Galerías de arte, museos, restaurantes y confortables hoteles hacen de Dakar una de las ciudades de mayor interés del continente. La antigua capital del África Occidental Francesa es la puerta de entrada a Senegal, un país cuya situación entre los desiertos del norte y el este, las selvas tropicales del sur y la costa atlántica en el oeste le otorga una especial riqueza y complejidad. Con una democracia estable y gente orgullosa de su sentido de la hospitalidad, la teranga, Senegal permanece al margen de la inestabilidad de otros destinos vecinos, lo que permite viajar con seguridad por los atractivos lugares situados en las inmediaciones de la franja costera, entre Saint Louis, la anterior capital, y la costa que lleva hasta el delta del río Saloum. Los mejores hoteles se encuentran en Dakar y en las playas cercanas de Saly, con una oferta de calidad, al gusto de los viajeros franceses, que disfrutan desde hace décadas de los hermosos arenales y las buenas temperaturas de un país situado en la misma latitud del Caribe.
Renacimiento africano
Dakar ofrece una experiencia formidable por la mezcla de vida popular y de liderazgo cultural a escala continental. Fue capital del África Occidental francesa a partir de 1902, y mantiene una intensa relación con la antigua metrópoli. La ciudad ocupa el extremo de la extensa península de Cabo Verde, con muchos kilómetros de litoral y playas llenas de animación, donde se juega al fútbol o se practica la lucha senegalesa. Atesora construcciones coloniales modernas y un colosal monumento al renacimiento africano, en el que las figuras de un hombre y una mujer levantan en el aire a un niño que señala hacia América, destino de los esclavos que hicieron un viaje forzoso al otro lado del Atlántico. El mayor mercado de esclavos del continente se encontraba en la cercana isla de Gorea, una visita imprescindible para acercarse a la memoria del odioso tráfico humano en la rehabilitada Casa de los Esclavos. El resto de los edificios de la pequeña isla comparten el tamaño doméstico, y poseen el encanto y los colores de un puerto tropical del siglo XVIII, ahora ocupado por artistas y artesanos que llenan de vida las calles de un pintoresco Patrimonio Mundial.
Cocina y arte
En Dakar se pueden ver mercados espectaculares y espléndidos museos dedicados al África Occidental. El mercado Kermel es un edificio ecléctico de estilo oriental donde se amontonan frutos tropicales, especias y exuberantes hortalizas, en un intenso despliegue de colores, texturas y aromas, que se extienden a los puestos de flores. Los magníficos productos llegan a las cocinas de los hoteles y restaurantes de alto nivel, en los que se deja sentir la influencia francesa, y preparan excelentes pescados y mariscos, en especial mero, thiof, langosta, y buenas carnes de cordero y vacuno. El restaurante Les Jardins de l’Ocean quizá ofrezca el mejor bufé del país, Alkimia muestra un refinamiento gastronómico de gusto europeo, y hay valiosas alternativas en Lagon 1 y Le Coste. La capital senegalesa cuenta con valiosos museos para descubrir el arte del África Occidental. El IFAN de Arte Africano y el nuevo Museo de la Civilizaciones Negras atesoran esculturas, máscaras, estelas, y vestimentas ancestrales que muestran la historia de los grupos étnicos del sur del Sáhara. Para conocer la obra de sus artistas, nada mejor que la bienal Dak’Art, acaso la más importante del continente, y el pequeño museo dedicado a su principal y reconocida artista, Ousmane Sow.
Guiso isleño
Cualquier viaje al país debería incluir la visita a Saint-Louis, capital antes de Dakar, declarada Patrimonio Mundial por la unidad de su arquitectura y la compleja superposición de culturas. La ciudad creció sobre una isla en la desembocadura del río Senegal, y convirtió el puerto en el emporio comercial de la colonia francesa en el oeste de África. La isla, a cuatro horas por carretera al norte de Dakar, posee una abigarrada dársena de pescadores de aspecto intemporal, que invita a embarcarse para verla desde el agua. Saint-Louis es el mejor lugar para probar el plato nacional, el thieb bou dieune, en el mismo sitio en que nació en el siglo XIX. Este guiso de pescado fresco se condimenta con yet, marisco seco, y con guedj, pescado ahumado, y se acompaña con abundante arroz blanco. En todo el país se degustan otros platos tradicionales como el cuscús o el pollo de corral al modo maafé, en salsa de tomate y cacahuetes, o yassa, marinado con picante.
Safari y playa
El río Senegal y los humedales de la costa acogen una alta densidad de fauna. La visita al formidable Parque Nacional de Djoudj ofrece un apasionante recorrido en lancha que permite avistar grandes cantidades de pelícanos, flamencos rosas, garzas, patos, cocodrilos y varanos. Viajando hacia el sur desde Dakar, a menos de dos horas, se llega a Saly, la zona más consolidada de turismo de playa. Sus 4 km de arenales son perfectos para el baño y los deportes náuticos. A poca distancia de excelentes hoteles de lujo como el Royal Baobab, el Lamantine o el exclusivo The Rhino, se extiende un país que mantiene un carácter y una forma de vida tradicional, sumamente interesante para el viajero. Junto a Saly se encuentra la laguna de La Somone, declarada Reserva Natural, ideal para ver fauna y disfrutar de la barbacoa de Rasta Paradise, donde cocinan pescados a la parrilla, langostas, gambas, y carnes de vacuno, al borde del agua.
A la sombra de un baobao
Cerca de Saly, el frenético bullicio y aparente caos del desembarco de las lanchas de pesca en la playa de M’bour es impresionante. En la reserva de Bandia se puede degustar un steak de antílope contemplando la charca de los cocodrilos y la actividad de los monos entre las ramas, y en el vecino Accrobaobab, ofrecen turismo activo en un bosque de baobabs, el árbol nacional que preside los paisajes de la sabana. La isla de Fadiouth merece un paseo detenido, se accede por un puente peatonal desde Joal, y en ella vive una comunidad de agricultores y pescadores que levantaron sus casas al borde de una marisma en la que se ven cerdos hozando en la arena y graneros de mijo sobre la playa. Otra pasarela más pequeña cruza hasta un montículo de conchas ocupado por un insólito cementerio de armoniosa intemporalidad, en el que tumbas cristianas y musulmanas comparten la sombra de algunos baobabs.
Teranga
Al sur de Saly se extiende el gran delta del río Saloum. En su parte meridional se encuentra un Senegal genuino, de campesinos viviendo en grupos de chozas familiares con tejado vegetal, donde merece una visita la reserva de fauna de Fathala, que guarda leones, rinocerontes y búfalos. Es un placer alojarse junto a las aguas mansas en Toubakouta, y salir a navegar para observar las aves que habitan los extensos manglares. Nada tan agradable como ver caer el sol sobre el delta, ya sea navegando cerca de la isla de Diorom Boumag, rodeados por árboles cargados de garzas, pelícanos, cigüeñas y cormoranes, o desde las cabañas de Keur Saloum, tomando una cerveza local, un ataya, el té a la menta senegalés, o el exótico bouy, el zumo del fruto del baobab. El sur del territorio lo ocupan las tierras de Casamanza, con una cultura propia y fuerte personalidad, tiene su principal destino turístico en Cabo Skirring. Resulta recomendable para quien quiera completar un recorrido en profundidad por uno de los países más atractivos y seguros de África. Una nación unida por la palabra teranga, el espíritu de hospitalidad, respeto y tolerancia que preside la vida cotidiana, y que no dudan en aplicar a los viajeros.