Viaje San Francisco

Abierta y Libre

Una de las ciudades más activas del planeta. Urbe viva e inabarcable, donde a diario hay decenas de actos relacionados con el arte y el ocio y en la que el buen comer y el buen beber juegan un papel determinante para sus habitantes.

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Por Alfredo García Reyes

Publicación Revista: 01/03/2022

Publicación Web: 01/03/2022

Que San Francisco es una de las ciudades más vivas y libertarias del mundo es de sobra sabido: si no, que se lo digan a cualquiera de los habitantes de Castro, el barrio-meca de la comunidad LGTBI desde los años 60 del s. XX. Y buena culpa de este ambiente la tiene la revolución demográfica que supuso la fiebre del oro de mediados del s. XIX. Ese gran movimiento migratorio trajo hasta aquí a miles de buscadores de fortuna desde los más remotos rincones del planeta. Muchos se hicieron ricos con el dorado metal aunque, claro, la inmensa mayoría pasó a convertirse en mano de obra barata –prácticamente esclava– para la construcción de las muchas infraestructuras que iba demandando la ciudad y el resto de California. Aquellos inmigrantes, como ocurrió en otras grandes ciudades de Estados Unidos, se agruparon por barrios según su origen, buscando la seguridad de una lengua y culturas comunes. Pero, con el tiempo, todos se acabaron mezclando, conformando una sociedad multicultural, colorista, diversa y bastante más desprejuiciada que la que caracteriza a buena parte del interior del país.

Chinatown y Little Italy

Sin duda, el barrio con más personalidad étnica del centro de San Francisco es Chinatown. En su dédalo de calles los farolillos que cuelgan de fachada a fachada, la cartelería en mandarín de los negocios y la población misma que lo habita, traslada de forma inmediata al gran coloso asiático. Los restaurantes también, claro. Entre ellos, destaca Mister Jiu’s, con el ingenioso cocinero Brandon Jew a la cabeza. Sus propuestas son como para una celebración de boda –refinadas, abundantes y creativas–, servidas en un agradable local que, desde hace años, luce con orgullo una estrella Michelin.

Una cuestión interesante esta del Chinatown francisquino y sus restaurantes. Lo que hoy conocemos como cocina china internacional nació aquí a principios del siglo XX: los miles de nacionales de ese país que llegaron para la construcción del ferrocarril se vieron obligados a adaptar los ingredientes que tenían a mano a sus recetas ancestrales. Nació así una forma de interpretación y estandarización de la gastronomía china que luego se fue ex-tendiendo por el resto del planeta. Una visita imprescindible en Chinatown es el pequeño obrador Golden Gate Fortune Cookie Factory, que elabora y vende las galletas de la suerte, cada una con su propio mensaje presuntamente adivinatorio, que luego se ofrecen como cortesía en miles de restaurantes orientales del mundo. Junto a Chinatown y englobada en el barrio de North Beach, está la zona de Little Italy, por la que pasaron, como es obvio, buena parte de los inmigrantes italianos. Bajo la emblemática Torre Coit (1933), ellos y sus descendientes extendieron un barrio con una agradable hospitalidad, plagado de restaurantes y tiendas con productos de la ultramar mediterránea. En este sentido, sorprenden negocios como Molinari Delicatessen, que desde 1896 trae hasta aquí los mejores embutidos, quesos, conservas, vinos y licores de Italia. Un local que, por lo surtido y la selección de productos, bien podría estar en cualquier barrio popular del centro de Roma.

La herencia italiana también ha derivado en las enormes pizzas y platos de pasta que sirven en el restaurante Mona Lisa. El local, además, muestra una decoración tan ecléctica y estridente como finalmente divertida. Otro ejemplo de heterodoxia es el café Mario’s Bohemian Cigar Store, famoso entre la población local por sus generosos sándwiches.

Multiétnico y señorial

Con permiso del Financial District y su catálogo de arquitectura moderna en forma de rascacielos –la Pirámide Transamericana es el icono más reconocible del San Francisco de finales del s. XX–, ahora el barrio más multiétnico de la ciudad es Mission District. También, y por eso mismo, es uno de los más activos a nivel creativo. La zona creció en torno a la Misión Dolores en el s. XVIII y hoy es un gran lienzo para el arte urbano, con calles tan atractivas como la de Valencia, en la que se arraciman restaurantes de especialidades asiáticas, europeas y latinoamericanas, tiendas de moda y complementos, virtuosos tatuadores, librerías, salas de exposiciones… Para imbuirse de la vibrante personalidad del barrio habría que acercarse durante el fin de semana a Dolores Park, agradable y principal punto de encuentro de sus habitantes, que vienen aquí a practicar deporte, tomar el sol e improvisar picnics.

No tan eclécticas, pero francamente atractivas, son las Pinted Ladies de Alamo Square. Símbolo de la ciudad, estas casas son un ejemplo de la arquitectura victoriana en madera, supervivientes del cataclismo sufrido durante el famoso terremoto y posterior incendio de 1906. Un tipo de construcción que se repite en los principales barrios acomodados de la ciudad, entre ellos, Embarcadero y Presidio, conectados por la calle Lombard, muy conocida por su sinuoso trazado entre parterres de flores y suntuosas mansiones. Es uno de los lugares más visitados y, para controlar el paso de los vehículos motorizados, desde hace un tiempo es necesario pagar un peaje, frente a esto, la opción de subir o bajar a pie también garantiza el espectáculo.

Más allá de lo urbanístico, si hay que destacar un emblema auténticamente sanfranciscano, es obligado mencionar los lobster roll y la clam chowder. Es decir, los bocadillos de bogavante y la sopa de almejas con patata, cebolla y dados de panceta, ésta servida en el interior de un pan redondo. Cualquiera de las dos opciones es deliciosa y se pueden tomar en todos los barrios de la ciudad. Pero, sin duda, lo más popular es hacerlo en el Pier 39, centro de ocio en torno a la gastronomía y atracadero de los barcos turísticos hacia el Golden Gate y la isla de Alcatraz. Por ejemplo, en el restaurante Pier Market.

Golden Gate y Alcatraz

Una buena manera de entender la importancia y grandiosidad del icónico Golden Gate –casi dos kilómetros de longitud y 227 metros de altura– es cruzarlo en bicicleta de alquiler hacia la localidad residencial y vacacional de Sausalito. Mientras que sobre la mítica isla-prisión de Alcatraz, conviene saber que ahora es un museo de visita más que recomendable, englobado dentro de la red de Parques Nacionales de Estados Unidos.

No tan llamativo como el Pier 39, pero también recomendable, es el Ferry Building, de donde parten los barcos que a diario trasladan a los trabajadores de las diferentes ciudades de la bahía de San Francisco (Berkeley, Richmond, Oakland…). El bonito edificio portuario es también un mercado gastronómico en el que adquirir delicias llegadas de los confines de planeta. Y justo enfrente está uno de los restaurantes más singulares del San Francisco actual, One Market, en el que el chef Mark Dommen y su multicultural equipo, ofrecen su propuesta de cocina local con influencias e ingredientes de los más diversos países del mundo. Quizás, es su manera de remarcar que la apertura de San Francisco a otras culturas y formas de entender la cocina, y la vida misma, es la mayor riqueza y el principal orgullo de sus libertarios habitantes.