Japón

La costa del sol poniente

Déjanos tu valoración:

Autor: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 01 de octubre de 2018
Fecha Publicación Web: 01 de octubre de 2018

Japón es hoy uno de los países más civilizados del mundo, al que llegó la cultura desde el continente asiático para asentarse en el archipiélago nipón, donde ha ido evolucionando en el aislamiento medieval hasta desarrollar sus propias especificidades. Tras la fascinación del Japón contemporáneo que ha construido grandes urbes tan modernas como Tokio, se ocultan otras regiones que mantienen profundas relaciones con un pasado de arte, ritos y tradiciones artesanales.

Viajando desde la capital hacia el oeste nipón, hasta la costa que podría llamarse del Sol Poniente, se encuentran numerosos tesoros poco conocidos por los viajeros occidentales. Desde Tokio a Shirakawa-go se recorre el camino que une el Japón del siglo XXI con el de sus más remotas tradiciones. La región de Hokuriku se extiende al oeste de Tokio, en la isla de Honshu, y ha sido una de las últimas en contar con trenes de alta velocidad, que ahora permiten hacer una cómoda incursión a través de su territorio.

Una escapada a la capital

Antes de embarcarse en el tren bala de Hokuriku hacia el desconocido oeste, conviene detenerse algunos días en Tokio. Siempre es un placer asomarse al mercado de pescado de Tsukiji, el mayor del mundo. No hace falta tener un propósito concreto para dar un paseo por el hiperactivo barrio de Shinjuku, con sus tiendas de electrónica, sus karaokes y restaurantes, ni para disfrutar del glamuroso barrio de Shibuya con su ambiente de consumo y moda.

Aunque a los restauradores y chefs les gustará pasear por la calle Kappabashi-dori, donde se acumula un centenar de tiendas de menaje, de vajillas, de cuchillos de cocina y de artistas que elaboran platos artificiales de cera para el escaparate de los restaurantes. Tras el reencuentro con Tokio, hay que dirigirse a la estación de tren para tomar el Hokuriku Shinkansen, el tren de alta velocidad que enlaza los lugares más fascinantes de las prefecturas del occidente de la isla de Honshu, Saitama, Niigata, Fukui y Gifu.

A toda máquina

La primera parada, a media hora de viaje, es Kawagoe, en la prefectura de Saitama, una pequeña ciudad que conserva un precioso barrio tradicional, en el que la calle Kurazukuri es la imagen viva del Japón milenario, con los viejos almacenes repletos de encantadoras tiendas de productos naturales y de artesanía. Entre sus monumentos destaca el pequeño templo de Nakain, del siglo IX, cuyos monjes llevaron por vez primera el té hasta Japón, hace 1.200 años, y el vecino conjunto religioso de Kitain.

En Saitama, a media hora de tren en el Hokuriku Shinkansen, se encuentra un extraordinario Museo del Ferrocarril, dedicado al medio de transporte que ha transformado por completo la vida cotidiana de Japón en poco más de un siglo. Además de visitar un vagón del primer tren bala, el Shinkansen estrenado para los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, es posible pilotarlo desde un simulador y admirar las máquinas y vagones históricos reunidos en un museo descomunal.

Saitama es conocida por las muñecas Iwatsuki, pequeñas obras de arte realizadas con madera de Paulownia, de color y textura semejante a la piel humana, que se pueden ver en el Togyoku Doll Museum.

Entre montañas

El tren se adentra después en la prefectura de Niigata, hogar de los hermosos Alpes japoneses, cubiertos de nieve en invierno, con buenas estaciones de esquí y escenario de fantásticas rutas senderistas a través de sus bosques en verano. La que lleva hasta la cascada Naena-Taki, es siempre escogida por los viajeros entre los rincones más bellos del país.

Desde la estación de tren de Joetsu Myoko se accede al complejo hotelero situado al pie del monte Myoko, donde se levanta, desde julio a noviembre, la fascinante instalación nocturna Myoko Happiness Illumination, formada por un millón y medio de luces led, que permiten al visitante adentrarse en un mágico espacio de fantasía nocturna en plena naturaleza.

La sucesión de insólitas maravillas debe incluir los jardines del parque Takada, en Joetsu, situado en torno a una primitiva fortaleza, donde tres mil cerezos florecen en primavera para convertirse en el lugar más bello del país durante varias semanas. Entre los árboles del parque se conserva la maravillosa casa del artista Kobayashi Kokei, una obra maestra de arquitectura del estilo Yoshida, construida en 1934.

