Fuera de foco | Opinión

La defensa histórica de Castellón

Un antiguo horno de pan acondicionado con gusto y criterio es el entorno perfecto para disfrutar de una cocina levantina tan sincera y precisa como sabrosa.

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Por Andrés Sánchez Magro

Publicación Revista: 01/05/2025

Publicación Web: 22/08/2025

Castellón de la Plana seguramente no sea uno de los lugares más apreciados por el viajero gourmet. Territorio de disfrutones pero que no concede al hecho gastronómico una importancia diferente de los tradicionales almuerzos o mesas largas de familias y amistad. No son muchos los restaurantes sobre los que las guías pongan sus ojos, y hay que acompañarse de los lugareños para seleccionar alguna casa donde probar la gastronomía autóctona con gracia. Y como joya escondida, fuera del foco de las grandes críticas nacionales se encuentra Arre, uno de nuestros enclaves predilectos para atravesar la sabiduría en el manejo del producto y en la vocación de la tierra y del mar propios. Sin ayuda alguna, a pulmón y con toda la ilusión, Pedro Salas y su mujer Beatriz Villalba recuperaron un local que albergaba un horno de pan desde el siglo XIV ininterrumpidamente hasta 2007. El último regente ha sido el señor Paco, cuyas generaciones sucesivas no quisieron continuar el negocio, apareciendo esta pareja de emprendedores para recuperar con mimo y compromiso los arcos y entrañas de un lugar mágico. La propia Beatriz, en complicidad con un interiorista profesional, ha resuelto con mucho criterio y gusto el reto de que se siga respirando un entorno característico de los hornos antiguos con la idea de una casa de pueblo en la judería vieja de Castellón.

Las viandas

Todo el encanto que expresa el lugar tiene coherencia con la cocina de Pedro. Un despliegue de aperitivos manifiesta la propuesta pura e intensa, como unas sencillas y rotundas almendras marconas, muy bien fritas en la casa y sin sal que moleste; una sopa de ajo y gambas de la que sabe de verdad a cabeza de aquellas; bacalao muy clásico, con un toquecito de alioli en la cumbre; seductor fiambre de morro ahumado; y un tartarcito de daditos de tarantelo de atún sobre un mojo casero picante, que corona un foie gras, que tal vez sea innecesario. Puede seguir la singladura con un salpicón de langostino sobre escabeche de maíz, al que no le vendría mal un poquito de fuerza vinagrera. Por su lado, muy preciso calamar relleno con las patas y con blanquet, ligado con una magnífica salsa romesco verde y el pistacho de la zona. Siempre resulta complicado tomar arroz en cualquier restaurante incluso en contexto levantinos, pero Pedro Salas consigue una maravilla de arroz al horno deliciosamente limpio, al que luego se le alegra con diversas interpretaciones; nos entusiasma la del buen tuétano y sabroso atún, que le concede ese sabor envolvente de un arroz de textura y punto perfecto. Un diez.

Brasas y figás

En esta casa todo son felicidades discretas desde el 10 de marzo del 2022, fecha de su arranque. Hay mucha fidelidad a la Torrá de la Terreta, que es un compendio sobre la brasa que se prepara sobre la propia mesa y que facilitan potentes extractores. La gula de los despieces cárnicos, o por su parte de la chuleta de vaca madurada. Bonito servicio, estancia muy agradable, vinos suficientes para que continúen las buenas sensaciones, y postres tan coherentes como la figá albardá, la cual se recrea hasta con siete elaboraciones, desde la sangría al merengue o la flor de hibiscus. En Arre todo tiene sentido, y Pedro y Bea son anfitriones para quien busca la verdad de la cocina sin necesidad de otras zarabandas.

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