En octubre de 2018 el equipo de cata del Grupo Gourmets inició los preparativos para publicar una nueva edición de la guía pionera del panorama vitivinícola español que, fiel a sus principios, divulga con total independencia y rigor todo lo acontecido en el sector hasta finales de septiembre de 2019.
Parecía que las bodegas sólo iban a luchar por adaptarse al cambio climático y enfrentarse a las trabas futuras en la exportación derivadas del Brexit o a los anunciados aranceles estadounidenses, importantes mercados para la mayoría de los elaboradores nacionales. Pero se han sumado sorprendentes noticias que han hecho de esta edición una de las más agitadas de los últimos años.
¿Cómo valoramos?
Pasan los años pero la filosofía de la GVG es inmutable, siendo el sistema de cata a ciegas –procedimiento mediante el que un vino es calificado desconociendo su marca– el único aceptado dentro del Grupo Gourmets.
A través de este método el Comité de Cata de la Guía Vinos Gourmets (GVG), compuesto en la 35 edición por 25 reputados profesionales en activo –enólogos, sumilleres, periodistas y catadores–, no se ve alterado, en ningún caso, por intereses externos, comerciales o publicitarios.
Gran contenido
La GVG no pretende ser un censo de bodegas y debido a la singular metodología de cata, que consiste en no valorar más de 20 muestras en cada sesión, la información publicada se limita a un escogido número de vinos al año.
En total, durante estos meses, se han llevado a cabo 218 catas a ciegas y el equipo ha hecho acopio de datos de 4.360 vinos evaluados. Pero hay que aclarar que exclusivamente 2.098 han obtenido una puntuación mínima de 80 sobre 100 y por lo tanto figuran calificados y comentados.
Como información adicional, el usuario puede consultar las particularidades de 121 zonas vinícolas (divididas por Comunidades Autónomas), una relación de 210 tiendas especializadas y 180 referencias de fiestas relacionadas con el mundo del vino.
Nuevas adquisiciones
El consumidor puede pensar que hacer un vino es un trabajo rutinario y que el día a día de los profesionales relacionados con el sector vinícola es algo monótono, una creencia que se aleja considerablemente de la realidad. Los cambios en las áreas enológicas son constantes, así como la aparición de nuevos actores al más puro estilo Falcon Crest. Cada vez son más frecuentes las disputas familiares por el devenir de algunas bodegas, como las que se han originado en la afamada zona de Ribera del Duero, unas desavenencias que se pueden propagar al resto de denominaciones de origen.
Eso sí, desde hace unos años la compra-venta de bodegas es la tónica generalizada de nuestro quehacer diario. Así, al leer la sección económica de los diversos periódicos generalistas se pueden encontrar habitualmente noticias de adquisiciones, absorciones y uniones entre empresas dedicadas al sector vinícola.
Entre las más sonadas de los últimos meses son dignas de mención la compra de dos bodegas en la DO Ribeiro, Viña Meín y Emilio Rojo, por parte de Pago de Carraovejas (DO Ribera del Duero); la incursión de Marqués de Cáceres (DOCa Rioja) en la DO Ribera del Duero tras la adquisición de la bodega Finca La Capilla –otrora bodegas Robeal–, en la población de Roa (Burgos); y la apuesta del grupo jerezano González Byass (DO Jerez) por ampliar su portfolio con vinos amparados bajo el sello de calidad de la DO Ribera del Duero, que se hace con la propiedad O. Fournier, en Berlangas de Roa (Burgos).
Más sostenibles
Hace tiempo que la gran mayoría de viticultores y bodegueros trabajan con medios sostenibles para ser más respetuosos con el medio ambiente. España cuenta con las condiciones necesarias para desarrollar un cultivo que minimice el impacto negativo en el entorno natural.
Gracias a este cambio de mentalidad cada vez es más frecuente encontrar en los etiquetados el símbolo europeo que certifica que un vino ha seguido desde el campo hasta el embotellado todos los procesos para obtener la mención de ecológico/orgánico.
Para veganos
Una de las grandes tendencias que se ha podido observar en esta edición de la Guía Vinos Gourmets es que muchos elaboradores han adaptado sus técnicas y prácticas enológicas a los nuevos estilos de vida como el veganismo, que rechaza el uso de productos y servicios que deriven de los animales. Para obtener estos vinos hace ya algunos años que los elaboradores emplean una serie de arcillas –la bentonita es la más habitual– a la hora de clarificarlos, así como proteínas del trigo, guisantes, patatas o incluso sustancias procedentes de algas marinas –llamadas carragenanos–, en lugar de utilizar claras de huevo –albumina de huevo–, gelatinas de origen animal, normalmente procedentes de cartílagos de pescado, o la conocida como ictiocola/cola de pescado, que es la vejiga natatoria de algunos peces.
Aunque la legislación sobre este tipo de vinos aún no está muy definida, para facilitar su identificación, algunas bodegas obtienen a través de entidades privadas de origen europeo el sello que los certifica como veganos.
Auge blancos y rosados
La demanda de vinos rosados y blancos parece que no toca techo en los últimos años y los vinateros se esmeran por recuperar varietales y métodos de elaboración que les diferencien de sus competidores internacionales. La calidad, cada vez mayor, diferenciación y precios les hace ser muy apreciados en los diferentes mercados del mundo. El aumento en el consumo de vinos blancos favorece la adaptación de diversas instituciones para actualizar su reglamentación.
Así, por ejemplo, el Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero ha aprobado recientemente el empleo de la uva blanca albillo. De esta manera, a partir de la cosecha 2019, podrán aparecer las primeras botellas de blancos certificados con la tirilla de dicho Consejo. Es importante mencionar que no sólo se fermantan vinos blancos en depósitos de acero inoxidable, existen otra serie de envases que están siendo utlizados para obtener vinos más complejos. Así es posible encontrar, a la hora de fermentar este tipo de vinos, el uso de la tradicional barrica de roble de diferentes orígenes –francés, americano, húngaro e incluso gallego–, depósitos ovoides tanto de hormigón como de madera de roble, ánfaros, tinajas e incluso alguna experiencia en granito.
En cuanto a los rosados, su producción y calidad también van en línea ascendente o como se diría a nivel educacional, progresan adecuadamente. Para su elaboración se están recuperando varietales autóctonos como es el caso de la leonesa prieto picudo, la gallega/asturiana bastardo –también conocida como merenzao, trousseau, verdejo negro o Roibal–, la gallega caíño y las catalanas xarel.lo, vermell y mandó.