Viaje a Madeira

Primavera eterna

Disfrutar de hipnóticos miradores, caminar por bosques milenarios, nadar en piscinas naturales o deslizarse por angostas calles dentro de un cesto de mimbre, son algunos de los atractivos de esta acogedora isla.

Foto: Lucas Vallecillos
Foto: Lucas Vallecillos

Por Lucas Vallecillos

Publicación Revista: 30/06/2023

Publicación Web: 03/07/2023

Aflora en medio del océano Atlántico formando parte de un archipiélago que lleva su mismo nombre, a unos 900 km de Lisboa. Una joya portuguesa que para muchos viajeros españoles aún está por descubrir.

Cuentan que Madeira fue encontrada de casualidad en 1418 por un navío inmerso en una gran tormenta. La avistó el navegante portugués Joao Gonzalves Zarco, que se dirigía en misión hacia África y, a su regreso, informó del descubrimiento de una isla que no estaba cartografiada. En 1420 encabezó una expedición de exploradores que la colonizaron y bautizaron con su actual nombre por la frondosidad de los bosques que la tapizaban. Aunque históricamente ha sido conocida como la isla de la caña de azúcar, por su ancestral relación con la producción de la misma, actualmente ha pasado a ser mundialmente conocida como la isla de CR7 o de Cristiano Ronaldo; su hijo pródigo, aunque los románticos, prefieren llamarla la perla del Atlántico.

Madeira ha dejado de ser una isla incómoda para el viajero, lejos queda cuando para hacer unos pocos kilómetros había que pasar horas al volante, hoy es fácil moverse por una moderna red de carreteras que propicia desplazamientos rápidos y cómodos, por eso lo más recomendable es alojarse en Funchal, la capital, y desde ahí abordar los diferentes atractivos de la isla.

Del subsuelo a las nubes

Porto Moniz, al oeste, alberga unas bellísimas piscinas naturales de agua salada, formadas por roca volcánica, coladas de lava que se solidificaron al contactar con el mar configurando una suerte de balneario resguardado del oleaje, sin lugar a dudas, una de las zonas más atractivas de la isla, con un entorno encantador. Aquí se ubica la Conchinha, un excelente lugar para desayunar o tomar un tentempié, con vistas al océano desde su terraza; excelente café con sus demandadas tartaleta de fruta o pastel de queso.

En los alrededores se hayan las Grutas de Sao Vicente, cuevas también de origen volcánico, donde los amantes de la geomorfología se deleitarán observando grandes tubos y formaciones inverosímiles generadas por la lava al enfriarse en el interior de la tierra. La orografía de la isla configura paisajes excepcionales, con una red de senderos que trazan múltiples rutas para conocerla a pie; es un paraíso para los caminantes. La Vereda do Areeiro es uno de los senderos más atractivos, que transita por las cumbres de la isla sobre mares de nubes, 7 km (3.30 h) donde disfrutar de una sensación de libertad asombrosa, sobre todo al asomarse al paisaje desde los miradores de Pico do Areeiro y Pico Ruivo.

Otra caminata maravillosa, de 5 km (2 h), es la denominada Levada do Rei que empieza en Aguas Quebradas y termina en el manantial de Sao Jorge. A la mitad del recorrido el camino se atraviesa la Laurisilva, el bosque primitivo que cubría toda Europa durante el terciario, formado por especies lauráceas. La ruta por la isla no está completa sin una parada en Santana, cuyo mayor atractivo son varias casas típicas, emblema y testimonio de lo que un día fue la arquitectura tradicional de Madeira. En sus inmediaciones, parada obligada en el hotel-restaurante Quinta do Furao, por su terraza de sobrecogedoras vistas sobre la costa norte de la isla, y por su apreciada cocina autóctona, ejecutada de modo magistral. Muy recomendable el bacalao con pan de maíz asado al horno y la sopa de trigo con cerdo ahumado.

Monumentos y vino

Es interesante reservar por lo menos dos días para visitar Funchal, la capital de Madeira, ciudad muy amable donde casi todo se puede ver caminando. El mercado de Lavradores es un buen lugar para empezar, en él late con fuerza la vida y sorprende el atractivo colorido de las frutas; hasta 12 variedades de maracuyá perfectamente colocadas en sus puestos. En la zona dedicada al pescado abundan el sable, el atún y las lapas, productos estrella de la isla, que junto al bacalao configuran casi todos los platos de pescado que ofrecen los restaurantes del lugar. En torno al mercado, el centro histórico de la ciudad, pavimentado con el tradicional mosaico portugués, conforma un entramado de callejuelas que invitan a perderse, como la Rua de Santa María, una de las más preciosas, llena de restaurantes con terrazas y ambiente muy acogedor.

En la gran Praça do Municipio, se puede visitar el ayuntamiento, palacio histórico del s. XVIII que conserva sus características arquitectónicas originales, así como la iglesia de San Juan Evangelista, admirable ejemplo de arquitectura religiosa del s. XVII, considerado uno de los monumentos más bellos de Funchal. Para completar la visita es imprescindible acercarse a la catedral, conocida como la Sé, impresionante edificio de aspecto austero perfectamente conservado cuya construcción se inició a finales del s. XV y llegó a albergar una de las diócesis más grandes del mundo, pues abarcaba todos los territorios descubiertos por los portugueses, de Brasil a Japón.

Muy cerca de la catedral se ubican las Bodegas Blady's Wine Lodge, uno de los productores de vino con más solera de la isla y el lugar perfecto para catar el oro líquido de Madeira, fruto de las peculiaridades climatológicas y edáficas de la isla. Este generoso, elaborado desde hace más de cinco siglos, traspasó fronteras gracias a los británicos que comenzaron a exportarlo, dándolo a conocer al mundo.

El atardecer en Funchal invita a pasear y disfrutar de sus interesantes restaurantes. El DC Atelier es uno de los más destacados, emplazado en lo alto del Nini Design Centre, con impresionantes vistas a la bahía, ofrece cocina elaborada que celebra el producto y las recetas locales, sin olvidar una oferta más internacional.

En lo alto

El funicular es ideal para visitar la zona alta de la ciudad, mediante un paseo aéreo con vistas maravillosas sobre Funchal con el océano al fondo. Junto a la salida se encuentra el Jardín Botánico de Madeira, 35.000 m² con más de 2.000 plantas exóticas en la finca de Quinta Monte Palace, que originariamente fue un hotel.

Sorprende el jardín oriental, por su delicado diseño y el excelente cuidado de todos los detalles. Para volver al centro, la manera más rápida y divertida es descendiendo en los típicos Carros de Cesto. Son grandes canastos de mimbre que se deslizan sobre el asfalto como un trineo, transportando entre dos y tres personas, y descienden conducidos por dos hombres o carreiros, que los resbalan por cuestas vertiginosas durante un trayecto de 2 km. Un transporte que nació por necesidad a mediados del s. XIX y que ahora se ha convertido en una atracción turística, pues descender en Carro de Cesto es uno de los momentos más excitantes del viaje, donde se produce una gran descarga de adrenalina.