La estampa llama la atención de quien llega por primera vez, en cualquier lugar, sobre todo por la tarde, el termo ocupa su sitio entre el brazo y un lado de las costillas, mientras que la mano porta la calabaza con su bombilla o pajita de metal. El mate forma parte de la vida cotidiana de los uruguayos por la calle y en Montevideo, la gran rambla es ocupada cada jornada por quienes van a ver cómo el sol se oculta mientras comparten esta bebida que forma parte de la cultura del país. Tomarlo en Uruguay es un ritual que sorprende al visitante pues encuentra en cada rincón una ocasión para degustarlo y sentirse bienvenido.
La República Oriental del Uruguay
Uruguay tiene fronteras con Brasil y Argentina y costas en el Atlántico. Es el segundo país más pequeño del subcontinente, con 176.000 km2 y más de 3 millones de habitantes. Su título oficial se debe a que se encuentra al oriente del río Uruguay que le da nombre. Durante mucho tiempo del siglo pasado fue llamada la Suiza de América por sus avances sociales y económicos, y hoy en día sigue teniendo el mayor porcentaje de clase media en el continente, con más del 60% de la población. Es un país de terrenos llanos y paisajes tranquilos, que influye en el carácter cordial de su gente. Posee una ganadería desarrollada, lo que hace que la parrilla sea su comida icónica, y una cocina que bebe de raíces europeas, sobre todo italianas, con platos tradicionales como pizza, pastas, fainá y milanesas. Recorrer los principales destinos de la costa uruguaya, donde están los puntos más atractivos del país, puede ser un viaje de 15-20 días disfrutando de sus paisajes, ciudades, playas y gastronomía.
La capital relajante
Montevideo lidera desde hace años el ranking como la ciudad con mejor calidad de vida de América Latina, visitarla en el verano austral, entre diciembre y marzo, sorprende por su ambiente reposado. Se puede comenzar el recorrido de la Ciudad Vieja partiendo de la plaza de la Independencia donde se encuentran algunos edificios emblemáticos, como la que fuera la torre más alta de Sudamérica, el palacio Salvo, construido en 1928. Aquí también se sitúa la puerta de la Ciudadela y, a unos metros, el teatro Solís, el más antiguo de América del Sur. Durante la ruta pueden surgir inesperadas sorpresas, como ver grupos de personas en la plaza Fabini bailando tangos y milongas por la tarde. Una opción interesante es hacer un recorrido gastronómico por los mercados de la ciudad, comenzando por el imprescindible Mercado del Puerto. Allí hay que visitar el puesto de Empanadas Carolina, con sus más de 32 tipos. O recorrer sus restaurantes de parrilla a mediodía y elegir el más apetecible como Cabaña Verónica o Estancia del Puerto. Más exclusivo es el mercado Ferrando que cuenta con un amplio abanico de propuestas; en Baltazar, Vinos y Bocados, por ejemplo, se pueden degustar más de 80 referencias nacionales elaboradas con cepas como la tannat, variedad uruguaya por excelencia. Imprescindibles el Monte Vide Eu 2019, de Bodega Bouza, y el Balasto 2020, de Bodega Garzón, ambos vinos considerados entre los mejores del país según la Guía Descorchados 2022, referente de las elaboraciones del Cono Sur. La rambla es otro destino obligado. Con más de 20 km de longitud, es la más larga del mundo y une las playas que conforman la bahía de la capital. Es un lugar al que acuden los montevideanos a tomar el mate, correr o simplemente a ver la puesta de sol. Muy cerca, a la altura de la playa de Pocitos, está el castillo Pittamiglio, un curioso edificio de fachada estrecha cuyo dueño quiso simbolizar en su vivienda el viaje de la vida en forma de barco. Cerca se encuentra el parque Rodó, un espacio verde en el que además se sitúa el Museo de las Artes Escénicas. En Montevideo lo mejor es caminar, disfrutar sus distintas plazas, ver los grafitis que abundan y vivir la cotidianidad de la ciudad.
La costa uruguaya
El país cuenta con 672 kilómetros de costa, y en ella pueden disfrutarse playas amplias, parques naturales y balnearios de distintos estilos. Uno de los destinos por excelencia es Punta del Este, lugar de veraneo de famosos y celebrities, donde el nombre de sus dos playas hace honor al ímpetu de sus aguas; Mansa y Brava, en esta última se sitúa el símbolo de la zona, la escultura La Mano. Localidad con oferta para turismo de lujo desde donde, además, se pueden hacer excursiones a la Isla de los Lobos, la segunda mayor reserva de lobos marinos del país. Muy cerca, a 32 kilómetros, se encuentra José Ignacio, otro exclusivo destino de veraneo donde se sitúa el restaurante parador La Huella, puesto 16 de la lista de los Latin America’s 50 Best Restaurants, un precioso lugar en la playa donde se disfruta una carta basada en el producto, dirigido por la chef Vanessa González. Más allá, en el departamento vecino, Rocha, está Cabo Polonio, balneario situado dentro del parque nacional del mismo nombre. A diferencia de los altos edificios de Punta del Este, aquí las calles son de tierra y las casas, pequeñas y coloridas, contribuyen a su ambiente pintoresco. Es en este rincón donde se puede ver el llamativo espectáculo natural de las noctilucas; organismos bioluminiscentes que de noche brillan en el mar tiñendo de azul fluorescente su hipnótico vaivén.
Con poco más de 26.000 habitantes, Colonia del Sacramento es una ciudad pequeña y acogedora, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995. Por su estratégica ubicación geográfica, fue motivo de lucha entre colonizadores españoles y portugueses durante los s. XVI y XVII hasta que logró su independencia. La huella europea se refleja sobre todo en el casco histórico, con una arquitectura colonial y calles empedradas que se pueden recorrer en un día para disfrutar de la puerta de la ciudad, la calle de Los Suspiros, el faro, las ruinas del convento de San Francisco, la plaza de Armas y el bastión del Carmen. Colonia cuenta con una variedad gastronómica de alta calidad como el restaurante Charco –alojado en un precioso hotel boutique– que ofrece cocina mediterránea y una excelente terraza con vistas al Río de la Plata.
El carnaval más largo del mundo
Un elemento atractivo que ofrece este país y que muchos no conocen es su carnaval. Es el más largo del mundo, dura todo el mes de febrero, y comienza con el Desfile de Llamadas, donde comparsas de distintos barrios de la ciudad, sobre todo en Montevideo, en los barrios Sur y Palermo, salen a desfilar al ritmo del candombe, baile de origen africano declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Si se visita la ciudad en enero se puede ver un adelanto del carnaval con las Llamadas organizadas en la Isla de las Flores para ir calentando motores. Allí los turistas nacionales y extranjeros viven la música afrouruguaya, bailan, se sorprenden con el colorido y toman fotos mientras los locales disfrutan el buen rato, eso sí, siempre con su termo de mate.