Opinión

Internet es como la democracia

Déjanos tu valoración:

Autor: Víctor de la Serna
Fecha Publicación Revista: 01 de septiembre de 2016
Fecha Publicación Web: 17 de mayo de 2017

Cuando mi dilecto amigo Fernando Point se hizo cargo de la crítica de restaurantes en el suplemento dominical de El País, allá por 1981, la competencia era escasa: los demás diarios de difusión nacional y las pocas revistas especializadas en gastronomía que iban más allá de publicar recetas, encabezadas por Gourmets. No había cambiado mucho la situación cuando, ocho años más tarde, se trasladaba a una tribuna nueva, la del periódico El Mundo. Lo que la prensa nacional publicase era lo más parecido a la verdad en letra de molde, y una crítica de un nuevo restaurante podía, no tanto como asegurar su éxito o su fracaso, pero sí lanzarlo potentemente en una dirección o la opuesta.

A estas alturas del siglo XXI todo ha cambiado, como bien sabemos. La irrupción poderosa de internet ha cambiado a lo largo de los dos últimos decenios todas las reglas del juego, y en cuestiones culinarias como en las demás, donde antes sonaba una docena de voces ahora suenan cientos o miles. La comunicación ha cambiado para siempre.

Internet significa que la democracia ha llegado a la comunicación de masas: todo usuario se convierte potencialmente en editor, y el blog florece. Las redes sociales han venido a diversificar todavía más el panorama, permitiendo a muchos crear mini-blogs sin tener siquiera que preocuparse por configurar una página propia, y aportando a todos –medios tradicionales incluidos– una caja de resonancia enorme, que puede catapultar hacia la notoriedad a personas hasta entonces desconocidas.

También es más que sabido que internet tiene las mismas ventajas y los mismos inconvenientes que la democracia: da a todos un mismo papel de salida, o el mismo derecho al voto si se quiere, pero no todos tienen lo mismo que decir y muchos no tienen ni idea, o no aportarán nada valioso. Puede pontificar sobre la muerte de la cocina molecular cualquiera que lo desee, sin que podamos determinar fácilmente si tiene la más mínima idea de lo que está afirmando.

Los nostálgicos de aquel mundo en el que todo estaba pautado de una manera más clara, y de vez en cuando lo soy yo mismo, pueden añorar algo de elitismo, de voto censitario; argumentar que el dominio de los medios profesionales de comunicación servía también de filtro, de garantía de que quienes escribían en ellos poseían formación, conocimientos, talento incluso, que daban validez a su trabajo ante los lectores. Ahora todo es más incierto, y el discurso gastronómico se ha convertido en cacofonía ‘online’, con algunas voces más disparatadas que otras, y algunas buscando la notoriedad y la audiencia a golpe de descalificaciones y de injurias de todo bicho viviente, mientras otras sueltan alabanzas ditirámbicas y sospechosamente siempre en una misma dirección.

Pero esa constatación equivale, si se deja ahí, al clásico vaso medio vacío. Más justo es considerarlo medio lleno, y reconocer y, por qué no, aprovechar lo positivo de la nueva situación.

Para empezar, aquel filtro de profesionalidad que aportaban los medios monopolísticos de antaño tampoco era perfecto. Los lectores del New York Times pudimos comprobarlo a través de su hábito de cambiar de crítico culinario cada pocos años: la calidad de su información y sus juicios sobre el mundo de los restaurantes daba unos saltos tremendos, y a veces, como durante el reinado de Mimi Sheraton, perdía toda fiabilidad.

Ahora es más difícil separar el grano de la paja, claro está, porque las voces se cuentan a millares y la mayoría vienen avaladas tan sólo por su propia voluntad de estar en internet. Y, sin embargo, con el tiempo y el sentido crítico de la audiencia, podemos ir deslindando las que interesan de las que no, o de las que esconden intenciones espurias, aviesas o corruptas.

A cambio de esa confusión innegable en la red, algunas plumas –o algunas voces, que los videoblogs se han vuelto facilísimos de realizar, a veces de manera tan sencilla como entrar en Facebook– que en la situación anterior no habrían tenido oportunidad de expresarse aportan frescura, interés y hasta cultura. Por ejemplo, un catedrático de Filología Latina, un aficionado puro al vino como es Joan Gómez Pallarès puede crear, con su blog De Vinis (www.devinis.org), un espacio para dar a conocer los vinos auténticos, los que reflejan terruños y lugares más que técnicas enológicas o diseños comerciales, que sin lugar a dudas enriquece el panorama informativo y cultural del vino. Quizá antaño nadie le habría facilitado esa tribuna.

Otra característica del medio, la interactividad, la posibilidad de dialogar y discutir directa e inmediatamente con todos, incluidos los medios tradicionales que optan por estar en internet, ayuda decisivamente además a diferenciar entre lo interesante y lo inane, lo agudo y lo abusivo, lo sincero y lo movido por intereses inconfesables. Así que el vaso, pese a la inevitable cacofonía, está bastante lleno.

Etiquetas: gastronomía, Internet, democracia, restaurantes,

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Al utilizar nuestra web aceptas el uso de cookies; puedes obtener más información sobre las cookies y su uso en nuestra web en la sección de Política de Cookies.

Aceptar