Viaje Boston-Washington

Camino de la libertad

A cuatro horas de Nueva York en direcciones contrarias, Boston y Washington ofrecen dos personalidades diferentes en la costa este norteamericana unidas por un Freedom Trail. Ambas comparten una alta calidad de vida y su pasión por el pescado y el marisco del Atlántico.

Foto: Enrique Domínguez Uceta
Foto: Enrique Domínguez Uceta

Por Enrique Domínguez Uceta

Publicación Revista: 01/07/2012

Revista nº: 435-436

Publicación Web: 21/01/2016

Si se conduce desde Nueva York hacia el noreste, hasta Boston, se recorre durante cuatro horas una zona del país donde la belleza natural de sus bosques se une a un alto bienestar y una forma de vida relajada. Es la costa en que se asentaron los colonos puritanos llegados desde Inglaterra, en Plymouth y en Boston, depositarios de las tradiciones fundacionales de los Estados Unidos de América, en las que coinciden religiosidad, esfuerzo, rectitud y el amor por el dinero.

Aquellos primeros Peregrinos Patriarcas procedentes de Inglaterra llegaron en 1630 y se instalaron en una península sobre la desembocadura del río Charles. Boston ocupa la orilla sur y Cambridge la ribera norte, que forman una misma conurbación. El puerto está en Boston, y en Cambridge las prestigiosas universidades, entre ellas la de Harvard, que son un semillero de premios Nobel, economistas, médicos, investigadores, intelectuales y políticos, entre los que destaca la familia Kennedy.

Boston es la más europea de las ciudades de Estados Unidos, donde la gente camina confiada por barrios con encanto como Beacon Hill, con calles estrechas empedradas, entre viejas residencias de aire británico con jardines. Los peatones llenan también el barrio de Back Bay y su plaza central, Copley Square, donde Trinity Church, un bello templo neorrománico del XIX, comparte espacio con la alta torre Hancock y la espectacular  biblioteca pública neorrenacentista de 1895. 

Un sendero de ladrillos rojos recorre las aceras de Boston marcando una ruta, el Freedom Trail, camino de la libertad que enlaza los principales edificios históricos del tiempo de la Independencia. Se inicia en Boston Commons, el parque público más antiguo en USA, y lleva a Old State House, a la Massachusetts State House, a Faneuil Hall, y a la casa del patriota Paul Revere. Es un paseo que se pauta con lugares singulares como el bar que inspiró la serie de televisión Cheers, o el Quincy Market junto a los muelles, con mercados al aire libre para productos de las granjas cercanas, tiendas de regalos y restaurantes.

La costa de Boston es poco profunda, de fondos arenosos, que forma un descomunal criadero natural de exquisitas langostas, mariscos y ostras deliciosas cuyo consumo se ha convertido en una seña de identidad bostoniana. El Union Oyster House ofrece una barra de ostras deliciosas en el restaurante más antiguo en activo en Norteamérica, donde al presidente Keneddy le gustaba tomar la sopa de almejas en el booth 18, su rincón favorito.

Con el marisco como protagonista, la gastronomía de Boston cuenta con locales especializados como los Summer Shack que dirige el chef Jasper White con excelentes langostas enteras, almejas fritas y ostras crudas. En Blue Ginger, el cocinero Tsai Ming aporta un toque oriental a los productos de la costa de Massachusetts. Mientras que en The Fireplace se especializan en cocina de Nueva Inglaterra, preparando ahumados con madera y trabajando las carnes de mayor calidad en el grill. 

La ciudad cuenta con museos extraordinarios, como el Museum of Fine Arts, con obras impresionistas francesas y arte moderno de Estados Unidos, y el Institute of Contemporary Art en un edificio vanguardista sobre el puerto. Los 250.000 estudiantes de la zona generan un ambiente informal, lúdico, y animan la noche de Boston. Frente a la solemnidad de selectos clubes privados como Algonquin, se ofrece la mayor concentración de pubs, bares y discotecas en la céntrica Landsdowne Street.

Los bostonianos comparten la veneración por los pioneros con el respeto a los aborígenes americanos que vivían en la zona cuando aquellos llegaron. En el puerto de Plymouth, a 45 minutos por carretera, se guarda el recuerdo de ambos en la Plimoth Plantation, donde se reproduce un poblado de indios Wampanoag y el primer asentamiento británico, junto a una réplica del Mayflower, la nave en que llegaron en 1620. 

Siguiendo la costa hacia el sur se llega a la larga lengua de arena que conduce hasta Cape Cod, con paisajes magníficos escogidos por las poderosas familias de Boston para sus veraneos. Un ferry cruza en 45 minutos desde Woods Hole hasta Martha’s Vineyard, una isla de rara belleza y armonía, donde murió J. F. Kennedy Junior y su esposa en un accidente de avioneta en 1999.

