Lo primero que escuchas nada más poner los pies en el Aeropuerto Internacional de Nadi es “Bula” la abreviatura de “Ni sa bula vinaka”, que significa “te deseo felicidad y buena salud”. Y es que la felicidad es algo muy importante para sus habitantes que año tras año encabezan el ranking de los países con un mayor índice de este abstracto sentimiento, incluso los policías que patrullan por la ciudad ataviados con flores detrás de la oreja e impolutas faldas blancas llamadas sulus, utilizadas indistintamente por hombres y mujeres, nunca dejan de sonreír.
Recibimiento relajante
En Fiyi todo recibimiento se realiza mediante un protocolo ancestral muy estricto llamado kava, bebida que antiguamente se compartía en ocasiones especiales y que en la actualidad se ha extendido a todo tipo de reuniones sociales. Se elabora con la raíz de la planta homónima, después de secarla al sol, y posteriormente protegerla con un paño para sumergirla en agua. Con un aspecto semejante al café, pero un sabor más cercano al de algunos tés, al ser ligeramente narcótica, produce un efecto relajante. Quien la prepara se encarga de llenar el cuenco de coco y hacerlo circular entre todos los participantes, tradicionalmente el primero en tomarla es el más anciano o el invitado, y al recibir el bol se aplaude una vez en señal de aceptación y tres veces más al devolverlo. Los ritos de hospitalidad están presentes en toda la isla, con suerte se puede presenciar el meke, baile tradicional interpretado durante acontecimientos especiales como nacimientos, muertes, matrimonios o incluso para celebrar un intercambio de propiedades. Las representaciones se basan en fuertes tradiciones orales transmitidas durante generaciones, a través de danzas al son de ukeleles, tubos de bambú y un tambor de madera llamado lali. Los hombres bailan de manera vigorosa y contundente mientras que las mujeres lo hacen con movimientos más sensuales y acompasados.
Tierra, mar y aire
Viti Levu se erige como la principal isla de las 333 que conforman el archipiélago, tanto en tamaño como en importancia. Ya sea en avión, helicóptero, hidroavión o barco, desde aquí parten la mayoría de los transportes para llegar a las diferentes islas. Cualquier opción es buena, sin embargo, sobrevolar los atolones ya representa en sí una experiencia única, el paisaje a vista de pájaro es simplemente único. Viti Levu se puede recorrer en coche por la ruta escénica de la carretera Queen’s Road en un viaje de unas 3 horas, que une Lautoka con Suva, la capital, por la costa sur, pasando por Nadi. Una buena parada es el Jardín del Gigante Durmiente, un santuario botánico de orquídeas con aroma a vainilla y estanques de nenúfares tipo Zen. La carretera serpentea la costa, repleta de exuberante vegetación, casas, poblados, tiendas y solitarias playas. En este recorrido abundan las visitas guiadas al interior. Al llegar a Suva, no hay que perderse el mercado municipal, una explosión de colores, olores, sabores y culturas que recoge la historia reciente de la nación.
Dos etnias, un país
El archipiélago, situado en medio del océano Pacífico, es uno de los países del mundo donde primero amanece, también es el que más contraste étnico presenta con respecto a sus vecinos. El hecho de haber sido una colonia británica hasta 1970 propició la emigración de mano de obra procedente de la India para trabajar en los campos de caña, por este motivo, en la actualidad, los fiyianos de origen indio representan el 40% de la población, en su mayoría hindúes, frente a los nativos que son cristianos. Estas diferencias tanto religiosas como étnicas, han provocado varios golpes de estado desde que en 1987 se promulgó la República, y tras algunos años convulsos que el país supo sabiamente dejar atrás con la nueva Constitución de 2012 otorgando igualdad de derechos a todos los fiyianos, el archipiélago se ha convertido en un destino seguro acumulando cada año cifras crecientes en lo que a turismo se refiere.
