Cómo si no se podría demostrar la raza de un cocinero como Nacho Manzano que a la vez que combate en varios frentes con distintos locales funcionando en Asturias y en Inglaterra, decide embarcarse en la aventura de adquirir el Palacio de Rubianes, un hotel de cuatro estrellas y 23 habitaciones levantado en el siglo XVI al pie de la Sierra del Sueve, con vistas a los Picos de Europa. Con la sencillez y naturalidad que le caracteriza lo explica así: “Se nos ofreció la posibilidad de hacernos con este hotel, que hasta justo antes de la súbita aparición del Covid-19 estaba en pleno funcionamiento. Nos encantó, ya que el lugar es maravilloso y el entorno es perfecto y somos de aquí, es nuestro hábitat. Un entorno idílico en plena naturaleza en el que puedes encontrar fauna, un río, dos molinos de maíz, una capilla, un campo de golf… Nada más que lo vimos mis hermanas y yo quedamos cautivados”. No descartan la posibilidad de añadir un restaurante gastronómico.
Con valor
Otro primer “espada” asturiano que en pleno confinamiento ha tomado la decisión de bajar al ruedo, es Pedro Martino, volviendo, tras un periodo de varios años al frente de su proyecto ovetense Naguar, y hacer una breve escala en la capital del reino para aportar sus saberes en el restaurante Piñera. Lo ha hecho en su antiguo reducto de L’Alezna en Caces (Oviedo), donde había conocido el fulgor de una estrella Michelín. La apertura estaba prevista para marzo, y por razones sobradamente conocidas, pospuso el comienzo hasta que le fue posible, a mediados de junio. “Este paréntesis me sirvió para reflexionar más sobre la vida y reforzar el discurso en defensa de la cultura asturiana y de nuestros productos”.
Naturaleza plena
Con similar arrojo se ha plantado en Gijón Ricardo Sotres, chef del restaurante El Retiro de Pancar (Llanes), lugar donde creció y al que no piensa renunciar, simultaneado con la gerencia del restaurante Julia en un hotel con espectaculares vistas a la Sierra del Cuera. En Gijón, acaba de poner en marcha su nuevo restaurante Camelia, en un suntuoso edificio con mucha historia, que a juicio de Ricardo “tiene alma”, al lado del puerto deportivo. Pretende convertirlo en un local muy versátil en el que convivan tapas, mariscos y raciones de cosas sencillas, con algunos platos más elaborados, buscando que el ticket medio ronde entre los 25 y 40 euros por comensal. El que tampoco se ha arrugado a la hora de convertir un sueño en realidad es el ovetense Juanjo Cima, que ha conocido el éxito en sus locales Vinoteo y Las Tablas del Campillín, proclamándose vencedor de multitud de campeonatos de cachopos. Ahora ha elegido Gijón para extender sus tentáculos en plena “ruta de los vinos”, con la muy reciente apertura de La Taberna Asturiana, centrando su oferta, como es lógico, en los cachopos, complementada con una cocina tradicional basada en productos locales.
Inasequible al desaliento
Gijón ha visto como en poco más de dos años han proliferado locales que han venido para quedarse. Es el caso de Farragua (revoltoso en castúo) donde el cocinero extremeño Ricardo Fernández, tras hacer prácticas en Diverxo, arribó a Asturias ganándose la confianza de los hermanos Manzano al demostrar su valía en La Salgar hasta que un día decidió lanzarse a iniciar su propio proyecto en un pequeño y coqueto local, donde desarrolla una cocina intimista, sosegada, poniendo al día viejos y recoletos recetarios de sus tierras: natal y de adopción, conjugando raíces e innovación.
De igual modo, y a muy pocos metros de Farragua, emergió Mamáguaja –con los chefs Fernando Viñuela y Jorge Gacimartín al frente– un moderno y amplio espacio gastronómico perteneciente al Grupo Gavia, de impactante interiorismo donde tienen cabida los conceptos de restaurante, sidrería, brassería y coctelería, abarcando en su amplia oferta gastronómica tanto arroces como pescados, mariscos y carnes. No mucho tiempo antes, y así mismo en Gijón, la familia Fernández Gutiérrez rehabilitó una bella casona del siglo XIX, para dar apertura a Los Pisones, restaurante de larga trayectoria que había ganado su fama en su anterior ubicación dentro del municipio de Villaviciosa, y en el que ofician tres experimentadas cocineras, basando sus propuestas en la cocina tradicional asturiana.
En la costa
Entre los de nuevo cuño destaca en Avilés, Yume, regentado por Iratxe Miranda (hermana del reconocido cocinero Koldo Mi-randa), que cuenta como socio con el joven cocinero Adrián San Julián, quien elabora una cocina de autor, ecléctica, diferente y amena, que combina propuestas de conceptos e ingredientes foráneos con otras de carácter local. No muy lejos de allí, en la playa de Salinas, acaba de hacer su aparición Êleonore, un nuevo proyecto de los emprendedores Guillermo González y Cristina Arias, que se suma al de Ewan (también en Salinas) y al restaurante La Playa de Luanco, donde han sabido dar con la tecla del éxito, en un envidiable emplazamiento con el Cantábrico como testigo.
Occidente asturiano
En el pintoresco pueblo con mar de Ortiguera, se ha consolidado Ferpel, un restaurante que no deja indiferente, donde oficia Elio Fernández, el pequeño de los cuatro hijos del matrimonio que regentaba el bar del pueblo. Elio, después de un periplo por varias cocinas españolas y de haber probado fortuna en Suiza, decidió regresar a los orígenes y convertir el local en un restaurante gastronómico enfocado al producto de proximidad abierto a las técnicas más novedosas. Uno de los pescados, encasillados entre los más humildes como es el muil (mújol o lisa), adquiere al pasar por sus manos categoría de manjar. Así mismo, el joven y entusiasta cocinero Xune Andrade, tras haber acumulado experiencia en locales de postín como Casa Gerardo, Quique Dacosta o El Celler de Can Roca, ha apostado por abrir Monte, un restaurante en la aldea de San Feliz (Concejo de Lena), donde elabora una cocina creativa, consiguiendo su propósito de ser honesta y respetuosa con el medio rural.