Fue escenario de la película Tiburón, de Spielberg, y es refugio exquisito de estrellas de cine, políticos y artistas. De los muelles de Boston parten cruceros que recorren el puerto, y barcos que van al encuentro de las ballenas que visitan la costa entre mayo y octubre. Las largas playas y los hermosos bosques alcanzan su máxima belleza durante los días soleados del otoño, cuando los árboles tiñen sus hojas de vivos colores amarillos, pardos y rojizos.

El otro lado de la ruta

Washington se encuentra a cuatro horas conduciendo al suroeste de Nueva York, y comparte con Boston alguno de los aspectos más gratos del viaje. También se sitúa a orillas de un río descomunal, el Potomac. Cuenta con un barrio antiguo lleno de encanto y de viviendas anglosajonas de escala humana en el distrito de Georgetown. 

En él se guarda la historia de una ciudad surgida como puerto tabaquero, mucho antes de que se creara la capital del país, donde los jesuitas fundaron la prestigiosa universidad en la que estudió Bill Clinton. 

Washington fue diseñada sobre un tablero de dibujo para convertirse en emblema de los Estados Unidos recién nacidos. Pierre L’Enfant recibió el encargo en 1789, y en 1800 el gobierno se instaló en Washington.

El urbanista concibió un gran parque-avenida de tres kilómetros con el Capitolio en un extremo. En el centro se encuentra el obelisco del Washington Monument, reflejándose en las aguas de Reflecting Pool que lleva hasta el Lincoln Memorial en el extremo opuesto. 

Ese descomunal espacio público se acompaña con edificios majestuosos, ocupados por una colección de museos extraordinarios gestionados por la Smithsonian Institution. La National Gallery atesora una colección de pintura abrumadora, el Museo del Aire y del Espacio la historia de las naves espaciales, y en la sala de los dinosaurios del Museo de Historia Natural, los esqueletos fósiles cobran vida.

El centro monumental aparece lleno de gente jugando sobre el césped, haciendo footing, o divirtiéndose en las calles próximas del antiguo Downtown y del Penn Quarter, el corazón de la ciudad, entre el Capitolio y la Casa Blanca. 

El barrio más selecto, animado y divertido es Georgetown, el núcleo urbano anterior a la existencia del Washington moderno, donde la ciudad encuentra un escenario de mayor encanto, con canales y esclusas, viejas casas, y almacenes.

A lo largo de M Street se acumulan bares acogedores, restaurantes íntimos y centros gastronómicos como Market House, que acogen a una clientela cosmopolita y bulliciosa que busca un estilo de fusión. En el 3236 de M Street se encuentra Clyde’s, un restaurante de carácter, célebre por su happy hour. 

Rica gastronomía

El puerto de Washington se encuentra también en Georgetown, donde se toman los barcos para realizar cruceros por el río Potomac. La cercana bahía de Chesapeake proporciona un marisco excelente, en especial las ostras y los típicos cangrejos azules al vapor, la langosta, las navajas, las almejas, los mejillones y el pulpo. El mejor sitio para conocer la oferta en la capital es el Chesapeake Bay’s Finest Fresh Fish Daily, a orillas del río, donde se pueden degustar las ostras o los camarones cocidos al vapor con la sabrosa salsa Old Bay creada para ellos. Es típica la sopa de cangrejo al estilo de Maryland, con galletas saladas. 

Washington ofrece cocinas de todo el país como la sureña criolla de B. Smith’s, la de Aquarelle, la del selecto Nora’s, o la de Vidalia. Y posee un envidiable repertorio internacional, con carnes brasileñas en Fogo de Chao, india en Bombay Club, china en el popular City Lights of China,  y todo tipo de cocinas orientales. La capital muestra un creciente interés por la buena comida y los vinos al estilo europeo. Citronelle (3.000 M St) es un clásico de la cocina francesa, y Galileo (1.110 21th St) de la restauración italiana. 

La gastronomía mediterránea es cada vez es más influyente, gracias a personajes como nuestro asturiano José Andrés, que conquistó Washington desde su Jaleo, un restaurante de tapas y vinos españoles, al que se han ido uniendo Zaytinya, con cocina del Mediterráneo oriental, y Oyamel de cocina mexicana. El más reciente es Minibar, con capacidad para sólo seis comensales, que degustan platos experimentales y exquisitos. José Andrés cocina en ocasiones para la Casa Blanca y apoya a Michelle Obama en su campaña Let’s Move contra la obesidad infantil.

Cruzando el río Potomac se entra en el estado de Virginia, donde merece una visita el cementerio de Arlington, con extensas praderas cubiertas por las cruces de soldados americanos muertos en guerras exteriores. Las sobrias sepulturas de J. F. Kennedy y de Jacqueline Onassis son los hitos mediáticos de un mar de cruces anónimas. 

Más alegre es la antigua ciudad de Alexandria, con su ambiente añejo de calles arboladas, la animación en torno a Market Square, y sus restaurantes, con visita obligada a la elegante Gadsby’s Tavern, restaurante y hotel desde el siglo XVIII. 

