Ya se habló aquí del hotel du Collectionneur, especie de crucero anclado en el octavo distrito. Pero con la tierra firme de sus jardines. Prolongación del lobby, los 800 m2 de La Terrasse Andalouse (oasis arbolado del paisajista Olivier Riols) tiene por tema 2017 la cocina cajun, la de Nueva Orleans.
Por ejemplo, las gambas con chips de batata frita del chef ejecutivo del hotel, Joël Veyssière. Menús (38-53 €). Por su parte, la terraza del Purple Bar confió a su barmaid, Alexandra Giraud, la recreación, en copas, del ambiente Bourbon Street. Estrella:
Woodford Reserve, bourbon de una pequeña destilería fundada en 1812 en Kentucky. En fin, la recoleta Terraza du Pont propone a mediodía barbecue cajun (unos 40€).
Jardins du Marais: jugo de frutas, juegos y frutas
Vasta (1.500 m2) y secreta, la terraza del hotel Les Jardins du Marais tiene temática estival. El chef, Emmanuel Valée, dispone aguacate y mango en una ensalada, melón y sandía en otra. En sus menús (38/48 €) cabe un veggie Burger. Carta de champagnes y cocktails a base de vodka Belvédère.
Tablero de ajedrez en el suelo y futbolín o cursos de yoga, preservan del alcoholismo. Y si excesos hay, opte por el recorrido SPA. En semana, por 80 €, ensaladas, jugo détox y media hora de SPA relax. Y el domingo, forfait SPA/brunch a 95 €.

Shangri-La + Krug y/o terraza verde
De 18 a 23 horas el flamante Bar à Ciel Ouvert, del Shangri-La, ocupa, hasta el 26 de agosto, los 30 m2 de terraza (16 sillas) de una de las mejores habitaciones del hotel (otras 14 sillas interiores), con vistas a la torre Eiffel, copa de Krug en mano.
Y tarjeta premier: 55 € la copa y 400/800 € la botella. Soirée fuegos artificiales del 14 de julio, 350 € por persona, con una copa de Krug Grande Cuvée.
Como el palacete fue residencia del príncipe Roland Bonaparte, botánico, la terraza del 8 Iéna le rinde homenaje con sus plantas y la cocina verde del chef del hotel Christophe Moret. Surtido de tapas a 28 €. Y menús (48/58 €) con sorbetes vegan de Michael Bartocetti, chef pastelero, responsable, también, del Afternoon Tea 100% vegan de cada tarde: 45 €. Matthias Meynard seleccionó vinos –orgánicos, como los zumos–, tés, cafés y chocolate de comercio ético.
En fin, del bar del hotel, no en vano bautizado Botaniste, salen los cócteles botánicos del barman Clément Emery, como Humo en el coco (sic, 27 €). Los pecados de la carne no caben aquí.
Ledoyen, clorofila y Alleno
Omnipresente y multiestrellado, Yannick Alleno abrió terraza (Le Cercle) en su Pavillon Ledoyen. Es el complemento ajardinado de la table d’hôte (14 cubiertos) y las veinte plazas de la sala climatizada. Entre bosques y fuentes, pero a dos pasos de la avenida des Champs Élysées, entrantes (16/25 €), platos (25/40 €) y postres (10 €), escogidos entre tres propuestas de cada. La idea: sencillo y gastronómico, dos términos compatibles, para 50 cubiertos.
Entre acera y jardín, san salvador
Más modesta, Antonella Finelli, jefa de cocina del Klay Saint-Sauveur, restaurante de diseño firmado Hugo Toro & Maxime Liautard, duplica terraza: acera de la céntrica rue Saint-Sauveur, y recoleto jardín tropical. En plan tapas, bruschetta con crema de alcachofas, salmón bio marinado y huevos mimosa con curry (8/10 €).
Más formal, entrantes (12/16 €) como el carpaccio de lubina con granada y jugo de cranberry; platos (16/27 €), estilo cordero en costra de hierbas con espárragos asados. Y, veganobliga, cinco copiosas ensaladas (16/18 €). Vinos por copa desde 7 €. Y cócteles de los dos mixólogos, Axel y Kevin.
La Cagouille, puerto París
¿Cuántas veces ha salido aquí? A La Cagouille, el tiempo –fue creada en 1981 por Gérard Allemandou– le ha dado esa pátina única. Si gastronómicamente y por culpa del Atlántico la mejor época es el otoño/invierno, en verano –con crustáceos, por lo menos– su terraza vale un viaje.
