Viaje a Zúrich

Más que chocolate

Un impresionante casco histórico, arte clásico y moderno, diseño vanguardista, cultura, recuperación de barrios industriales y cocina de todos los cantones suizos, hacen de Zúrich la nueva ciudad de moda.

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Por Carlos Zapata

Publicación Revista: 01/02/2021

Publicación Web: 01/02/2021

Suiza es conocida en el mundo, no solamente por sus relojes, también por los funiculares que alcanzan cimas increíbles, por sus trenes extremadamente puntuales, o en el caso de Zúrich, por el chocolate que endulza al mundo y por haber acogido a personalidades de la talla de Einstein, Joyce, Lenin o Goethe. Atrás quedó la imagen de ciudad triste, donde sólo el dinero corría a raudales, al ser un gran centro financiero de la banca. Des-de hace unos años, se ha convertido en una ciudad moderna, floreciente, interesante y la más alternativa de toda Suiza con un espíritu creativo, que sabe marcar tendencia. No solo ha conservado un impresionante patrimonio artístico y monumental, sino que también es atractiva, comercial y culturalmente hablando, una de las ciudades más importantes de Occidente. Por sus calles encontramos museos dedicados al diseño y a las artes aplicadas, al arte contemporáneo, e incluso el Museo del Fútbol de la FIFA. Zúrich está enclavada en uno de los extremos del lago glaciar Zurichsee donde desemboca el río Limmat que la separa en dos mitades. Todo ello confiere a Zúrich un cierto carácter acuático, con los barcos y cruceros que navegan de una parte a otra por el lago y los que recorren el río. No es de extrañar que cuando la ciudad se viste de buen tiempo, los zuriqueses se bañen tanto en el río como en el lago.

A vista de pájaro

Para conocer la ciudad y hacerse una idea de cómo es, lo mejor es disfrutarla a vista de pájaro, subiendo a uno de los dos campanarios gemelos de la catedral románica de Grossmünster. Merece la pena el esfuerzo hasta coronar la torre, pues la vista de todo el casco histórico, el lago y el río, es extraordinaria. Los orígenes de esta catedral se remontan a Carlomagno que la fundó en el s.IX, mil años más tarde, Augusto Giacometti puso el colofón con las vidrieras de obligada visita. Al bajar de la torre, lo mejor es perderse por las calles medievales del casco viejo, Altstadt, por los barrios de Niederdorf y la zona de la Fraumünster, llena de restaurantes, comercios, y casas llamativas. En la calle Münstergasse, se encuentra la Bodega Española, fundada en 1874 por una familia de bodegueros catalanes, conocida también como “Casa Gorgot”, con su taberna y restaurante, que fue muy visitada por Lenin, pues residía muy cerca.

Cuna Dadá

A tiro de piedra de la Bodega Española, será imprescindible visitar el Kunsthaus, el mayor museo de arte de Suiza. Con obras de Picasso, Van Gogh, Rubens, Chagal, Monet o Giacometti, que conforman uno de los mejores museos europeos. En la calle Spiegelgasse, se encuentra la galería de arte y bar: Cabaret Voltaire, donde una placa indica que aquí nació el Dadaísmo en 1916. Una de las corrientes vanguardistas más famosas, cuyos artífices, Tristan Tzara, Jean Arp, y Picabia, entre otros, buscaban rebelarse contra las convenciones artísticas. Para los amantes de la música electrónica, es un lugar de culto gracias a que, en los años 80 del siglo pasado, un grupo británico de música tomó el nombre de este sitio. Actualmente, el bar y su librería son uno de los destinos turísticos más visitados en la ciudad.

