Entrevista Luis Nozaleda

Vinos con arte

La familia Nozaleda supo ver en tierras oscenses un gran futuro y dio un giro al viejo arte de hacer vino. Piensa, Saura, Chillida, Tàpies, Beulas, Arroyo… plasman sus obras en las botellas de Enate. Ahora recibe el premio a la ‘Bodega del Año’, elegida por los lectores de la Guía Vinos Gourmets.

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Por Ana Marcos

Publicación Revista: 27/03/2020

Publicación Web: 27/03/2020

Vino por el arte. O al arte por el vino. De ambas disciplinas saben mucho en Bodegas Enate (DO Somontano) donde poseen una excepcional colección de pintura contemporánea que ha ido creciendo pareja a la bodega. Enclavada en tierras oscenses y con la familia Nozaleda como socia mayoritaria casi absoluta, esta casa ha formado parte activa de la historia del vino español en las últimas décadas.

Así han opinado los usuarios de la Guía Vinos Gourmets (GVG) que, en su trigésimo quinta edición, designaron por votación popular a Enate como ‘Bodega del Año’ en los premios GVG. Los lectores decidieron que sus vinos tienen suficiente entidad, excelencia y buena relación calidad-precio para otorgarle este reconocimiento. El premio se entrega a Luis Nozaleda, presidente del Consejo de Administración, que comparte su amor al vino con la dirección de la inmobiliaria Nozar.

Nozaleda fue a por todas desde la inauguración de Enate, que supuso un revulsivo en el mundo del vino español. Un impactante edificio, moderno y renovador, que contaba con todos los adelantos para elaborar vino en una época en la que aún se veían telarañas en las salas de barricas. Además, llegaron con la filosofía de vestir sus botellas de arte e ir creando así una colección de cuadros únicos –desde Antonio Saura a Jaume Plensa o Eduardo Chillida–, que hoy es una de las muestras de arte contemporáneo más importantes de España. Parece que el tiempo ha demostrado con ellos que no sólo hacer vino es un arte: también que el arte es una forma de acercarse al vino.

A principios de los años 90 el mundo del vino comenzaba su transformación y ustedes fueron pioneros.

Creo que llegamos en un momento de cambio, el vino se convierte en un alimento y las normas se aplican más intensamente que en el pasado. Las bodegas eran antiguas, viejas, dejaban mucho que desear en cuanto a limpieza. Por otra parte, comenzaba una transformación en la estética de los edificios, eso de ahora de que todas las bodegas son espectaculares obras de arquitectos famosos ni se pensaba aún. También la tecnología avanza bastante y, paralelamente, se mejora mucho la formación de la gente: ya hay más escuelas de enología, se populariza la posibilidad de trabajar en una bodega… ya no vale solamente la intuición de la gente del campo.

¿Y por qué eligieron Somontano precisamente? En aquel entonces no era tan popular como Rioja o Ribera.

La verdad es que fue absolutamente casual, a través del suegro de una de mis hermanas, Jesús Sancerni que es de Huesca, y nos puso en contacto con Jesús Sesé, que tenía viñedos en Somontano e inquietudes empresariales. Vimos el espectacular viñedo, comimos allí, nos gustó su vino y fue un flechazo para mi padre, mi hermano y para mí. Nos enamoramos de esa tierra.

Además, plantaron variedades foráneas cuando en España se conocía someramente cabernet, chardonnay y pare usted de contar. Llamó mucho la atención.

La denominación de origen se crea en el año 1987, cuando el Gobierno de Aragón pretende que la zona se desarrolle más y crean Viñas del Vero. A partir de ahí, permiten unas variedades y otras las llaman ‘experimentales’ para investigar cómo se aclimatan, etc. Cuando llegamos nosotros sólo había seis bodegas con las que nos pusimos de acuerdo y el Consejo nos permitió hacer vino con las ‘experimentales’. Así empezó ‘gewurztraminer’. ‘syrah’, etc. En Somontano hay actualmente una fantástica panoplia de variedades que nos deja hacer vinos ricos y variados porque Somontano es una tierra maravillosa y nos lo permite.

