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Trucos para tener la bodega en casa

El vino necesita unas condiciones específicas para conservar todas sus propiedades. Aquí se pueden encontrar algunos trucos para mantenerlos a la temperatura y humedad idóneos.

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Publicación Web: 16/06/2015

 

Es necesario contar con unas condiciones mínimas para poder conservar en óptimas condiciones nuestras más exclusivas adquisiciones enológicas, sin preocuparnos por cambios de temperatura, humedad, suciedad…

Si un aficionado desea conservar botellas, debe saber que una buena bodega casera debe situarse en un lugar donde el vino no sufra cambios demasiado bruscos de temperatura ni la agresión de la luz, los olores fuertes -de pinturas o insecticidas-, humos, ruidos excesivos o vibraciones. Desestime el almacenamiento de botellas en la cocina o el garaje. Busque la orientación menos cálida de la casa. Es deseable que los vinos permanezcan en una atmósfera fresca, por encima del 70% de humedad relativa; que la temperatura no baje de 10ºC ni supere los 20ºC y que haya una cierta ventilación. Los sistemas de aire acondicionado junto a algunos humidificadores y armarios climatizados son una solución rentable para mantener los vinos a la temperatura y humedad idóneos.

Bodega subterránea

Los locales que más se acercan a estas condiciones ambientales son las clásicas cuevas de las casas de campo tradicionales o de los viejos edificios, así como en estancias subterráneas de las nuevas viviendas.

Si existiera la posibilidad de construirla, deberá situarse cerca del muro norte, en el que inciden menos los rayos del sol y queda por tanto protegido de cambios bruscos de temperatura. Convendrá también aislar la habitación lo mejor posible de los ruidos, evitando la proximidad de fuentes de calor, como chimeneas, olores, procedentes de despensas o alacenas donde se guarden insecticidas, abonos, pinturas u otros productos químicos.

Para conseguir un nivel aceptable de humedad en el caso de una habitación demasiado seca, un sistema adecuado y barato es la simple colocación de recipientes con agua distribuidos convenientemente. El agua debe renovarse con frecuencia. También los aparatos humidificadores son una solución eficaz.

El suelo de tierra es el más adecuado; absorbe la humedad excesiva y en caso necesario puede ser fuente de humedad mediante un ligero riego. En esta última circunstancia hay que tener cuidado para que no se formen charcos en los que puedan desarrollarse bacterias perjudiciales para el vino. Si no es posible tener suelo de tierra, el mejor sustituto es un terrazo poroso. Nuestra bodega debe ser oscura, iluminada por una simple bombilla.

Amueblar la bodega

Las opciones para almacenar botellas son variadas y casi todas válidas. Desde unas simples estanterías metálicas desmontables hasta botelleros de madera, pasando por materiales plásticos, mampostería e incluso botelleros de metacrilato o de piedra volcánica. Es recomendable no almacenar las botellas en cajas de cartón, ya que con el tiempo se deterioran y podrían contaminar el vino.

En bodegas con humedad alta no interesan los muebles de madera porque tarde o temprano acaban siendo atacados por la humedad y se deterioran. Las estanterías metálicas dan menos problemas, pero se oxidan y no son estéticamente atractivas, si bien es cierto que esa oxidación del metal no afecta, en principio, al vino. En estos casos, los botelleros de mampostería, de barro cocido o de arcilla son los más eficaces.

Armarios de conservación

Aunque la previsión sea de un consumo a corto plazo, conviene guardar los vinos adecuadamente. Cumplen bien esta función los modernos armarios de conservación y de servicio del vino, con una amplísima gama de modelos y tamaños, incluso con diferentes prestaciones, destinados unos a la conservación y otros a la atemperación del vino para su consumo.

Otro complemento interesante para el aficionado es el aparato de creación de atmósfera inerte en una botella abierta. Con su utilización se evita la pérdida de ese resto de vino que no se ha consumido durante la comida y que, al permanecer en contacto con el aire, pierde buena parte (o la totalidad) de sus cualidades. El sistema consiste en sustituir el aire de la botella por nitrógeno, creando un ambiente que impide la oxidación del vino.

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