Viajes

China milenaria viva

Conocida como la suiza de Asia por el verdor y la abundancia de agua en su territorio, muchos consideran esta región, recientemente abierta a los viajeros, el secreto mejor guardado del país donde perviven escenas rurales ancestrales.

Foto: Enrique D. Uceta
Foto: Enrique D. Uceta

Por Enrique D. Uceta

Publicación Revista: 01/03/2024

Publicación Web: 01/03/2024

Un proverbio dice que en Guizhou no hay tres días de sol seguidos, ni cuatro palmos de terreno llano, ni nadie con tres monedas en el bolsillo. Pero es uno de los lugares más bellos de Asia, en el que subsiste la China milenaria de pueblos de agricultores en montañas remotas. La provincia, en el suroeste del país, se transforma rápidamente y permite acceder a sus maravillas naturales y a su riqueza étnica. Uno de cada tres habitantes pertenece a una de las minorías locales que conservan su forma de vida tradicional con determinación admirable, todavía es posible conocer un modo de vida ancestral vinculado al cultivo del arroz y a la vida comunal en sus evocadoras aldeas. En Guizhou viven ocho millones de personas del pueblo Miao, una etnia que se extiende también por las provincias vecinas de Sichuan, Yunnan y Hunan. Sus espectaculares poblados fortificados se asientan en un entorno singular de empinadas laderas talladas en bancales dedicados al cultivo de arroz. La combinación de atractivos humanos y paisajísticos ofrece la oportunidad de sumergirse en imágenes del Asia intemporal.

Capitalidad gastronómica

Para encontrarse con la gente Miao hay que volar hasta Guiyang, la capital de la provincia, una ciudad moderna con cuatro millones de habitantes, en rápido crecimiento tras salir de un aislamiento secular. Conserva un corazón antiguo a orillas del río Nanming, en el que se refleja el elegante pabellón Jiaxiu del s. XVI, junto al Puente Flotante de Jade. Merecen una visita el precioso parque Qianlingshan, en el que vive el oso panda Xingbao, nacido en España en 2013, y la cercana villa amurallada de Qingyan, construida en piedra hace más de 600 años, que aún mantiene un alto valor patrimonial. La capitalidad de Guiyang es también gastronómica. Además de contar con fascinantes mercados y puestos de comida callejera, posee restaurantes ideales para conocer la cocina de Ghizhou, caracterizada por los caldos agrios y frescos, con los que adoban carnes, pescados y verduras. El arroz glutinoso, el pimiento y las setas de sus bosques aparecen en los platos locales, presididos por el sencillo siwawa, un rollito de primavera vegetariano, el pescado en sopa agria, y los fideos changwang con intestino grueso y sangre de cerdo. Maotai es el licor local más popular, y su salsa picante lao gan ma se ha extendido por el mundo. La ciudad de Guiyang es el punto de partida para descubrir la provincia más modesta de China, donde se ensaya una moderna ecocivilización, aprovechando su exigua industrialización y la permanencia de una sociedad rural.

Con todo su territorio cubierto de montañas y cruzado por un millar de ríos y arroyos, sus bosques atesoran la mayor biodiversidad del país, protegida en 300 espacios naturales, cuatro de ellos en la lista del Patrimonio Mundial. El agua abundante que salta en grandes cataratas excavando amplias cuevas en el terreno cárstico, ha tallado profundos cañones, en los que se encajan los campos de cultivo, las carreteras y los pueblos donde habitan diecisiete etnias, cultivando arroz y productos subtropicales. Las principales atracciones naturales se pueden enhebrar en un recorrido hacia el suroeste, desde Guiyang a Xingyi, por excelentes carreteras modernas.

Obra maestra de la naturaleza

La primera parada son las cataratas de Huangguoshu, que permanecieron ignoradas hasta que el geógrafo Xu Xiake las describió en 1638. Hoy se visitan caminando por los bellos senderos que bordean pequeños lagos, cruzan grutas naturales y atraviesan el Bosque de Piedra en el Agua, en el que estrechas torres de roca emergen de los estanques. El camino alcanza finalmente el gran espectáculo de las cascadas, donde 18 saltos de agua se precipitan en un profundo desfiladero. La gran catarata, de 74 m de altura y 81 de anchura, lanza una majestuosa cortina líquida sobre el Estanque del Rinoceronte situado a sus pies. Cerca de Xingyi se accede al área escénica de Wanfenglin, sin duda uno de los trayectos más bellos del mundo. La carretera en balcón se asoma a un valle cubierto de arrozales y pequeños pueblos, tras el que se levanta el paisaje de fantasía de los Diez Mil Picos, una interminable formación de empinadas montañitas cónicas de escasa altura tapizadas de árboles que es una obra maestra de la naturaleza. La misma sensación sublime produce la vecina Garganta del río Malinghe, un estrecho desfiladero de cuatrocientos metros de profundidad, con paredes verticales cubiertas de vegetación, en el que se precipita una sucesión de cascadas con caídas de 90 m. Otra maravilla natural asombrosa es la cueva de Zhijin, en la zona de Bijie. Con seis kilómetros de recorrido en su interior, es una de las mayores del mundo, encadenando espectaculares salas de hasta 150 metros de altura, bien iluminadas y repletas de lagos, estalactitas y estalagmitas, de una belleza y magnitud abrumadoras.

Etnias Miao y Dong

Otra alternativa es tomar desde la capital el tren bala hacia el este para regresar por carretera, visitando los poblados de las minorías Bouyei, Miao, Gelao y Yi, detenidos en el tiempo, que producen una profunda emoción. Cada etnia conserva su forma de vida ancestral, y supone una experiencia incomparable conocer sus edificios, mercados, costumbres y artesanías. Los hombres, con sus perillas ralas, fuman en largas pipas al calor del fuego, reunidos bajo las torres comunales. Las mujeres tejen y bordan las telas maravillosas de sus trajes de fiesta, elaboran coronas y joyas de plata de gran delicadeza, y siguen vistiendo de la manera rica y vistosa que identifica a cada grupo. En el condado de Congjiang se tiene la sensación de visitar una China intemporal cuando se baja caminando desde el pueblo de Tang’an Dong, la aldea más primitiva de los Dong, hasta Zhaoxing, la mayor de sus poblaciones, entre arrozales, siguiendo los serpenteantes senderos al borde de los cultivos, cruzándose con campesinos que vuelven a su hogar transportando cestos, con el peso repartido en los extremos de las pértigas que llevan a hombros. El lugar original de las culturas de las etnias Dong y Miao se sitúa en el área en torno a Kaili, donde Xijiangzhen, el pueblo Miao más grande del país, es un museo vivo de tradiciones y arquitectura popular, mientras que las casas de la localidad de Basha acogen a la última tribu armada de China, en la que los hombres usan un traje de ceremonia con un fusil de caza y un cinturón con pólvora, balas y un cuchillo, a la manera de los viejos guerreros que defendían la comunidad. Entre el millar de fiestas que se celebran cada año en la provincia destacan las de los Miao de Langde, una aldea en la que coinciden los bellos edificios de madera construidos en el s.XVII y el uso de los prodigiosos vestidos y joyas de plata que visten en las grandes ocasiones. Hay que celebrar que China haya decidido respetar y apoyar a las etnias minoritarias de Guizhou, que son una reliquia palpitante de antiguas formas de vida armoniosas, sostenibles y cargadas de significados culturales. Que aún existan es una oportunidad que merece ser aprovechada.

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