Las sierras de Segura y de Cazorla forman un gigantesco macizo montañoso que sirve de barrera natural entre las tierras andaluzas de Jaén y Granada, y las castellanomanchegas de Albacete. Poco transitado por carreteras o caminos, contiene un formidable refugio de fauna en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, donde algunos de los ejemplares más valiosos de la fauna ibérica encuentran un paraíso natural. Es sencillo adentrarse en su territorio desde la cara oeste del macizo, la más verde y frondosa, incluso contemplar con pocas dificultades los animales en libertad. En esa cara occidental de las sierras, una hermosa carretera enlaza los pueblos de Segura de la Sierra y Cazorla, que son espléndidos miradores sobre las tierras llanas que se extienden a sus pies, cubiertas con millones de olivos que producen notables aceites, con prestigiosas denominaciones de origen como Sierra de Segura y Sierra de Cazorla. La personalidad remota y brava de estas sierras les debería conferir el estatus de montaña sagrada de Andalucía, en especial porque en ella nace el Guadalquivir, cuyas aguas brotan entre los altos picos para reunirse en la Cañada de las Fuentes dando origen al río, que salta con fuerza entre las peñas con una juventud y agilidad muy diferentes a la gravedad con que atraviesa Córdoba y Sevilla.
Los pueblos, colgados como nidos de águila, están llenos de carácter, con calles empinadas al pie de sus antiguos castillos, en los que se instalaron los cristianos tras conseguir empujar a los musulmanes al sur de Sierra Morena en el s. XIII, fortificándose en las peñas y construyendo hermosos templos y palacios que coincidían con los albores del Renacimiento.
Las formas de vida tradicionales y las leyendas acerca de los cazadores son parte fundamental del interés de este viaje a las esencias de Andalucía, cuya gastronomía se caracteriza por la presencia de las carnes de caza en los embutidos y en los menús de los restaurantes. El uso generoso del comino y la presencia de excelentes aceites de las variedades royal y picual, acompañan muchos platos locales, como los pimientos secos que llaman pajarillos, el rin-ran, un puré de patata, tomate y bacalao, la gachamiga, con harina y tocino, o los talarines (sic) y andrajos, suculenta suma de pasta casera y carne de conejo con hierbabuena, además de los guíscanos o níscalos en salsa y las truchas. Entre las carnes destacan el lomo de orza, y las de caza, jabalí, ciervo y venado, presentes en salchichas, en patés, y en suculentas preparaciones a la brasa o al horno. Cuentan con un cordero segureño de excelente calidad. Además de producir quesos artesanales de oveja y de cabra, elaboran repostería vinculada a las fiestas religiosas como el hornazo para la romería de la Virgen de la Cabeza en Cazorla, las rosquillas de San Blas en La Iruela, o los roscos de La Candelaria en Peal de Becerro.
Castillos e iglesias
Llegando desde el centro de la península se puede acceder por Beas de Segura, pueblo blanco, precioso, en un valle que los árabes llamaron del Paraíso, donde subsiste un olivo de quince metros de altura, el más grande del mundo, en un lugar por el que pasaron santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Desde allí, hay que subir a la sierra, a Orcera primero, en un paisaje magnífico, para llegar a Segura de la Sierra, un balcón urbano a más de mil metros de altura, donde nació el poeta Jorge Manrique. Las casas se extienden al pie de un imponente castillo de torres cúbicas cuya posición tan dominante evoca el s. XIII, cuando las tropas cristianas consolidaron su avance frente a los musulmanes con una línea de castillos al sur de Sierra Morena. En Segura hay presencia tardía del románico en los orígenes de la iglesia de Nuestra Señora del Collado, aunque el esplendor de la zona fue renacentista, como muestra la fachada plateresca de la Casa Consistorial.
En el camino a Cazorla se encuentra el precioso pueblo de Hornos y se bordea el largo pantano del Tranco de Beas, que remansa las aguas del Guadalquivir. Cazorla es capital de la zona, con su caserío extendido al pie de los castillos de la Yedra y de las Cinco Esquinas. También fue conquistada en el siglo XIII. El arzobispo de Toledo situó allí un Adelantamiento y llenó la población de monasterios, iglesias y palacios renacentistas. Todavía impresionan las gigantescas ruinas de la iglesia Mayor de Santa María, obra de Andrés de Vandelvira, un genio que sembró de templos maravillosos la provincia de Jaén, y que construyó el de Cazorla sobre el río Cerezuelo, que corre soterrado bajo sus cimientos, en un espectacular trayecto que se puede recorrer a pie.
La belleza de Cazorla ha sido reconocida como valioso conjunto histórico artístico, con sus plazas siempre animadas, a las que llegan calles caprichosas que suben y bajan muy inclinadas, creando perspectivas insólitas, cerradas por las laderas de la montaña o perdiéndose en el cielo. Paseando por Cazorla se percibe un poderoso cordón umbilical que une el Parque Natural con la población, que se convierte en su escaparate abierto a la llanura.
La relación del monte con la gente de Cazorla está presente en sus tiendas. Se ven armerías para los cazadores, venta de reclamos para perdices, guarnicioneros, ferreterías y bazares con aperos para el campo, además de la rica oferta gastronómica en tiendas que venden patés y embutidos, mientras los bares y hoteles ofrecen preparaciones de platos de caza.
En el pueblo de Quesada, a 25 minutos de Cazorla, hay un interesante museo dedicado al pintor Rafael Zabaleta, natural de la localidad, cuya obra se expone en dos grandes salas con un centenar de cuadros de temática local. Cuenta también con obras de sus amigos, de Picasso, Miró o Canogar, en una institución que combina su contenido con la memoria de Miguel Hernández, cuya esposa, Josefina Manresa, nació en Quesada.
Esplendor natural
El formidable espacio natural del Parque de Cazorla, Segura y Las Villas, que antes sólo conocían bien ingenieros de montes y cazadores, está ahora abierto a los amantes de la naturaleza y del turismo activo. El conjunto abarca más de 200.000 hectáreas con protección absoluta. Es el mayor espacio natural protegido de España y el segundo de Europa, con grandes bosques de encinas, pinos, sabinas, quejigos y robles. Y muchísimos animales, desde las especies de caza mayor, ciervo, jabalí, cabra montesa, muflón y gamo, a mamíferos predadores como el zorro, la gineta y la garduña. En el cielo se pueden ver buitres leonados, águilas reales y alimoches. El Centro de Visitantes de la To-rre del Vinagre es imprescindible para la comprensión del espacio natural, con cerca de 500 km de rutas senderistas, que conducen a lugares tan bellos como el nacimiento del río Borosa, en un ambiente de esplendor especialmente atractivo en otoño, durante el tiempo de berrea, cuando es posible observar las luchas de los ciervos macho para aparearse con las hembras, y escuchar en el bosque sus bramidos y el choque de las cornamentas.