Esto resultó muy innovador en su momento, pero encima tienen una gama de vinos muy extensa con 15 etiquetas distintas, lo que es otra peculiaridad.

Sí, porque ¿sabes lo que ocurre?, que al haber muchos siempre gustará alguno… jajajaja. No, lo que ocurre es que si tienes un potencial no debes renunciar a él y realmente creo que nuestros vinos producen bastante satisfacción y son muy bebibles. El 80% de nuestros vinos son de viñedo propio y el resto de agricultores amigos que seguimos muy de cerca.

¿Por qué esa afición a los monovarietales? Y además repetido, “merlot-merlot”, “syrah-syrah”… el último ‘cabernet-cabernet’.

Salen muy bien y dan calidad, que es lo que buscamos. Con lo de repetir el nombre de la variedad estamos remachando la idea: ¡no hay duda de que es un merlot total! Este tuvo un nacimiento muy bonito, fue una cosecha maravillosa y rápidamente la gente lo asimiló. El ‘merlot-merlot’ nos abrió muchas puertas, en el ‘cabernet-cabernet’ me empeñé yo y está muy rico.

Los vinos de Enate se conocen también por su estupenda relación calidad-precio, algo que han premiado los lectores de la Guía Vinos Gourmets.

Al poseer una amplia gama tenemos un abanico de precios muy abiertos para que el consumidor pueda elegir tanto por el tipo de uva como por el precio. Nuestro enólogo, Jesús Artajona, dice que nuestros vinos son ‘democráticos’ porque las tarifas permiten a todo el mundo acceder a ellos.

Ampliaron horizontes...

Tenemos Laus, en Somontano, y estamos en una bodega madrileña llamada Las Moradas de San Martín. Somos accionistas en Aalto, una bodega en Ribera del Duero. Además, hacemos queso y jamón. Somos muy marchosos, ¿qué mas queremos?

Los negocios inmobiliarios y las bodegas no siempre han sido buenos compañeros. ¿Cuál ha sido la fórmula de su éxito?

Creo que no hay una fórmula. En todo caso sería el trabajo, el esfuerzo, tener un buen equipo y, por supuesto, también un poco de suerte, eso cuenta. Hacer vino es muy divertido, pero también muy trabajoso, no es un negocio fácil porque hay que estar muy encima y necesitas mucho tiempo para sacar el primero, consolidarte… es un negocio a largo plazo. Nosotros tenemos 29 años y esto en el mundo del vino no es nada.

¿Llegaron al arte a través del vino?

El amor al arte es algo que llevas dentro. Creo que los empresarios somos en cierta medida artistas, creamos cosas pensando nuevas ideas y, por tanto, tenemos ese componente interno creativo. Los colegios deberían enseñar más arte, música, pintura… porque la sensibilidad hace mejores a las personas. En nuestro caso, acercarnos al arte fue algo natural, surgió en una conversación y así lo hicimos. Fue el pintor Antonio Saura, ya fallecido, el artista que vistió por primera vez una botella nuestra, y ya llevamos años convocando una beca para artistas noveles.

¿Cómo se siente al ser ‘Bodega del Año?

Con este premio te ponen en un pedestal. No creo en eso de ser el ‘mejor’ de algo, porque nadie es mejor que nadie, uno tiene que estar entre los mejores. Siento mucho agradecimiento a los que nos han dado el premio y al equipo de la bodega, los que están ahora y los que estuvieron. Es fundamental el trabajo diario en el que cada uno pone su granito, si somos unos cuantos, los granitos forman una montaña. Y sobre todo el amor, el compañerismo, hacerlo bien… en nuestra bodega hay mucho de eso. Es una suerte poder trabajar y hacerlo en positivo. Este negocio tiene que tener pasión, convencimiento y corazón.