Desde hace veinte años, Adama Thiam y Freddy Amy llevan la cocina. Dos chefs porque el restaurante nunca cierra. Allemandou, que todavía organiza catas únicas de la también singular carta de cognacs –¡más de 150 referencias! –, comenzó una carta de vinos, estupenda en Loire, en Borgoña, que desde hace dos décadas supervisa el patrón, André Robert, ayudado por Du Kang, un chino sin cuento.
Chamarré, cocina carnal (y marina)
Al pie de la célebre Butte de Montmartre, la terraza del Chamarré es una de las pocas escalas gastronómicas en el paseo inevitable por la que se considera república independiente, con su viñedo y sus dos molinos, el de la Galette, que perteneció al patrón del Chamarré, Antoine Heerah, y mucho antes fue pintado por Renoir, Picasso, y el Rouge.
En Montmartre flota un aire entre burgués y bohemio, entre castizo y Hollywood. Mauriciano de nacimiento y francés por decisión, parisino en particular, Heerah es un cocinero de instinto, experto en cítricos –cliente adicto de los Bachès, de Perpignan– y equilibrios ácidos. Y una historia de libro.
Cirino, meca gastronómica
En La Turbie, donde entrena Mbappé, la nueva perla del fútbol mundial, con el Mónaco, campeón de Francia –si es que no lo han vendido entre la redacción y la publicación del texto– Bruno Cirino tiene su Hostellerie Jérôme (menú 78 €; Grand menú, 138 €).
En la carta, para dos (50 € c/u), un cabracho preparado en sopa, tartare y asado. Y por 19 €, un postre mágico: tarta fina de higos blancos, helado de higos negros perfumado con sus hojas y agua vegetal de dátiles blancos helados. Marion, la esposa, ex organista, se ocupa de la importante bodega. Y Cirino vigila su vecino Café de La Fontaine donde por unos 40 € se come, casero, de maravilla.
Cerutti, al Grill
A diez minutos de coche el decorado cambia. Mónaco y su epicentro, Monte Carlo con la plaza del Casino y, allí, el Hôtel de Paris, con su Louis XV, el primer 3* de Alain Ducasse, impecable siempre. Pero en este caso se trata del octavo piso: el tradicional Grill, reabierto. Frank Cerutti, cocinero genial –inauguró el Louis XV de Ducasse- dirige las cocinas del hotel y supervisa la del Grill. Su mano para el risotto, trabajada en la Enoteca Pinchiorri, es única en Francia.
Espléndido menú déjeuner –con vistas– por 55 € (80 € con dos vasos de vino y agua mineral): risotto de flor de calabacín trompette y medallón de bogavante, onglet de vaca con patatas brasa y salsa de pimientos o dorada con verduras marca de la casa y un Paris/Monaco de vainilla fresa o soufflé para terminar.
Por la noche, un menú (135 €) con espárragos verdes salsa mouseline, pasta cassarecce vongole, polluelo de corral perfumes provenzales y soufflé. A la carta los precios alcanzan la altura del Grill, pero nunca, claro, los del Louis XV. Salvo si usted cede a la tentación de una de las botellas míticas de los 1.500 m2 de bodega del hotel. Las cocinas de Cirino y Cerutti debieran ser reembolsadas por la seguridad social.
A vuelo de pájaro

Gamberoni de San Remo por Mathieu Emeraud, chef de La Cour Jardin del Plaza Athénée (carta: 90 €).
Frente a la explanada des Invalides, terraza flamante del Divellec de Mathieu Pacaud (Menús 49-90 €).
Brasserie de los 1940, Le Basilic (50/70€ ), frente a la iglesia Sainte Clotilde, en el residencial Paris VII, es un refugio.
Plaza glotona en el barrio Saint Paul, cerca de la Bastille, la del Marché Sainte-Catherine cuenta con un Chez Joséphine, 70 cubiertos al aire libre. La cocina no es para tirar cohetes, pero es barata (16/26/30 €).
Tapas con acento vienés (jefa, Lisa Machian, austriaca) en el Café Otto, de la galería BAL, cerca de la Place Clichy. Vinos nature. Brunch 16 €. Carta 20/30 €.
En fin, Flora Danica, terraza sobre la avenida des Champs Élysées con precios consecuentes salvo menús (29,50/38 €). Pida el saumon unilateral. Universalizado hoy, fue inventado aquí, en 1976.