Hong Kong se convirtió desde 1997 en región administrativa de China tras ser durante más de un siglo colonia británica fruto del Tratado de Nan King, al finalizar la Primera Guerra del Opio en 1841 este pequeño puerto pasó a depender del Reino Unido, proporcionándoles una puerta de entrada al fabu-loso mercado chino. Ciento cincuenta y seis años después ha pasado a manos de China, pero en condiciones muy especiales; durante 50 años se mantendrá el sistema capitalista en un país que formalmente aún es comunista. Está por ver que ocurrirá en 2047. La vida en Hong Kong es rápida y electrizante, con más de siete millones de ciudadanos y otros tantos millones de coches, moviéndose entre rascacielos que superan los 400 metros de altura, pero es igualmente cierto que la tradición está muy presente en sus templos budistas, y también en sus calles, donde sobre todo a primera hora del día mucha gente practica artes marciales, solos o en grupo, cultivando el cuerpo y la mente. Resulta emocionante observar cómo personas de todas las edades practican taichí, pero también katas de kungfú con espadas. El ambiente invita a emular a los hongkoneses ejercitándose por la mañana y tomando después un congee, desayuno clásico que consiste en una papilla de arroz blanco que se sirve normalmente combinada con bolas de pescado o incluso panceta. Los vegetarianos le añaden cebolleta y jengibre.
Un skyline de ensueño
Está ciudad es conocida en todo el mundo por su impresionante skyline, configurado por algunos de los rascacielos más altos del planeta. Veinte de ellos superan los doscientos metros de altura, y concentran los bancos, las aseguradoras y las multinacionales que han convertido Hong Kong en uno de los grandes centros financieros de Asia. La bolsa de Hong Kong es la segunda más importante de este continente, detrás de la de Tokio. El rascacielos Two International Financial Center, con 412 m de altura obra del italiano Cesare Pelli, domina la ciudad, desde la planta 55, de libre visita, la vista es espectacular, sólo superada por el edificio International Commerce Centre de 484 m. Otro coloso, de 367 m, es el estético Bank of China Tower, con mirador de libre acceso al público en la planta 44 para contemplar todo el distrito central. Pero si se desea una vista de conjunto, hay que ascender hasta el punto más alto de la ciudad; Victoria Peak, el mejor lugar para hacerse una idea de la grandiosidad de Hong Kong, donde además se puede comer en The Peak Lookout restaurant, con una excelente cocina asiática e internacional. Muy recomendable el tandoori de cordero y las verduras tailandesas con curry verde.
Be water
Al viajero le sorprenderá la perfecta fusión entre oriente y occidente que encontrará en sus calles, fruto de la pasada presencia británica. Por ejemplo, rascacielos de diseño futurista construidos con andamios de bambú, o templos budistas a pocos pasos de centros comerciales con trazos visionarios. Un espíritu captado perfectamente por una de las frases más célebres de Bruce Lee, nacido en San Francisco pero muy liga-do a Hong Kong, lugar de procedencia de sus padres y donde se instaló desde muy pequeño. “Be water” (sé agua) decía el actor haciendo alusión a la facilidad que tiene un fluido de adaptarse a cualquier modificación. Y esa idea parecen poner cada día en práctica los hongkoneses ante la constante evolución de una sociedad ultra moderna, con un ritmo de vida asfixiante, pero sin perder de vista sus ancestros. El templo budista Man Mo es el santuario más grande de Hong Kong, se desconoce con certeza la fecha exacta de su construcción, aunque se estima que fue en 1841. En él se congregan los creyentes para rezar, y seguir sus costumbres milenarias. En su exterior hay un horno donde queman billetes como ofrenda en honor a Buda, para que les conceda favores. En el interior, cuelgan de todo el techo numerosas espirales de incienso con forma piramidal, de las que emana el humo que dota al lugar de un olor y una atmosfera especiales. A su vez, en la misma estancia, los creyentes colocan en cuencos ofrendas y rezan. Todo el conjunto recrea una escena mística difícil de superar, que rezuma una paz majestuosa. Durante los días más señalados del calendario sagrado budista los fieles llevan cerdos asados como ofrendas. A unos 500 m está el mítico restaurante Yung Kee, que desde 1942 brinda la mejor cocina clásica cantonesa de la ciudad, conectando los sabores del pasado con el presente.
De compras
Uno de los grandes atractivos que ofrece esta ciudad son sus tradicionales mercados callejeros. Hong Kong es la meca de los compradores. Acudir al mercado nocturno de la calle Temple es una de las experiencias más auténticas. Regatear es lo más normal en este lugar; es fácil conseguir una rebaja de entre un 20 y un 40% del precio inicial, en función de la habilidad del comprador, éste es además uno de los mejores lugares de la ciudad para degustar la cocina tradicional local. Mariscos, arroz claypot, fi-deos, tortillas de ostras y sopas variadas, son algunas de las delicias que ofrecen las terrazas que salen al paso caminando entre tenderetes. El mercado Ladies, en Kowloon, es otro de los más populares entre los viajeros. Ambos mercados repletos de las mejores copias de relojes y bolsos de marcas exclusivas, junto a todo tipo de souvenirs. Una de las calles comerciales más concurridas de Hong Kong es Nathan Road, que se ha convertido en todo un atractivo turístico, que va de norte a sur desde la zona de Tsim Shan Tsui hasta la de Mong Kok. Es la cara más bulliciosa de esta urbe, donde se concentra un gran número de turistas, de hecho, es el lugar con más hoteles y hostales a buen precio de toda la ciudad. Nathan Road y sus calles adyacentes son de paseo obligado, en ellas se encuentran todo tipo de tiendas, preferentemente las dedicadas a la electrónica y al audio-visual. Este área alberga muy buenos restaurantes, como The Point Tsuen Wan o el Ru Chinese Restaurant, donde deleitarse con recetas excelentes de la cocina hongkonesa, fundamentada en sabores cantoneses, y dotada con toques de la cocina occidental, vietnamita y coreana. Imprescindibles los dim sum o el ganso asado. Y de postre, una torta de luna es el broche perfecto a una excelente comida. Hay muchas maneras de despedirse de esta preciosa ciudad, pero pocas tan fascinantes como visitar la Avenida de las Estrellas al atardecer. Es un am-plio paseo peatonal que rinde culto a las estrellas cinematográficas locales, donde destaca una bella escultura que reproduce la figura de Bruce Lee en posición de combate. Este emplazamiento, además de proporcionar una puesta de sol maravillosa sobre la bahía de Kowloon, es la mejor opción para gozar del espectáculo de luces diario que tiene lugar al caer la noche; el Symphony of Lights. Todo el skyline de Hong Kong se ilumina con luces de colores danzando al ritmo de la música que suena en la Avenida de las Estrellas.