Viaje Lago Constanza

El mar suabo

Alemania, Suiza y Austria comparten las orillas del lago Constanza que, alimentado por el Rin y rodeado de los montes subalpinos, alberga un increíble patrimonio cultural y paisajístico.

Foto: Carlos R. Zapata
Foto: Carlos R. Zapata

Por Carlos R. Zapata

Publicación Revista: 01/06/2022

Publicación Web: 01/06/2022

El lago Constanza, Bodensee en alemán, enclavado dentro de la región de Baden-Wurtemberg, toma su nombre de la población alemana de Constanza-Konstanz. Con una longitud de 65 km de largo por 15 de ancho, es en realidad un ensanchamiento del Rin, formado por un enorme glaciar que fue anegado por el río una vez que el hielo desapareció. El Rin, nace en el Cantón de los Grisones de Suiza y desemboca en el lago cerca de Bregenz, en territorio austriaco, para volver a aparecer en la ciudad suiza de Stein am Rhein. A partir de ahí el Rin es ya en el gran río que recorre media Europa, hasta su desembocadura en el mar del Norte.

Rodear el lago

El lago se puede rodear en coche, andando por los numerosos senderos que lo bordean, o de la manera más romántica, navegando en los ferrys que cruzan de una orilla a otra, es decir de Alemania a Suiza, y viceversa, y en menor medida desde la orilla austriaca. También hay otra opción muy curiosa, aunque cara, y es sobrevolarlo en un Zeppelin. En Constanza nació el inventor alemán Ferdinand von Zeppelin, y en la ciudad de Friedrichshafen, se encuentra un museo dedicado a él, desde donde vuelan dirigibles de alta tecnología, silenciosos y lentos, para que los turistas puedan disfrutar de un paisaje sin parangón con los Alpes en el horizonte. Y desde luego la vuelta al lago, también conocido como el Schwäbische Meer –el mar suabo–, se puede hacer en bicicleta, de una manera fácil gracias a la llanura que lo rodea y a los caminos adaptados a tal fin. Son 237 km bien señalizados y se pasa por los tres países, pudiéndose hacer todo el recorrido en 7 días. Un paseo entre viñedos y campos de manzanos, bosques, humedales y lógicamente playas, en las que se puede aprovechar para darse un baño si el tiempo acompaña.

La ciudad del concilio

Constanza, la ciudad que da nombre al Bodensee, fue famosa en el s. XV por el Concilio que lleva su nombre, y además tuvo la suerte de no ser bombardeada en la II Guerra Mundial, gracias a encontrarse prácticamente junto a Suiza, lo que ha hecho que conserve intacto su casco histórico. Junto al espigón del puerto, rodeado de un bonito parque con árboles centenarios, se aparece la gigantesca escultura de Imperia, que se dice fue una meretriz que se hizo rica durante el Concilio de Constanza ofreciendo sus favores. La escultura está continuamente dando vueltas gracias a un pedestal giratorio y en sus manos sostiene al Papa Martín V y al emperador del Sacro Imperio Romano, Segismundo.

En los numerosos restaurantes de la ciudad, será imprescindible degustar algunos de los platos típicos de toda la zona. Las Maultaschen, una especialidad de pasta, con un abundante relleno de carne de cerdo en combinación con espinacas, pan, huevo, cebollas y especias seleccionadas o el Käsespätzle, fideos cortos y gruesos con queso fundido y cebollas asadas, servidos en cazuelas. En cuanto al pescado del propio lago, el más conocido y apreciado es el Corégono-Lavareto.

Dos islas con encanto

Muy cerca de Constanza se encuentra la isla de Reichenau, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco gracias a sus tres iglesias románicas, y la isla de Mainau, una de las más visitadas por su impresionante jardín que acoge un palacio barroco, una cascada con saltos de agua, un zoo de mascotas y sobre todo un recinto Schmetterlingshaus donde se puede disfrutar de cientos de coloridas mariposas. Prosiguiendo el camino por las orillas de este mar suabo, no estará de más recalar en algunas de las numerosas Gastätte o Gasthöfe, tabernas rurales donde se puede degustar cocina casera, o también en los Bierkeller o Weinkeller, más especializados en la cerveza o vino, y para picar las típicas salchichas Bratwurst. En la orilla opuesta se encuentra Überlingen, una de las ciudades con encanto que ofrece un marcado acento mediterráneo gracias a su Promenade o paseo principal.

Tierra de vinos

Pocos kilómetros más al sur, se encuentra Birnau, otro de los hitos de esta ruta que alberga la Wallfahrtskirche –Iglesia de los Peregrinos–, impresionante construcción barroca, con un interior de estilo ornamental rococó, que apa-bulla por su belleza. Su fachada de color rosa, que domina el lago desde lo alto de una colina, contrasta con el verde de los viñedos, que en un suave descenso llegan hasta las orillas. El lago Constanza está, gracias a su clima templado, predestinado para la viticultura. Las fiestas del vino en agosto y septiembre son algunas de las propuestas más interesantes para degustar el Müller-Thurgau, de uva blanca con perfume de manzana verde, hierbas aromáticas y matices minerales y vegetales. El lugar perfecto para acudir en esta época es Meersburg, una encantadora ciudad con castillo medieval incluido, que ha sido a lo largo de los siglos el centro del comercio vinícola de todo este territorio, por eso es imprescindible acercarse al museo vineum-bodensee, con visitas guiadas y cata de vinos.

En Lindau, última parada de la orilla alemana, es obligatorio pasear por sus calles que conservan bonitos edificios históricos como el Ayuntamiento, y sobre todo por su recoleto puerto protegido por una dársena circular y terminar la visita en el mirador del faro desde el que se obtiene una maravillosa vista. Desde aquí, Austria se encuentra a tiro de piedra con un pequeño territorio a sus orillas, donde se ubica la ciudad más importante, Bregenz. Será imprescindible en esta bonita ciudad subir en teleférico a la cumbre del monte Pfänder, que brinda un panorama impresionante, mientras se prueba un Strudel.

Manzanas y cataratas

La orilla suiza ocupa prácticamente todo el sur del lago. En Altnau, capital suiza de la manzana, habrá que hacer un descanso en alguna granja para tomar un tentempié a la sombra de los manzanos, regado con un buen zumo de este fruto y degustando también el queso Tilsiter típico de esta región.

Tanto en Alemania como en Suiza, las manzanas de este mar suabo son sinónimo de calidad y en la época de la cosecha se pueden comprar directamente a los productores. Además de la fruticultura, la elaboración artesanal de aguardiente de frutas también tiene una larga tradición en toda la zona junto con la producción de whisky y ginebra. Siguiendo por la orilla hacia el norte, el Palacio de Schloss Arenenberg, famoso por ser la residencia de Napoleón III en 1817, ofrece una impresionante vista tanto del lago como del río.

El viaje llega a su fin visitando dos de los hitos más interesantes que ofrece Suiza; Stein am Rhein, una localidad que parece salida de un cuento de hadas, con sus casas decoradas con pinturas al fresco, en la que destaca la plaza principal considerada la más bella del país y las cataratas del Rin –en alemán Rheinfall– situadas en Neuhausen, sus 23 m de caída y unos 150 m de ancho, las convierten en las cataratas más gran-des de Europa.