Ecogastronomía, según Slow Food, es la conexión entre nuestros platos y nuestro planeta. El movimiento nació sobre la sencilla premisa de conseguir una alimentación buena, limpia y justa para todos. ¿Cómo? Involucrándose en todo el proceso, desde los cultivos y sistemas de producción, hasta la distribución y el consumo. Ser conscientes de lo que comemos, a nivel gustativo y sensorial, por supuesto, pero también saber de dónde vienen los alimentos fomentando los pequeños productores, los cultivos ecológicos y el producto de proximidad, todos ellos conceptos que cada vez preocupan más tanto a consumidores como a cocineros.
La organización, que tiene por logo un caracol, ya cuenta con 100.000 socios en 160 países que apoyan el movimiento y sus diversos proyectos, entre los que destacan El Arca del Gusto y Los Mercados de la Tierra. El primero cataloga alimentos en riesgo de desaparecer producidos de forma sostenible, con un sabor único y que formen parte de una región distintiva. El objetivo es que estos alimentos, animales y vegetales, se sigan produciendo y consumiendo. Cantidad de productos españoles están presentes entre los más de 5.000 que conforman esta lista, como la cabra Azpi Gorri de Euskadi, la ñora de Guardamar del Segura en Valencia, los guisantes de Arvejo de Castilla o el tomate rosa de Albesa en Cataluña. Los Mercados de la Tierra son el espacio donde agricultores y ganaderos ofrecen directamente al consumidor final, alimentos sanos y de calidad, producidos de forma sostenible.
Cocineros de todo el mundo apoyan el movimiento a través de la Alianza Slow Food o de los Restaurantes Km 0 que utilizan materias primas locales o producidas a menos de 100 km de forma sostenible y sin transgénicos. Estos son los restaurantes españoles adheridos al movimiento:españaslow.es/restaurantes>