A mediados del siglo XIX ya corría por Estados Unidos el precursor del actual Dry Martini, al parecer con el nombre de Martínez, lo que ha dado lugar a decenas de historias sobre su origen: que se originó en la californiana ciudad de Martínez durante la fiebre del oro; que el barman que lo inventó se llamaba Martínez; o que fue una campaña orquestada por Alessandro Martini y Luigi Rossi al fundar en 1863 su vermú marca Martini. Poco importa de dónde venga o quién lo inventó, para muchos, esta mezcla de ginebra y vermú es el rey de los cócteles.
Lo que sí parece cierto es que originalmente se preparaba con vermú dulce, dando como resultado un cóctel más suave y afrutado, y se incluía algún que otro ingrediente más. La tendencia en el siglo XX evolucionó al vermú seco y nació el actual Dry Martini coronado con una aceituna, genialidad de autor incierto, aunque varios se la atribuyen. Luego está el tema de las proporciones; al principio se utilizaba ginebra y vermú a partes iguales y poco a poco fue disminuyendo la cantidad de este último, dando lugar a tantas variaciones como gustos: 3:1, 5:1, incluso 7:1. En cualquier caso, la mayoría de bartenders mezclan los ingredientes con hielo, los remueven hasta que estén muy, muy fríos y luego lo sirven.
Nadie usa una coctelera y, por supuesto, nadie lo agita, como pedía James Bond en la versión original –en español se tradujo al revés–. De todas maneras, él no bebía Dry Martini; en realidad, era vodka Martini.