En Mount Vernon se visita la granja que fue residencia de George Washington durante 45 años, cerrando así el recorrido por una historia que convirtió a los campesinos en soldados y políticos para crear una nación que ha hecho de la idea de la libertad su bandera.

Guía práctica

Cómo llegar

Iberia (iberia.com) vuela directamente cada día desde Madrid a Washington (desde 729 € i/v), a Boston (desde 699 € i/v) y a Nueva York (desde 699 € i/v). Alquiler de coches por internet con Car Del Mar.

Dónde comer

Boston

Union Oyster House

El restaurante en activo más antiguo del país ocupa un edificio histórico del Freedom Trail. Especializado en ostras, pescados, mariscos y platos de Nueva Inglaterra en un ambiente lleno de carácter.

The Fireplace

Brookline

Rica cocina de Nueva Inglaterra preparada por Jim Solomon, que se centra en los ahumados con madera y la preparación de carnes al grill y barbacoa con productos frescos.

Nora’s

Una dirección de sólida reputación gastronómica con cocina moderna norteamericana.

Island Creek Oyster Company

Alta calidad en la elaboración gastronómica de los excelentes pescados y mariscos locales.

Top of the Hub

La planta alta de Prudential Tower ofrece la mejor vista aérea de la ciudad. Cocina de Nueva Inglaterra y contemporánea de elevada calidad con valioso menú degustación.

Washington

Minibar by José Andrés

Cocina creativa, experimental y exquisita de inspiración mediterránea. Imprescindible reservar con mucha antelación.

Kinkead’s

Una de las marisquerías más populares y concurridas por la calidad de sus productos.

Old Ebbit Grill

Una buena dirección para degustar cocina americana, pescados, mariscos y buenas carnes con pasta.

Dónde dormir

Boston

Hotel Sheraton Boston

Moderno, confortable y bien situado, cerca de Copley Square. Habitación doble 207 €.

Four Seasons Hotel Boston

El mejor hotel de Boston situado en la zona de teatros, con spa, piscina cubierta y todo tipo de servicios. Habitación doble desde 473 €.

Hotel Commonwealth

Céntrico, lujoso y con excelente relación calidad-precio, con un bar de ostras. Habitación doble desde 206 €.

Washington

The Melrose Hotel

A 10 minutos de la Casa Blanca, hotel de elevada calidad con servicio impecable y magníficas instalaciones. Habitación doble desde 146 €.

Willard Inter-Continental Hotel

Céntrico, en el Penn Quarter, hotel de lujo con historia, junto a la Casa Blanca, en pleno Penn Quarter. Habitación doble 301 €.

Loew’s L’Enfant Plaza Promenade

El hotel combina el lujo de sus instalaciones con el buen emplazamiento. Piscina exterior en la terraza. Habitación doble desde 206 €.

 

Te puede interesar

East Village, señas de identidad

Bohemio, radical, vanguardista, alternativo, destartalado, son algunos de los adjetivos que han definido el East Village. "Destino gastronómico" hubiera resultado impensable hace tan solo una década y sin embargo, hoy lo es.

Marcando estilo

Nueva York, una ciudad que crea modas y que las amplifica cuando no surgen allí, vive la aparición y el crecimiento de una serie de nuevas propuestas, entre las que destacan sobre todo dos, los camiones de comida y el movimiento “de la huerta a la mesa”, sin olvidar las controvertidas calificaciones de higiene.

Reinventarse o morir

El "distrito de empaquetar la carne", que es lo que significa su nombre, es no solo una zona de reciente creación en cuanto a gastronomía y vida nocturna, sino la que ha experimentado la transformación más radical en la ya de por sí muy dinámica escena neoyorquina.

Los caminos de Baco

En torno al vino, eje temático de las rutas enoturísticas, se agrupan alrededor de 2.000 empresas del sector agroalimentario y de servicios. Las actividades anexas a las escapadas enológicas, cada vez más numerosas y atractivas, fomentan el desarrollo de comarcas de interior donde el vino es ya su mejor reclamo turístico.

Cocina con aroma a café

Sus armonías, estudiadas en profundidad y contrastadas siempre con el paladar, se traducen hasta el momento en un recetario compuesto por una treintena de preparaciones, el diseño de menús íntegros en los que el café desempeña un papel protagonista y una intensa labor divulgativa que desde el Venecia, la cafetería familiar que en 1962 abrió sus puertas en el centro de Santiago de Compostela, donde todo comenzó, le ha conducido a plazas como Madrid, Barcelona o Milán.

La cuna del reloj de cuco

La cara más bucólica de una Alemania silvestre, agrícola y boscosa es la que ofrece la Selva Negra, nombre amenazador que esconde algunos de los rincones más bellos, intactos y placenteros de todo el país.