Gastronomía internacional

Cuando llega el momento del almuerzo, lo más difícil será elegir entre los más de 2.000 sitios para comer y beber con que cuenta la ciudad. Afortunadamente Zúrich es privilegiada para la gastronomía, gracias a los cantones que definen a esta nación, no solo en el idioma, sino también en los diferentes artes culinarios. Numerosos restaurantes ofrecen lo mejor de esos territorios, como el Fribourger Fondue-Stübli, representando al cantón francófono con exquisiteces como la raclette, o la fondue clásica de Suiza, que, a diferencia de la francesa, combina el queso emmental y el gruyére, rallados y mezclados con vino blanco y algún aguardiente como el Pflümli, con sabor a ciruela, o el más famoso Kirsch. Del cantón de habla italiana, es decir del Ticino, existen numerosos restaurantes de pastas, pizzas, risotto, vermicelles y la famosa polenta, puches de harina de maíz, que acompaña a los guisos de conejo, o pollo. Y del cantón de lengua alemana, los platos de caza son los guisos más solicitados. El restaurante Blaue Ente, el pato azul, ofrece unos exquisitos escalopes de ternera, con dos tipos de patatas y verduras y el Kuro-Fleischkäse, unos sorprendentes pasteles de carne con tortilla de espinacas. Y de postre no hay que olvidar, el famoso Apfelstrudel, la tarta de manzana, servida con salsa de vainilla líquida. El plato típico, es el Zürcher Geschnetzeltes, tiras de ternera en una salsa cremosa de setas y vino, normalmente servido junto con el Rösti, guarnición que consiste en una torta de patata con queso y cebolla. Un restaurante perfecto para probarlo es el Zunfhaus Zimmerleuten, ubicado en un magnífico edificio histórico, al lado de la Catedral Grossmünster, junto al río Limago, con vistas espectaculares desde su terraza y primer piso a la otra catedral de la ciudad, Fraumünster, cuyas vidrieras fueron pintadas por Marc Chagal y Giacometti.

Postureo y ajedrez

Una vez cruzado el río y visitado Fraumünster, y Peterskirche, queda a tiro de piedra uno de los lugares más románticos de la ciudad, Lindenhof, una arbolada colina, donde los romanos establecieron su campamento con el nombre latino de “Turicum”. En su explanada se encuentran unos gigantescos tableros de ajedrez, donde los lugareños pasan las horas jugando e invitando a jugar a cualquiera que se lo pida. Desde aquí la panorámica de la ciudad es fantástica, un regalo para la vista y los sentidos. La cercana Bahnhofstrasse es la avenida más famosa y elegante de la ciudad, la calle comercial más importante de Suiza, con tiendas de lujo, restaurantes caros y numerosas entidades bancarias, pero también con imponentes edificios góticos y barrocos, por ella se pasea para ver y ser visto. En esta calle se encuentra el Café Sprüngli, un café-chocolatería abierto desde 1836, cuyos deliciosos pasteles y chocolates le han dado gran fama.

Chocoadictos

Zúrich es al chocolate, como Valencia a la paella. La pléyade de visionarios que acogieron este alimento como un regalo de los dioses conforma un grupo de reconocidos personajes y apellidos a nivel mundial, como Philippe Suchard, Henri Nestlé o Rodolphe Lindt, cuyo museo alberga la fuente de chocolate más alta del mundo. También en Zúrich se pueden degustar los famosos bombones artesanales de Teuscher, que produce más de 100 tipos diferentes de praliné según antiguas tradiciones y sin utilizar aditivos ni conservantes. La ciudad ofrece también otra serie de productos cuyas fábricas se pueden visitar, como la ginebra Turicum, la miel de colmenas urbanas en Zurihonig, o la típica cerveza genuina de la ciudad, Turbinenbräu.

Lo más

Una antigua zona industrial ha sabido reconvertirse en el barrio más alternativo, atractivo e interesante de la ciudad: Zúrich West. Los arcos que sustentan un gigantesco viaducto ferroviario han sido ocupados por tiendas de todo tipo, mercados de productos gourmet, bares como el Bogen F, cuya música en vivo es ahora referente de la escena musical citadina y restaurantes como el Markthalle, con platos de inspiración mediterránea, o el Viadukt, de comida de temporada y ligera con tres menús a elegir. El símbolo de este barrio es el Schiffbau, una antigua fábrica de barcos a vapor que alberga un enorme teatro con tres escenarios. En su interior, el restaurante LaSalle, elegante y de ambiente agradable, ofrece un servicio impecable. Más asequible y sugerente es el restaurante Les Halles, que parece a primera vista una tienda de antigüedades por lo bien que está decorado, con bicicletas colgadas y tresillos de otro siglo. Un contexto alternativo con una carta que incluye influencias francesas y españolas, en un ambiente peculiar que se precia de ofrecer los mejores moules mit frites, mejillones con patatas fritas, de la ciudad. Como colofón a la visita de Zúrich West, no hay que perderse la “tienda” de Freitag, un montón de contenedores apilados uno encima de otro. Se puede subir hasta el último, para obtener una buena vista de todo este barrio. Pero la fama le viene por lo que vende, bolsos impermeables reciclados de lonas de camiones y otros productos como ropa y accesorios que hacen furor en esta gran y dulce ciudad de Zúrich.