Cork tuvo sus comienzos en un islote del río Lee, cerca de su desembocadura. La ciudad vieja va seduciendo a los viajeros según recorren su perímetro y se encuentran con imponentes edificios como la catedral protestante de estilo neogótico, que junto a la torre de la iglesia de St.
Anne’s Anglican, abren paso al entorno victoriano, aunque se trata de una ciudad joven, universitaria, con numerosas galerías de arte, museos, pubs con música en directo, y una excelente muestra de restaurantes con una gran variedad gastronómica.
El mercado inglés
A la hora del almuerzo es muy interesante acercarse hasta el English Market, un mercado del siglo XVIII, lleno de colorido, con mucho sabor y con los mejores productos de la región, como los quesos artesanos, los pescados ahumados de Frank Hederman, o la carnicería de Bresnans Victuallers, especialista en carnes de cordero, ternera y cerdo.
Siguiendo la moda gourmet, el mercado ha sido renovado y permite degustar la gastronomía de la zona en puestos como el The Farmgate Café, ubicado en el primer piso, sobre un balcón con vistas a los coloridos puestos. Aquí se pueden comer productos frescos y de calidad, como los utilizados para un básico de la cocina irlandesa, el Colcannon, un puré de patata con col y cebolla tierna, o el plato típico de Cork, Tripe and Drisheen, una riquísima morcilla con nata y mantequilla cuya receta tiene más de cinco siglos de antigüedad.
Los pubs irlandeses
Si hay algo que define la idiosincrasia irlandesa es su relación con los pubs. Varios cientos se reparten por esta zona de la Ruta Atlántica, sirviendo de trama al tejido social y cultural. Como dijo el gran escritor irlandés, Flann O’Brien, los pubs son “el lugar de culto patentado”.
Y no le faltaba razón: a los pubs se va a beber, pero también a discutir, hablar, relajarse, comer, observar y ¡cómo no!, a escuchar música en los “singing pubs”, donde músicos aficionados y cantantes de baladas se entregan día tras día a la música tradicional, como antaño hicieron artistas de renombre –los Chieftains, Dubliners, o Clannad–. Y sí, a los pubs se va a beber, sobre todo cerveza.
Para un irlandés, la cerveza no solo es parte de su cultura –se dice que el pub más antiguo de Irlanda tiene ocho siglos–, sino que ha institucionalizado la cerveza negra de Guinness como parte de sus señas de identidad. En el pub, The Corner House es posible disfrutar de todo ello con una pinta de Murphy’s, la cerveza por excelencia de Cork.
El salvaje Atlántico
El litoral de la Ruta Costera del Atlántico, Wild Atlantic Way ofrece una de las imágenes más llamativas de los acantilados y se adorna con pintorescos pueblos pesqueros, en los que parece que el tiempo haya quedado detenido en sus recoletos puertos donde los viejos marinos sentados al sol, comentan sus hazañas pesqueras.
En pueblos como Glandore o Baltimore, habrá que degustar platos de pescado ahumado y marisco, y Ballinascarty, lugar de nacimiento de los antepasados de Henry Ford –un monumento al primer coche de su creación lo recuerda–. Así, la tecnología y la magia están a un paso, en el círculo de piedras de Dromberg, un cúmulo megalítico de la Edad de Bronce compuesto por 17 menhires, que destacan sobre una verde ladera que cae hacia el mar.
Un jardín emblemático
La bahía de Bantry recibe su nombre de la población homónima, un encantador pueblo costero con su atractivo puerto y sus casitas pintadas de diferentes colores, que es famoso por sus restaurantes de pescado y marisco, y el excelente mercado que se celebra los viernes.
Muy cerca se encuentra la antigua residencia Bantry House con jardines de estilo italiano, donde ahora viven los herederos de la familia White, que lo adquirió en 1739.
