Viajes

Reino de la vida salvaje

Unir en un solo viaje las cataratas victoria, magníficos parques naturales, la fauna africana y pinturas rupestres de 10.000 años de antigüedad sólo es posible en zimbabue alojándose en sus lujosos lodges.

Foto: Enrique D. Uceta
Foto: Enrique D. Uceta

Por Enrique D. Uceta

Publicación Revista: 01/02/2024

Publicación Web: 29/01/2024

El majestuoso río Zambeze genera una formidable colección de acontecimientos naturales en su recorrido por el norte de Zimbabue, especialmente tras provocar el espectáculo natural de las cataratas Victoria, las más potentes del continente africano. Después se derrama en una sucesión de parques naturales rebosantes de vida animal, con hipopótamos y cocodrilos en sus aguas y manadas de elefantes acudiendo a pastar y beber en sus orillas, en alguno de los enclaves más salvajes e intactos al sur del Sáhara.

El humo que truena

Una estatua de bronce dedicada al Dr. Livingstone contempla desde un costado las cataratas Victoria, un recto kilómetro de cortinas de agua que se precipitan en una profunda sima. Tras golpear en el fondo con formidable estruendo, se levanta una alta columna de agua pulverizada en la que se enredan los arcos iris cuando la atraviesa la luz del sol, generando una copiosa lluvia sobre su entorno. El explorador británico descubrió el lugar en 1855, desconocido hasta entonces para Occidente y, consciente de su excepcionalidad, le dio el nombre de la reina del Imperio Británico. Los habitantes del territorio lo conocían como Mosi-oa-Tunya, el humo que truena. Contemplar las cataratas ya justifica el viaje, pero hay muchas experiencias que sumar a la pura emoción de asistir a un espectáculo natural incomparable.

Un vuelo en helicóptero ofrece el punto de vista más impresionante, y el único que Livingstone no pudo alcanzar. Según el caudal del río, también es posible bañarse al borde del acantilado en las Devil Pools, las piscinas del diablo, cuya ubicación hace honor a su nombre pues a partir de ahí las aguas mansas se precipitan al vacío. Otras opciones relacionadas con el Zambeze son las tirolinas que cruzan el cañón del río, el rafting en sus aguas blancas y la opción de saltar atado a una goma desde uno de los puentes que lo cruzan. Pero nada tan placentero como navegar en el caudaloso Zambeze al atardecer, contemplando desde la cubierta la fauna de las orillas y los hipopótamos bañándose en sus aguas. Victoria Falls es el nombre de la ciudad zimbabuense crecida junto a las cataratas, centro ferroviario colonial en el pasado, y ahora base de actividades para visitar los parques nacionales cercanos. El de Victoria Falls, el Zambezi, y el Kazuma Pan, aunque el vecino parque nacional Hwange merece ser recorrido con calma, para encontrarse con un centenar de especies y una abundante población de elefantes que viven en su extenso territorio, mayor que la provincia de Burgos.

Si el hotel histórico The Victoria Falls, con su elegante arquitectura colonial, es el mejor alojamiento junto al río y con vistas a las cataratas, en el parque de Hwange hay una fascinante colección de lodges como Khulu Bush Camp o Sable Valley, de la Amalinda Safari Collection, que sitúan pequeños grupos de cabañas junto a los bebederos a los que acuden cada tarde los elefantes. Todos cuentan con observatorios para fotografiar a los elefantes a escasa distancia, proporcionando experiencias emocionantes y genuinas. Además de servir de base a los safaris en vehículos descubiertos, cada lodge ofrece una cocina de calidad en la que no falta la carne de kudú o de impala, que no proceden de caza.

Cruce de caminos

A partir de las cataratas Victoria, hay dos caminos principales para descubrir Zimbabue, uno siguiendo el río Zambeze que sirve de frontera con Zambia por el norte, y otro hacia el sur para conocer el resto del país. En el primero, aguas abajo del Zambeze, se ensartan maravillas naturales como el descomunal lago Kariba, generado a partir de una presa, el parque nacional Matusadona junto al lago, o el inefable territorio de Mana Pools que es una obra de arte del esplendor de la naturaleza, donde se accede al espacio de vida salvaje por el agua, en ligeras embarcaciones, desde donde se contemplan los baños de los hipopótamos, los cocodrilos al sol en la orilla y los elefantes bebiendo en los humedales. El otro camino, al sur de las cataratas, se dirige a Bulawayo, antigua capital de un reino de la etnia ndebele, anterior al dominio del colonialista Cecil Rhodes, que lo convirtió en Rodesia del Sur hasta la independencia de Zimbabue en 1979. Bulawayo conserva los edificios levantados en tiempo de Rhodes, y mantiene un aire residencial de baja densidad que es pura fusión de la cultura africana y la colonial. Un paseo por el mercado y la visita del singular museo del Ferrocarril pueden ser la antesala del viaje hacia el resto del país, hacia la capital, Harare, y las montañas de las Tierras Altas Orientales.

Hace 10.000 años

Zimbabue posee dos joyas culturales, excepcionales, ambas Patrimonio de la Humanidad. No muy lejos de Harare se puede visitar el Gran Zimbabue, que es la mayor construcción en piedra del continente exceptuando las obras del Antiguo Egipto. De lo que fue la capital del reino bantú del pueblo shona entre los siglos XI y XV, quedan sus murallas y los restos de una torre cónica de piedra como testimonio de una de las grandes civilizaciones africanas prácticamente desaparecida. En la lista de la UNESCO también se incluyen los Montes Matobo, que forman pintorescas formas de granito desnudo y numerosas cuevas y abrigos naturales en los que abundan las pinturas rupestres. Se realizaron de manera continuada desde la Edad de Piedra, hace más de 10.000 años, y tienen episodios tan fascinantes como el conjunto de la cueva Nswatugi, con una pared cubierta de dibujos en los que se puede ver la misma fauna que aún corre por sus sabanas; jirafas, cebras, antílopes, impalas se mezclan con figuras humanas esquemáticas, cazando, o agrupadas alrededor del fuego. El parque nacional de Matobo ofrece la rara posibilidad de ver rinocerontes, en uno de los santuarios dedicados a la preservación de la especie. Tras una breve explicación sobre la escasez de ejemplares a la entrada del parque, es posible ir a su encuentro en plena naturaleza. En el mismo parque se encuentra la tumba de Cecil Rhodes, administrador de las tierras de la Compañía Británica de Sudáfrica que abarcaba los actuales territorios de Zambia y Zimbabue, antes conocidos como Rodesia del Norte y del Sur. El aventurero escogió para su enterramiento un lugar incomparable, en lo alto de una colina de granito pelado desde la que se domina un paisaje de montes que se van disolviendo en la atmósfera hasta más de 60 kilómetros de distancia, un lugar majestuoso que también alberga el monumento Shagani River Memorial, en recuerdo de los duros combates de los colonialistas contra los nativos ndebele. Zimbabue hoy es un país tranquilo y seguro, sin conflictos internos, que atesora una compleja combinación de ciudades, monumentos, pinturas rupestres, parques nacionales repletos de fauna, cataratas y cruceros fluviales en el magnífico río Zambeze, sin rival en el África Austral.