Opinión

Rioja tradicional

La consecuencia más negativa de la extraordinaria revolución vinícola que está experimentando España en las últimas décadas es el menosprecio, cuando no el olvido, de los grandes reservas tradicionales riojanos que son, junto con los más nobles jereces, nuestro mayor tesoro vinícola.

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Por Helio San Miguel

Publicación Revista: 01/08/2020

Publicación Web: 01/08/2020

Los grandes reservas elaborados en La Rioja desde hace décadas son vinos que no encajan hoy en las modas imperantes entre los críticos. No nos venden su procedencia de afamados terruños, no son tintos de una viña singular que hace diez años nadie conocía, ni tampoco son vinos de autor en el sentido contemporáneo y un tanto pretencioso de la expresión. En la propia Rioja han sido desplazados de la cumbre de su jerarquía por potentes tintos de estilo moderno similares a los que se elaboran en muchas otras zonas del mundo, solo que aquí con tempranillo, y caracterizados demasiadas veces por precios con tres dígitos, botellas grandes y pesadas, espantosas etiquetas, y nombres ridículos, sean falsos romanos o no.

En el mismo barco

No vamos a negar que la contraetiqueta de Gran Reserva ha servido durante décadas para ofrecer vinos mediocres, faltos de una mínima estructura y carga frutal que garantice la adquisición de complejidad durante una larga evolución. En ese sentido la eclosión de los nuevos riojas representó un baño de realidad y una bocanada de aire fresco. Pero también es cierto que entre estos nuevos riojas, el sobre-extracto y más aún, el uso y abuso del roble francés nuevo se convirtieron en las principales señas de identidad. El éxito crítico de los nuevos riojas metió a todos en un mismo saco y llevó al menosprecio de vinos de probado pedigrí, longevidad, complejidad, y lo que más se busca en el mundo de hoy, estilo propio y originalidad. Hoy en el mundo apenas hay algún tinto como los grandes reservas tradicionales riojanos y parece que lo hemos olvidado.

Factores diferenciadores

Y es que terruño y originalidad no son sinónimos, sino que el primero es solo una de las formas de expresar lo segundo. Pero el mundo está repleto de grandes vinos cuyo carácter único no procede de la viña de la que provienen, sino de otros factores, muchas veces relacionados con la historia o las condiciones climáticas, económicas, y hasta políticas, de la región.

Este es el caso de La Rioja, muy similar por cierto al de Champagne. La presencia de un número pequeño de bodegas que no controlaban las viñas que les abastecían, frente a miles de pequeños propietarios, llevó a la creación, no de vinos de propiedad, sino de marcas propias resultado de la selección de los mejores lotes, que reflejaran un estilo reconocible y consistente. A estos vinos se les añadió una mezcla original de variedades y un largo envejecimiento en roble usado, generalmente americano, y el resultado fueron vinos únicos en el mundo. Pero la unicidad de por sí no valdría para mucho si no fuera respaldada por su calidad y el enorme potencial de envejecimiento de los mejores. Hoy por hoy hay muy pocos vinos en el mundo como los mejores de estos grandes reservas de Rioja, que además reúnen tres virtudes que cuando los críticos encuentran una sola en vinos nuevos, no dejan de alabarlos: un paso de boca aterciopelado que huye de la tanicidad excesiva que ahora muchos denostan, una gran complejidad aromática, que evoluciona con el paso del tiempo, y una inusitada capacidad de envejecimiento que para sí quisieran la gran mayoría de los vinos, no solo de España sino del mundo. Hoy aún no resulta difícil encontrar disponibles en tiendas, subastas y restaurantes grandes reservas de la segunda mitad del siglo XX y anteriores, y a precios relativamente módicos comparados sobre todo con los nuevos tintos de muchas zonas que a duras penas mejoran tras la primera década y cuya complejidad suele desaparecer a la par que lo hace su fruta.

El valor de la tradición

Así pues, disfrutemos de la creciente variedad de estilos de vino que se producen tanto en España como en el resto del mundo y apreciemos las modas vinícolas según van y vienen, pero no lo hagamos a costa de nuestros vinos más originales y tradicionales, los mejores de los cuales han mostrado sus virtudes durante largas décadas y me-recen que se rompa más de una lanza en su favor.