Existe la posibilidad de hacer una visita guiada para conocer un poco la historia de la familia y disfrutar de los estupendos jardines desde los que se obtiene unas espectaculares vistas de la bahía. En barco se llega hasta la isla de Garnish, un exuberante vergel, donde se encuentran los extraordinarios jardines de Ilnacullin.
El anillo de Kerry
Ya lo dijo Pedro el Grande, Zar de todas las Rusias: “De todos los vinos, el mejor es el irlandés”, refiriéndose al “Irish whiskey”, elixir bendecido por los dioses, porque fueron unos monjes irlandeses, a su vuelta de Tierra Santa, quienes, parece ser, inventaron los secretos de su destilación.
Lo bautizaron con el nombre de “uisce beatha” –agua de vida en gaélico–, un brebaje de agua y cebada que se transformó en whiskey popularizándose en Irlanda con diversas marcas como Connemara, Jameson, Tullamore, etc. La mejor forma de apreciar su sabor es tomándolo a temperatura ambiente, solo o rebajado con un poco de agua, y si el frío arrecia, se puede pedir un Irish Coffee, la popular mezcla de whiskey, café y nata, u otra bebida también muy conocida, Bailey’s, crema de whiskey.
La península de Iveragh, se encuentra en el condado de Kerry. Ofrece uno de los destinos más turísticos, el llamado Anillo de Kerry. Un circuito panorámico, que bordea una costa recortada y sinuosa hasta el infinito. El punto de partida es Kenmare, cuya calle principal está repleta de tiendas, galerías y restaurantes, en los que degustar lo más característico de su gastronomía.
Placer de carnívoros
Si hay algo que caracteriza a la cocina irlandesa es la gran calidad de sus productos, tanto verduras como carnes y pescados. El día comienza con el potente desayuno inglés, el budín negro “black pudding”, con bacón y huevos.
Como corresponde al país ganadero que es, el buey y sobre todo el cordero, siempre criados en grandes praderas con hierba verde, son muy sabrosos. Las chuletas de cordero a la menta son un plato exquisito, pero el plato nacional más conocido es el estofado irlandés “irish stew”, que se preparaba antiguamente con cabra o cabrito, pues ningún campesino estaba dispuesto a sacrificar a sus corderos.
Hoy se hace con cordero, cebollas, y patatas –uno de los ingredientes más comunes en su cocina–. El resultado es un excelente guiso espeso y cremoso, que se acompaña con el pan moreno “brown bread”.
Killarney es una ciudad muy turística y famosa gracias al Parque Nacional de su mismo nombre. Recorrerlo en un coche de caballos, para así admirar tranquilamente este escenario victoriano con el Castillo de Ross, uno de los iconos de la ciudad, es una excelente opción.
La Guerra de las Galaxias
La ruta del Anillo de Kerry sigue serpenteando por playas prístinas, montañas y lagos de gran belleza. El pueblo de Waterville es conocido por ser uno de los lugares donde se pescan la “Brown Trout” (trucha marrón) y el salmón. Pero, además, porque fue el lugar escogido por el gran Charles Chaplin para pasar sus vacaciones. Chaplin estuvo hospedado en el Hotel Butler Arms, considerado uno de los mejores de Irlanda. El paseo marítimo, junto al hotel, merece un paseo a la puesta del sol. En él, una estatua de bronce en honor del gran actor de cine mudo, recuerda su paso por este lugar.
Desde Portmagee hay que acercarse a la isla de Skellig Michael escenario de los rodajes de las dos últimas películas de la Guerra de las Galaxias. Una empinada cuesta, –con más de 600 resbaladizos escalones–, ofrece, eso sí, unas vistas espectaculares si no hay niebla; este camino conduce al monasterio más remoto de Irlanda que es Patrimonio Mundial de la Unesco. Después de tanto esfuerzo físico se puede reponer fuerzas en el restaurante Bridge Bar at the Moorings, donde su dueño Gerard, un experto en Star Wars, contará historias sobre el lugar y la película.