Entrevista Agustí Torelló Mata

Cava de alta costura

Pionero, apasionado, trabajador incansable, protagonista y testigo de momentos cruciales de la historia del cava, Agustí Torelló Mata es un referente en el sector que junto a sus hijos Alex y Gemma, sigue acumulando premios a su icónico Kripta.

Foto: Carles Allende
Foto: Carles Allende

Por Emilio Molines

Publicación Revista: 01/12/2020

Publicación Web: 09/12/2020

Club de Gourmets ha viajado a Sant Sadurni d’Anoia (Barcelona), donde se ha citado con Agustí Torelló Mata, fundador y presidente de honor de la bodega que lleva su nombre y con sus dos hijos, que ahora están al frente de la empresa familiar: Gemma y Àlex. La primera se encarga de la gerencia administrativa, relaciones públicas y comunicación, y Àlex de la enología. Cuando llegamos, Agustí Torelló Mata sale a recibirnos, “esperad, que ahora viene Gemma y subiremos con ella a una sala donde haremos la entrevista”. En la sala se encuentra también Alex. Lo primero que hace Gemma cuando nos sentamos es traernos unas copas de Kripta, el cava que ha sido premiado por los lectores de la Guía Vinos Gourmets (GVG) como el mejor espumoso del 2020.

Usted proviene de una familia de músicos y sastres. ¿Cómo se inicia en el sector del cava?

Hace setenta años en este país no había nada que te aportara conocimientos, y cuando dejé la escuela, con trece años, me pregunté qué iba a hacer a partir de entonces. Y me fui a aprender el oficio de champañista junto a mi tío Josep Mata, en Casa Recaredo, y allí fue donde aprendí todo el proceso de la elaboración. Eran actividades manuales, duras, muy artesanales. Simultáneamente a mi labor de aprendiz con mi tío, trabajé durante cuatro años de cajero en el economato de Codorníu, en Sant Sadurní. Cuando cumplí 17 años me propusieron ir a trabajar a las oficinas de Codorníu, y acepté. Al principio, me resultaba emocionante, pero más tarde me di cuenta que no estaba hecho para estar todo el día en la mesa de un despacho, y después de pensarlo, tomé la decisión de volver a casa Recaredo con mi tío. Por entonces, ya tenía claro que lo del cava no podía prosperar así, y decidí dar un paso más. Me apunté a un cursillo de formación en la Estación Enológica de Vilafranca, y posteriormente me diplomé como maestro bodeguero y viticultor en Requena.

Ha trabajado como asesor de varias bodegas y cavas. ¿Cómo lo recuerda?

El trabajo que desempeñé en el laboratorio de la UCEVE fue una buena carta de presentación frente al sector, que en aquel momento ya sabía quién era Agustí Torelló. Y eso supongo que fue fundamental para que varias cavas y bodegas tan importantes, como Codorniu, Freixenet, Segura Viudas, etc., se fijaran en mí para que les asesorara. Mi responsabilidad principal se centraba en la supervisión técnica de todos los aspectos relevantes de la bodega. Tenía claro que el cava no podía prosperar por inercia, sino que había que dar un paso más, y yo quería hacer una bodega y unas cavas modernas, como en aquel momento quizás no había en España.

Su sueño era elaborar su propia marca de cava y lo consiguió hace 40 años, cuando crea Kripta, la obra maestra de la casa. ¿Cómo surge?

Surgió de una manera muy simple. Cuando una persona apasionada como yo se dedica íntegramente a un producto, a una forma de ser y estar, las cosas nacen. Te despiertas un día, y piensas: “Hay que hacer algo que nos distinga y que refleje nuestra historia verdadera”. Entonces tienes que empezar a pensar qué tipo de botella quieres, cómo la haces. Es un recorrido largo hasta conseguirlo, pero no nació para ganar dinero, sino con la ilusión de tener un producto único y que quien vea la botella la identifique enseguida con la casa.

