Un joven Marcos Granda de 27 años probó suerte en 2004 abriendo “por necesidad” el restaurante que ahora ostenta las dos estrellas Michelin. Como explicó el sumiller en la entrevista concedida a Club de Gourmets el pasado mes de mayo “después de estar trabajando en Londres tres años tenía un dinerillo ahorrado y fui a Marbella a hacer otro curso de sumillería en la Escuela Bellamar, de gran prestigio. Doce plazas becadas, 1.800 solicitantes y me dieron la beca. Al terminar no encontraba trabajo, Marbella era perfecta y abrí Skina hace 19 años”.
20 años después y con una nueva ubicación, la experiencia acumulada como sumiller, camarero, gestor de equipos y creador de conceptos se aprecia desde que se cruza el umbral. Destaca la terraza exterior que alberga un formato con el que soñaba desde hace tiempo Granda, el champagne bar, diseñado para 29 personas y con una carta independiente en torno al mejor producto: ostras, caviar, tartar de atún, gambas blancas, etc. Con un ticket medio de 100 € y que abrirá sus puertas a finales de mes.
Continúa la bodega que acoge el primer pase; los snacks se degustan en un segundo espacio: la cocina, amplísima y con un gran pase. Y una vez se ha tomado asiento, continúa la vivencia a través de los diferentes platos del menú en el salón principal, con capacidades para 18 personas, y un privado para 12.
Para redondear la experiencia, la cocina de Mario Cachinero basada en el producto de calidad y en el recetario tradicional andaluz con platos icónicos como tartar de atún con caviar y crema de pistachos, Carabinero con salsa de curry o Quisquillas de Málaga, que se complementa con el atento, pero nada invasivo, servicio ejecutado por Jesús Urda Sánchez y por el propio Marcos Granda.
Por último, la bodega, 2.700 referencias destacando borgoñas, champanes y etiquetas dignas de coleccionismo como añadas antiguas de Petrus, Château D'Yquem, Rayas, entre los más cotizados. Dos décadas de colección para crear esta bodega privada a la que solo se puede acceder en Skina.