Viaje Jungfrau

El techo de Europa

Montañas míticas para las hazañas alpinas, enormes glaciares y magníficas estaciones de esquí en las que nació la afición por los deportes de invierno, que hoy cuentan con tesoros de la hostelería y la restauración suizas.

Foto: Enrique Domínguez Uceta
Foto: Enrique Domínguez Uceta

Por Enrique Domínguez Uceta

Publicación Revista: 01/12/2024

Publicación Web: 01/12/2024

Jungfrau, en Suiza, es el más alto espacio de esquí de todo el continente. El conjunto de montañas, glaciares y pueblos alpinos con lagos a sus pies es de una belleza extrema. Su accidentada orografía ha sido objeto de deseo de alpinistas y esquiadores desde el s. XIX. La región concentra tres impresionantes picos que forman parte de la historia del alpinismo, Eiger, Mönch y Jungfrau, desde los que descienden los mayores glaciares del continente, con impresionantes pistas para esquiar todo el año. A sus pies se encuentra el elegante pueblo de Interlaken, asomado a los lagos de Thun y Brienz, y, más cerca de las estaciones de esquí, Grindelwald, con sus tradicionales casas de madera, en un entorno de esplendor natural que, cuando cae la nieve, parece una postal navideña.

Entre lagos

Los hoteles de Interlaken y Grindelwald invitan a disfrutar de la montaña, el esquí y la gastronomía cómodamente, gracias a un completo sistema de trenes, funiculares y remontes que permiten moverse a través de 206 km de pistas. No hay ningún otro lugar en que se pueda tomar el asombroso ferrocarril que asciende a 3.435 m, cerca de la cumbre del Jungfrau. Es el ferrocarril que alcanza mayor altura en Europa, y lleva hasta un mirador situado sobre la superficie del glaciar Aletsch, el más grande de los Alpes, ideal para contemplar un inabarcable panorama de picos nevados. Interlaken es uno de los destinos turísticos más antiguos de Suiza que se hizo muy popular a finales del s. XIX por la belleza del lugar, en el encuentro de los lagos Thun y Brienz y a orillas del río Aar. Hoteles clásicos como el Carlton-Europe, con su distinguido aire decimonónico, mantienen la memoria de sus orígenes como destino turístico, que se acentúa viendo navegar un barco de palas, el Lötschberg, en las aguas del Brienz.

La cumbre más alta

El mejor panorama sobre el entorno de Interlaken se encuentra en Harder Kulm, un mirador que se alcanza fácilmente en funicular, desde donde se contempla a vista de pájaro el conjunto de pueblos, montañas y lagos en el fondo de los profundos valles. En el restaurante panorámico de Harder Kulm se puede probar la Fondue Moitié-Moitié, con quesos vacherin y gruyere, típica de los Alpes suizos. El tren también enlaza rápidamente Interlaken con Grindelwald, aloja-miento favorito de los esquiadores y snowboarders que se reparten por los valles inmediatos, en un paraíso nevado que se extiende por las populares áreas de esquí de Grindelwald-Wengen, Grindelwald-First, Kleine Scheidegg-Männlichen y Mürren-Schilthorn. Partiendo de Grindelwald, un moderno telecabina de 2020, el Eiger Express, sube a la estación de Eigergletscher, a 2.320 metros. De ella parte el tren más alto de Europa, el Jungfraubahn, que asciende siete kilómetros por el interior de la montaña hasta los 3.454 metros de altura, en un alarde de ingeniería que asombró al mundo cuando se inauguró en 1912. En el punto más alto del trayecto se encuentra la estación de Jungfraujoch, conocida como el Techo de Europa. En ella espera el Palacio de Hielo, un espacio de ocio que permite disfrutar de las cumbres sin necesidad de ser esquiador o escalador, incluso es posible contemplar el panorama desde las mesas del restaurante Crystal.

Glaciares y tirolinas

A través de un túnel de hielo y de un ascensor abiertos en el interior del Aletsch, se llega al incomparable mirador del observatorio Sphinx, a 3.571 metros. La mirada se extiende sobre el Mittelland, los Vosgos y el glaciar más grande de los Alpes, en un entorno fascinante de montes de cuatro mil metros. Toda la zona de los altos picos de Jungfrau y del Aletsch ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, no solo por su belleza, también por tener el mayor glaciar de Eurasia, y por su presencia en el arte, la literatura y el turismo alpino. Todos los alpinistas conocen la dificultad de ascender la mítica cara norte del Eider, que ya se ha cobrado la vida de 66 personas, y sigue siendo escenario de escaladas memorables que se pueden seguir desde el Hotel Bellevue, situado frente al desafiante muro pétreo. La encantadora Grindelwald es punto de partida de todos los caminos que se adentran en los espectaculares paisajes alpinos. El Wengernalpbahn, el tren continuo de piñón y cremallera más largo de Europa, lleva a las áreas de esquí de Kleine Scheidegg y Wengernalp, al pie de la cara norte del Eiger. Otro camino se dirige a los bellos paisajes de Lauterbrunnen y Mürren apretados por las montañas. Y desde el mismo casco urbano se puede subir en teleférico a First, con unas vistas increíbles de las cumbres, donde además es posible lanzarse en tirolina a más de 70 km/h volando sobre el profundísimo valle, o planear en otra tirolina, First Flyer, que parece un águila llevando en sus garras cuatro pasajeros que alcanzan los 84 km/h en un vuelo de 800 metros. Una pasarela colgada de un acantilado vertical conduce al gran mirador junto al restaurante Bergrestaurant First, en uno de los sitios más bellos de Europa, que tiene en invierno el momento ideal para disfrutar de la nieve.

Alta cocina, fondue y el mejor pan

Después de una jornada de deporte en las pistas, espera un mundo de placer y encanto en el pueblo alpino de Grindelwald, que concentra tiendas de pro-ductos gourmet y restaurantes acogedores en los que conocer la gastronomía local. El maestro panadero Christian Bigler elabora el pan Wetterhorn, el mejor pan de Suiza, ganador del Swiss Bakery Trophy. Hay tiendas de quesos maravillosos elaborados con la leche de las vacas que pastan en los verdes prados durante el verano, y entre sus gran-des cocinas destacan 1910 Gourmet by Hausers, Schmitte y Glacier. La cocina de la región de Jungfrau se expresa en platos básicos de la tradición suiza. La fondue de queso, que es una mezcla de quesos fundidos, vino blanco y ajo, y la raclette, donde el queso derretido se sirve sobre patatas y se acompaña de encurtidos y cebollas, se encuentran en todos los restaurantes, al igual que el rösti, una especie de torta de patata que se toma sola o como acompañamiento. La región de Jungfrau, con su impresionante paisaje alpino y su riqueza cultural ofrece experiencias inolvidables tanto si se buscan emociones en la nieve como el disfrute de la belleza natural y de una hostelería y gastronomía de calidad que transmite el refinamiento y la distinción del turismo suizo, en el mismo lugar en que nació la pasión por los viajes de invierno.

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