Viaje Liubliana

La ciudad del dragón

La poderosa mezcla de arte, belleza urbana y buena gastronomía que se respira en liubliana, declarada en febrero mejor destino europeo 2022, invitan a disfrutar del ambiente vitalista y mediterráneo de su centro histórico.

Foto: Enrique D. Uceta
Foto: Enrique D. Uceta

Por Enrique D. Uceta

Publicación Revista: 01/04/2022

Publicación Web: 01/04/2022

La capital de Eslovenia es uno de los mejores lugares casi secretos de nuestro continente. Su admirable combinación de cultura, arte, diversión y naturaleza hacen de su centro histórico peatonalizado un relajado remanso de hermosura y alegría. La ciudad se propuso, hace más de un siglo, emular a Viena, capital entonces del imperio austrohúngaro, emblema de civilización y distinción, y logró que el casco antiguo se transformara en uno de los espacios urbanos más elegantes del continente. Tras finalizar la segunda guerra mundial, Eslovenia permaneció detrás del telón de acero. Ahora, pasados más de 30 años desde su independencia y 18 de su integración en la UE, el país ha renacido con fuerza y se incorpora a la calidad de vida de sus vecinos del norte.

Arquitectura artística

Liubliana se acerca a los trescientos mil habitantes, pero su centro es perfectamente abarcable a pie, de manera que un vuelo directo y un hotel céntrico son ideales para pasar unos días disfrutando de una ciudad histórica repleta de gente joven, con 60.000 estudiantes universitarios animando las calles, los bares y restaurantes. Presidida por una alta fortaleza medieval junto al río Ljublianica, su parte más antigua se sitúa entre el castillo y el cauce fluvial. Los s. XVI y XVII vieron nacer los bellos edificios renacentistas y barrocos que perduran en una urbe famosa por su interés en el arte. Algunos inmuebles destruidos por un terremoto a finales del XIX fueron reconstruidos en estilo Art Nouveau y pronto llegó la influencia de los grandes arquitectos vieneses, como Otto Wagner y Adolf Loos. Así acumula en su núcleo histórico una rica colección de edificios destacados surgidos durante los últimos cinco siglos. Liubliana tuvo la fortuna de contar con un arquitecto genial, Jože Plečnik, que, llevado por su amor al mundo clásico, intentó convertirla en una nueva Atenas. Para ello convirtió el entorno del río en un espacio majestuoso, con anchos paseos en cada orilla, columnatas y puentes saltando sobre el agua, y enlazó la ciudad antigua y la moderna con un triple puente de piedra y una amplia plaza. Sus intervenciones integraron los restos de la muralla de la antigua ciudad romana de Emona, el castillo, el cauce de los ríos Ljublianica y Gradaščica, los barrios de ambas riberas, y construyó un hermoso Mercado Central, quizá el más distinguido de Europa.

La plaza del mercado

La visita puede empezar en la plaza Vodnik, subiendo al castillo en un teleférico panorámico para asomarse a la vista aérea de las casas arracimadas en torno al paso del río. Tras la visita del castillo y sus museos, es posible bajar a pie por los jardines para llegar a la ciudad medieval, con su parte más antigua en torno a la plaza Stari y las iglesias de San Florián y Santiago. El encantador ambiente de las viejas casas se prolonga en la larga plaza Mestni, con la monumental fuente de los Tres Ríos de Carniola junto al edificio del Ayuntamiento, del s. XV, y continúa en el tramo que pasa ante la catedral barroca de San Nicolás, con interior recubierto de extraordinarios frescos, para llegar hasta la plaza de Valentin Vodnik, autor del primer libro de cocina escrito en esloveno. Es una plaza gastronómica, en la que coinciden el mercado al aire libre de los agricultores, y el Mercado Central. Los campesinos ofrecen sus formidables ledenkas, lechugas locales, y las deliciosas fresas en temporada, mientras el armonioso Mercado Central es una obra maestra realizada por Plečnik en los años treinta, que todavía acoge los mejores productos del fértil entorno agrícola de la capital, y donde mantienen la venta de pescado en el interior de un edificio neogriego. Al otro lado del río, en una tranquila caminata, se pue-den encadenar los lugares más encantadores de Liubliana. La plaza dedicada al poeta nacional Prešeren, el parque Zvezda, la Universidad, el palacio de la Filarmónica Eslovena, la incomparable Biblioteca Universitaria de Plečnik, la plaza de Križanke y el monumento que recuerda que el país perteneció a las provincias Illirias en tiempos de Napoleón. En pocos minutos se llega a los restos de la Emona romana, y a Trnovo, donde se ha rehabilitado la casa de Plečnik, sencilla, seductora, testimonio de su admiración por la antigüedad, el dibujo y el patrimonio que amó, hasta transformarlo en una exquisitez arquitectónica. Sus obras son Patrimonio de la Humanidad, y fue un milagro que las completara antes de que la ciudad se sumergiera en la antigua Yugoslavia.

Alta gastronomía

Liubliana fue designada, hace seis años, capital verde europea, gracias a que es una de las que cuentan con mayor proporción de espacio público arbolado per cápita. Aquella elección generó un movimiento de apoyo a la sostenibilidad, y muchos restauradores empezaron a trabajar con productos cercanos y dietas sanas, logrando el título de Región Europea de la Gastronomía 2021. También atrajo la atención de las guías Michelin, que ese año seleccionaron 53 restaurantes recomendados, re-conociendo a una nueva generación de grandes cocineros. Algunos han abierto sus restaurantes en Liubliana, como el sólido y reputado JB Restavracija de Janez Bratovž, otros se han encaramado al castillo, donde abre sus salas Strelec, de Igor Jagodic, de cocina tan excelente como las vistas desde la torre. En el patio de la misma fortaleza brilla la calidad, por encima de la sofisticación, de Gostilna na gradu, y en la parte baja destaca el experimental Atelje, de Jorg Zupan. La lista es larga y los precios muy razonables. Hay restaurantes estrellados con menú a 24 €.

Km 0

No es extraño que Liubliana sea una de las ciudades más atractivas para un viaje corto en Europa, ideal para descubrir un destino que combina la comida tradicional de las gostilnas, las fondas, con la nueva cocina que ha renovado por completo la oferta, acentuando sus aspectos más mediterráneos. En las gostilnas permanece la memoria de la cocina austrohúngara, con potentes sopas vegetales, guisos, goulash, platos de carne servidos con champiñones, repollo, judías y patatas, y las salchichas y morcillas de la cocina rural. Los restaurantes modernos incorporan pescados del Adriático, pulpo y mariscos, y no rechazan productos como el morro de cerdo, la lengua de ternera, o la carne de venado, pero la tendencia es la de sumar platos veganos, elaborados con frutos de las huertas cercanas, trabajando con agricultores y ganaderos de proximidad que ofrecen un excelente producto. Los vinos son muy variados, con protagonismo de uvas riesling y cabernet sauvignon, que completan un rico panorama enogastronómico. Liubliana ha recuperado el esplendor que logró a mediados del s. XX. Las calles del casco viejo y los paseos del río están siempre rebosantes. Se han llenado de restaurantes tradicionales y de bistrós asequibles que sacan sus mesas a un precioso espacio urbano, de manera que una buena degustación es excusa más que suficiente para sentarse a disfrutar de una de las ciudades más hermosas de Centroeuropa.