Visitar esta bodega siempre es una delicia, no sólo por el exultante paisaje de suaves valles plagados de viñedos con los Pirineos de fondo, ni por la impresionante colección de arte que reposa junto con sus vinos, ni por el acertado merendero ubicado en un mirador de envolvente belleza, sino, y esto es determinante, por el equipo que recibe. Jesús Artajona y Jesús Mur, enólogo de Enate y enólogo de Laus –la otra bodega que tienen en la DO– respectivamente; Ana Gallego, directora de Comunicación y Enoturismo; Jesús Sesé, director de viticultura, junto a su hijo y tocayo, por nombrar algunos.
Forman un equipo entregado, amable y divertido que actúa de cicerone no sólo en sus bodegas, sino también en su territorio, explicando el amplio y variado mundo vitivinícola de Somontano y revelando, además, todo su potencial a futuro. Algo que conocen bien Luis Nozaleda Arenas, fundador de la bodega,y Luis Nozaleda Pastor, su hijo y actual director. En una animada y extensa conversación en el hotel Intercontinental de Madrid –ha sido difícil coincidir agendas en su bodega– hablan al unísono –sin pisarse ni interrumpirse, más bien complementándose– del presente y del futuro, sobre todo del futuro.
Contigo y con el hijo de Jesús Sesé en viticultura se cuece el relevo generacional ¿qué va a cambiar?
Pastor. Para que haya una buena transición no tiene que notarse. Las cosas se han hecho como había que hacerlas en cada momento y ahora tenemos que seguir adaptándonos a los tiempos, igual que los vinos de hoy no son los de hace 35 años, el propio Jesús Artajona ha ido cambiando su manera de elaborar. Jesús –Sesé– padre sabía cómo tratar el viñedo, pero si le preguntabas por qué hacía esto o lo otro no te lo podía decir, ahora Jesús hijo sí que te dice, bueno, es que se ha demostrado que es mejor tener cubierta vegetal en una hilera sí y en la otra no… ahora la tecnología está muy metida y muchos procesos se controlan desde la tablet. Siempre hay que mejorar todo lo que se pueda, pero si algo funciona, no lo toques.
Arenas. El problema de las empresas familiares es que puede ocurrir que los mayores se conviertan en un tapón, porque irse de algo que has empezado tú es difícil. Mi padre, que era muy listo, muy trabajador y muy serio, nos empezó a pasar el testigo con apenas 55 años. Ahora yo creo que son más listos, observan de otra manera, están mejor formados, tienen ideas nuevas, además son los consumidores del futuro.
Hace unos 20 años hubo un auge de los vinos de Somontano que parece haberse desinflado ¿por qué?
A. Es casi incontestable, hay tantos factores alrededor de esto. Cuando llegamos –1991– el mercado nacional era distinto, ahora hay seis mil y pico bodegas, marcas habrá el doble. La competencia es muy grande y hay bodegas que juegan con los precios, nosotros no podemos hacer eso.
¿Qué hacer entonces para llamar la atención de los consumidores?
A. Hay que estar siempre espabilado, viendo lo que hacen los demás, escuchando y maquinando, porque nosotros somos muy creativos y estamos constantemente inventando algo. Pero cual-quier idea tiene que ir acompañada de creerte lo que estás haciendo, no puede ser una coartada para vender más.
P. Hay distintos momentos de consumo y hay que estar presente en todos con distintos tipos de vino, hay que adaptarse a lo que le apetece a la gente e intentar atraer a los jóvenes.
¿Por eso en Laus habéis elaborado dos frizzantes y un desalcoholizado?
P. La gente busca vinos jóvenes, frescos, ligeros y eso es lo que hemos buscado con Blum –sus dos frizzantes de garnacha tinta y blanca respectivamente–, un vino más atractivo que entra por los ojos, con la intención también de abrir mercados nuevos. Es una forma de adaptarte a las tendencias, sin tergiversar tu realidad, ni tu esencia, y jugar con productos dentro de los medios que tienes.
¿Acabarán triunfando los vinos desalcoholizados?
P. Ahora estamos en el mismo punto que estaba la cerveza sin hace 30 años, todo el mundo decía que estaba mala, ya no. Un vino desalcoholizado la gente en general dice que no sabe a vino, estamos mejorando los procedimientos –que son muy complejos– y en x tiempo tendremos un producto más parejo al original.
¿Sabe la gente de vino?
A. Jesús Artajona me dice que soy un analfabeto sensorial y yo le contesto que a lo mejor, pero que no soy idiota, tú hazlo bien y ya verás que no soy tan analfabeto, a mí no me importa si tiene aroma a lichis o mango yo lo quiero es disfrutar y si es bueno, me gusta.
P. Es que a veces nos ponemos demasiado pomposos en el mundo del vino y eso a la gente le produce rechazo.
A. Pero no olvidemos que también somos show.
P. Sí, sí, por supuesto.
¿Apostáis por el mercado internacional?
A. Exportamos a 40 países alrededor de un 25% de la producción y tenemos un plan de crecimiento en el exterior, pero claro, es más cómodo ir a Badajoz que a Nueva York, de todas maneras tenemos potencial.
P. En este momento exportamos a algunos países de Europa, algunos de Sudamérica y a Japón donde vendemos mucho blanco fermentado en barrica, debe de ir bien con el pescado…
¿Cómo veis el mercado internacional?
A. Es un momento de mucha competencia, está Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda que tienen muchas menos restricciones que nosotros a la hora de producir uva y elaborar. Luego la política con sus aranceles y sus historias también nos complica. En España tendríamos que hacer más inversión, sobre todo desde las instituciones, no sólo de dinero sino de replantearse el tipo de gestión para traer consumidores de fuera, que vengan aquí a ver las DDOO. Si es que nosotros tenemos un país que es fantástico, Madrid, por ejemplo, donde tenemos otra bodega –las Moradas de San Martín– y hay como 40. Los turistas vienen a ver los museos y no se imaginan que hay DO Vinos de Madrid.
P. A nivel europeo son muy pocas las capitales con DO –Viena y París– y a nivel internacional me atrevería a decir que ninguna, esto es una singularidad que hay que explotar.
A. Estamos haciendo un trabajo ahora con el gobierno de Madrid, con la DO y con los hosteleros, para que tengan 2 ó 3 vinos de Madrid en la carta, porque no los tienen, es algo insólito. Además, la Comunidad de Madrid va a poner un millón de € para promover el enoturismo.
P. Debería salir de los restaurantes madrileños y si el cliente no lo quiere, pues no se lo vas a meter con calzador, pero por lo menos ofrecerlo, que mucha gente ni lo sabe.
No hemos hablado de arte con el peso que tiene en vuestra bodega…
A. Estamos haciendo una etiqueta para un vino nuevo con una obra de Frida Kahlo. Llevamos un año con esto y ya tenemos firmado el contrato con sus descendientes y el cuadro que nos han cedido.
P. Pero no es el típico que te estás imaginando.
¿Cómo ves vuestras bodegas a futuro?
P. Como dice él –mira a su padre– una bodega de 35 años no es bodega ni es nada. No tiene historia, no tiene peso, no es importante. Hay que seguir la línea trazada hasta ahora, seguir creciendo, seguir haciéndonos un nombre, seguir ampliando nuestro horizonte y que los que vengan detrás puedan seguir trabajando en esto porque es muy bonito. Lo importante es saber que has hecho todo lo posible para conseguir el objetivo: convertirnos en una bodega con nombre, con tradición, con esfuerzo, siguiendo la línea marcada hasta ahora.