Producto marino

Un mercado cercano al monasterio muestra la pasión japonesa por la gastronomía marina. Impecablemente limpios y frescos, se puede ver una enorme variedad de mariscos y pescados, del cangrejo real a las modestas sardinas. Es curioso comprobar que el bonito también recibe ese nombre en Japón, un país al que hemos prestado la palabra tempura, de origen latino, que llevaron los misioneros portugueses y españoles para rebozar pescados y verduras en cuaresma.

Las grandes nevadas que acumulan los Alpes japoneses durante el invierno aportan gran cantidad de agua pura cuando llega el deshielo, que se emplea para regar los campos de arroz. Agua pura y arroz son la base del sake, la bebida alcohólica japonesa que tiene en Joetsu uno de sus santuarios. A pesar de estar bajando el consumo de sake en Japón, se apuesta por la calidad y por nuevas maneras de tomarlo.

Nuevas sensaciones

A partir de Itoigawa, el tren recorre la costa oeste de la isla, donde el Mar de Japón ofrece lugares casi desconocidos por los viajeros occidentales, en los que Hokuriku muestra su sorprendente maridaje de vanguardia y tradición, de maravillas naturales y humanas. El Fossa Magna Museum, invita a conocer a fondo la gran grieta, producida por la colisión de placas tectónicas, que corta al país de costa a costa.

Se explica la razón de la abundancia de volcanes en Japón y se muestra una impresionante co-lección de fósiles en el mismo lugar en que la gigantesca falla tectónica llega al mar. El Tanimura, expresa la delicadeza del arte nipón, tanto en el tradicional jardín de rocalla, como en el edificio vanguardista diseñado en 1983 por el arquitecto Togo Murano, autor de la Catedral conmemorativa de la Paz Mundial de Hiroshima.

El final de trayecto del Hokuriku Shinkansen se encuentra en Kanazawa, a sólo 51 minutos desde la estación de Itoigawa, en el corazón de una de las zonas que mejor conservan las tradiciones del Japón milenario en la prefectura de Fukui. Entre ellos, los balnearios de aguas termales de Awara Onsen, lugar ideal para descubrir sus ryokan, maravillosos hoteles que conservan la tradición de la antigua hospitalidad japonesa, en edificios clásicos, con jardines propios, y habitaciones con piso de tatami en las que se duerme en el suelo sobre un futon. La experiencia ryokan también incluye la gastronomía tradicional, la comida sousaku ryori, que combina creatividad con productos y preparaciones tradicionales.

La calma

Cerca de Fukui se encuentra el espectacular monasterio de Eihei-ji, de la importante escuela Sötö del budismo zen. Un edificio, comenzado en el siglo XIII, que atesora más de setenta pabellones unidos por patios, terrazas y galerías en el interior de un bosque de cedros centenarios. Hoy sigue siendo un centro de meditación de reputación mundial, en el que Steve Jobs, fundador de Apple, deseó unirse a los 200 monjes zazen que meditan sentados, junto a algunos viajeros que comparten el recogimiento durante varios días.

Al sur de Awara, el pueblo de Echizen extiende sus campos de arroz hasta el mar, y mantiene vivas numerosas artesanías ancestrales. No sólo siguen elaborando, desde hace 1.500 años, washi, el mejor papel hecho a mano de Japón, también fabrican cuchillos, alfarería y lacados antiguos.

El final del camino

En la vecina prefectura de Gifu, merece especial atención, la ciudad de Takayama, que conserva un viejo barrio de comerciantes en plena actividad. Y, antes de dejar Gifu y tomar el camino de regreso a Tokio, o de cerrar el viaje en la bella ciudad de Kioto, es imprescindible conocer Shirakawa-go, un valle aislado entre montañas y bosques, dedicado a los cultivos de arroz. Allí, en el pueblo de Hida-no-Sato, se conserva más de un centenar de casas de madera con cubiertas vegetales, que se conocen como gassho-zukuri, por la forma de manos en oración que toman sus tejados.

Etiquetas: Viaje, Japón, Tokio, costa,

Viaje Japón

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Al utilizar nuestra web aceptas el uso de cookies; puedes obtener más información sobre las cookies y su uso en nuestra web en la sección de Política de Cookies.

Aceptar