¿Cómo definiría Kripta?

Un día te levantas y te preguntas ¿por qué no hacemos una botella especial, intentamos crear un gran producto y lo damos a conocer? Y así nació Kripta, nació por el espíritu, por el querer hacer, por el querer estar. Mi hijo Álex, cuando hicimos las primeras botellas, dijo: “Ya se venderá, y no te preocupes, que si no se vende, nos lo bebemos, y problema resuelto.

¿Qué le impulsó a abrir, en 1986, los cavas familiares que llevan su nombre?

La realidad es que si no hice la marca treinta o cuarenta años antes fue porque me dedicaba a asesorar a otras marcas, como le he comentado. No podía tener la mía propia. Cuando ya decidimos crear la marca pensamos poner Agustín, pero en el mundo del cava donde nos movemos este nombre no decía nada a nadie, y por problemas familiares de registros de marcas y tal, al final optamos por Agustí Torelló Mata, que, aunque es un poco largo, vale la pena.

¿Defínanos la filosofía de los cavas Agustí Torelló Mata?

Gemma (GT): Lo definiría como un cava con alma, porque estamos muy arraigados al territorio. Es un cava muy honesto, desde la uva que compramos, a las variedades, a cómo elaboramos y cómo lo cuidamos todo. En definitiva, es un cava con pasión.

Álex (AT): También somos innovadores, porque nos gusta buscar nuevos productos, como barricas y otras cosas, pero siempre manteniendo este punto de historia y tradición, que es lo que marca la diferencia en nuestras variedades tradicionales, como son el macabeo, xarel.lo y parellada.

Los lectores de Guía Vinos Gourmets han premiado a Kripta como el mejor espumoso del 2020. ¿Qué peso tienen los premios, los reconocimientos, la opinión de la prensa en la trayectoria de la bodega?

GT: Tiene toda la importancia del mundo, porque realmente es el reconocimiento que te dan los demás, y que te valoren desde fuera es una gran satisfacción, ya que con ese reconocimiento te dan la razón a lo que intentas hacer bien. La verdad es que para nosotros este premio es un orgullo y una bandera, porque con Kripta llevamos una trayectoria de muchísimos años, en la que nos han ido valorando en todas partes como uno de los grandes espumosos.

¿Cómo definiríais Kripta?

AT: Como la culminación del esfuerzo de un personaje, que es mi padre, que ha estado años y años dedicado al mundo del vino.

GT: Creo que es el cava de alta costura de Agustí Torelló Mata, y la excelencia de lo que podíamos hacer. Es el cuidado extremo en su presentación; en el exterior, en la etiqueta, en la botella, con ese diseño rompedor que evoca un ánfora romana.

¿Cómo veis ahora el sector del cava?

GT: Creo que todas las crisis son buenas para el que está bien posicionado, y es sólido, pero malas para quien no lo está. Hay exportaciones que marcan mucho la diferencia, como Estados Unidos, que ha ido muy mal este año, pero las empresas que tenemos una solidez y una tradición somos también muy conservadores, lo que nos permite aguantar, buscar nuevas rutas y la complicidad del consumidor.

Muchas bodegas luchan hoy día por hacerse un hueco en el pujante sector del enoturismo, ¿qué alternativas diferentes ofrece su firma?

GT: Lo que nos distingue es hacer actividades muy cercanas y estar siempre con el visitante. Intentamos que la familia esté siempre en todos los eventos, incluidos los fines de semana, y atender de la mejor manera a la gente. Es muy importante que las personas te conozcan y te pongan cara y voz.

AT: Ya que no podemos hacer grandes campañas de publicidad, nuestra única arma es que nos vengan a ver, mostrarles lo que somos capaces de hacer y cómo lo hacemos. Para nosotros, lo más importante es que el visitante se convenza de lo que está viendo y consumiendo, la venta directa es mínima, pero muy notable.