Coco y curry
La mezcla de culturas, muy evidente en el aspecto físico, también lo es en la gastronomía. Al tratarse de un archipiélago, como no podía ser de otra manera, la base es el pescado y algunos tubérculos autóctonos o importados, como el dalo, el ñame, o la casava, todo ello bañado con leche de coco y acompañado de arroz. La carne de cerdo está reservada para las ocasiones especiales, así como la manera ancestral de cocinarla utilizando el Lovo, una especie de horno hecho bajo tierra en cuyo interior se enciende un fuego con cortezas de coco y ramas que se cubre con piedras sobre las cuales se coloca la comida envuelta en hojas de plátano. Los platos más afamados son el Kokoda, trozos de pescado Mahi mahi, o dorado, un pez de aguas tibias, de carne blanca y firme algo más dulce de lo habitual, marinados con crema de coco, y el Alu Bhindi, plato de verduras al curry, donde los protagonistas son la okra, una especie de pimiento verde pequeño, y las patatas. Toda esta gastronomía se puede disfrutar en varios restaurantes de las dos principales urbes, Suva y Nadi, junto a cantidad de locales que ofrecen mariscos, parrillas y cocina oriental de distintos países. Todavía no han conseguido exportar sus recetas de la misma manera que lo han hecho con el agua, un lujo exótico que recorre miles y miles de kilómetros para llegar a los consumidores más sibaritas en 60 países alrededor del mundo lo que representa el 11% del total de exportaciones del país. En Estados Unidos, se ha convertido en el agua más exclusiva, dejando atrás otras conocidas marcas, a pesar de que su precio triplica el habitual.
Paraísos flotantes
Destacan las Islas Mamanucas al oeste de Nadi, a las que se puede llegar haciendo una parada en el restaurante flotante Cloud 9, un lugar de ensueño ubicado sobre la protección del arrecife de coral, con dos pisos y diversos espacios en los que relajarse. Cocinan deliciosa pasta italiana y refrescantes cócteles amenizados por DJ’s y es el prólogo perfecto al otro paraíso flotante de esta ruta, el Likuliku Lagoon Resort, único hotel sobre el mar de Fiyi ubicado en la Isla de Malolo, donde disfrutar de una refinada relajación, un placer solo para adultos. Se trata de uno de los hoteles más emblemático de las islas, siendo el primero que ofreció bures –villas tradicionales fiyianas– sobre el agua, un concepto mucho más habitual en la Polinesia Francesa. Su nombre, Liku-liku, que significa “aguas tranquilas” en fiyiano, es fácilmente reconocible. Hasta aquí se puede llegar en barco o por aire pues dispone de su propio helipuerto. En sus construcciones predominan las maderas nobles y la arquitectura tradicional fiyiana creando un ambiente de paz y sosiego en cada rincón para clientes que buscan un destino tranquilo y selecto. El Chef Shane Watson muestra su creatividad cambiando diariamente los menús degustación para comidas y cenas, que pueden ser disfrutados en el comedor, o en pequeñas terrazas junto a la playa.
Con niños
Para los que viajan con niños, lo mejor es instalarse en Malolo Island Resort. Está ubicado en la isla que le da nombre, la mayor de las Mamanucas, a menos de una hora del puerto de Nadi. Se trata de un íntimo resort de estilo tradicional cerca de la playa privada desde donde se puede disfrutar de los incomparables atardeceres fiyianos. El establecimiento cuenta con dos piscinas al aire libre además de una piscina infantil. Si bien es un resort familiar, también se han puesto los medios para poder conciliar la incansable actividad de los niños con el disfrute de la paz de los Mares del Sur que esperan los adultos. Sus villas, que presentan una ambientación mediterránea, con predominio del color blanco y grandes ventanales, pueden alojar cómodamente desde 2 hasta 7 personas. El establecimiento también se encarga de la cría y reintroducción en el hábitat de la Iguana crestada de Fiyi, especie endémica en gravísimo peligro de extinción. Desde el resort también es posible visitar las comunidades locales de Solevu y Yaro o la isla de Monuriki en la que todavía están escritas las palabras “Help me” con las que Tom Hanks esperaba junto a su balón Wilson ser rescatado en la película Náufrago.