Agios Nikolaos, asomada al ancho golfo de Mirabello, con su dársena pesquera y el lago Voulismeni unido al mar por un canal. La ciudad es la base ideal para hacer escapadas a las ruinas minoicas de Malia y a las de Gurniá, y adentrarse en la fértil meseta de Lasithi. Ascendiendo por carreteras de vistas espectaculares se llega a un paraíso agrícola entre montañas casi intacto, sembrado de molinos de viento. Además de los pequeños pueblos, se puede visitar la caverna del Dicte, con lago subterráneo, estalactitas y estalagmitas que hacen creíble la leyenda del nacimiento en ella del dios Zeus. En el sureste se encuentra Ierápetra, con la playa donde Anthony Quinn baila sirtaki en la película Zorba el griego.Todo el extremo oriental de Creta está lleno de lugares valiosos, el puertecito de Sitía con sus defensas venecianas y la playa bordeada de restaurantes, el monasterio-fortaleza de Toplou, las ruinas de la ciudad de Itano, y los vestigios de otra ciudad minoica en Palaikastro y de un palacio en Zakros. Para el final puede quedar la playa de Vai, con la arena llegando hasta un extenso palmeral datilero que hace del lugar un exótico confín de aspecto africano. Muchas islas son consideradas continentes en miniatura. Pocas lo merecen tanto como Creta, que invita a ser recorrida con calma, para disfrutar cinco mil años de historia, de monumentos y de gastronomía mediterránea.

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