Viaje Alentejo

Enigmático y desconocido

Un viaje a través de la historia que comienza hace 6.000 años y recorre tiempos románicos, renacentistas y barrocos, hasta nuestros días, aderezado con una gastronomía contundente y unos curiosos vinos.

Foto: Alfredo García Reyes
Foto: Alfredo García Reyes

Por Alfredo García Reyes

Publicación Revista: 01/11/2023

Publicación Web: 31/10/2023

Unos 3.000 años antes de la instalación del enigmático círculo de Stonehenge, al sur de Inglaterra, alguno de los pueblos primigenios que habitaron el actual territorio del Alentejo, en Portugal, ya había celebrado sus ritos espirituales en el Cromlech de los Almendros, un complejo arqueológico que data del 6.000 a.C., descubierto en los años 60 y que, mientras no aparezca otro hallazgo similar, ostenta el título de monumento megalítico más antiguo de Europa. Destaca también el Cromlech de Xerez, éste unos 2.000 años más moderno, y con la particularidad de que tiene forma cuadrada. Se encuentra en medio de una pequeña planicie desnuda de arbolado y revela que hay más misterios que certezas en nuestro conocimiento del periodo neolítico.

Un mar interior

Bastante más se sabe de la historia del Monsaraz medieval. Con nuestro país, que está a apenas 12 kilómetros de aquí, comparte un prolongado periodo de dominio musulmán, lo que explica su fisonomía urbana, aupada sobre un promontorio coronado por un castillo bajo el que se arraciman callejas de piedra flanqueadas por casitas encaladas. Desde la muralla que rodea la fortaleza se observa la enorme superficie del lago de Alqueva, que en realidad no es un lago natural, sino un pantano considerado el más extenso de Europa Occidental dada su superficie, más de 250 kilómetros cuadrados. Sea como sea, para el imaginario de quienes habitan el interior de la Península Ibérica, es casi un mar en el que, efectivamente, se practican deportes acuáticos y náuticos, vela incluida.

La costa

Con todo, conviene recordar que Alentejo es una región costera. De hecho, una de sus localidades litorales, Comporta, se ha convertido en una de las mecas para las vacaciones de ricos y famosos llegados de todo el mundo. Pero, en general, no es ese el ambiente que se respira en la costa alentejana, bastante más popular y auténtica. De eso hacen gala localidades como Vila Nova de Milfontes, elegida por muchas familias portuguesas para sus vacaciones. Un magnífico destino para disfrutar del llamado Mar Vicentino, aunque lo del baño queda para los más animosos, pues la temperatura del océano es realmente fría, incluso en verano. Vila Nova pertenece al concejo de Odemira que, como dato curioso, es el que tiene una mayor extensión de Portugal, con más de 1.700 km2. Nadie lo pensaría cuando uno pasea por las callejuelas empedradas de la localidad que le da nombre, Odemira, en las que se respira un ambiente rural muy acogedor. Desde hace tiempo, la población apuesta por la recuperación de las tradiciones artesanas y también por impulsar nuevos vientos de creación. Para ello se le ha dado nueva vida a una parte de las dependencias municipales acogiendo, por un lado, las obras y talleres de Caco, la Asociación de Artesanos del Concejo de Odemira y por el otro lado, la parte superior del edificio alberga varias salas abiertas a las obras plásticas, audiovisuales o en cualquier otro formato de artistas emergentes.

Pueblos medievales

El intento por fomentar la creación y la preservación de las tradiciones está muy presente en otras localidades alentejanas. Ocurre, por ejemplo, en Mértola pueblo medieval, amurallado y con castillo a orillas de un meandro del Guadiana. Allí, en el Taller de Tejido, perteneciente al Museo de Mértola, se puede ver el proceso de producción artesanal de mantas de lana, un emblema y orgullo local, desde el cardado hasta el telar, incluso con demostraciones in situ aprovechando los utensilios rescatados de algunas casas antiguas de la localidad. Para comprender el carácter estratégico de Mértola en el convulso pasado, o simplemente para relajarse después de un opíparo almuerzo en restaurantes como Espaço Casa Amarela, es recomendable una excursión en barquito por el río. Y si se quiere ahondar aún más en la historia del lugar, entonces hay que subir a la torre del homenaje del castillo y, luego, a sus pies, recorrer el complejo arqueológico de origen romano. Si impresionante resulta Mértola, no lo es menos Serpa, también rodeada por un cinturón de murallas medievales coronadas en parte por un acueducto muy posterior, del siglo XVII. Aquí merece un paseo sus muchas calles y plazas adoquinadas al estilo portugués y una visita a dos de sus museos: el del Reloj –único en la Península Ibérica– instalado en diez salas de un antiguo convento; y el Museo Municipal de Arqueología, que ocupa parte del castillo.

Vino de talha

A algo menos de una hora en coche, entre olivares y viñedos, está Vila de Frades, una localidad de especial importancia dentro del capítulo enológico. Sus bodegas siguen produciendo el característico vino da talha, envejecido y conservado en grandes tinajas de arcilla. Es cierto que la producción aquí es bastante limitada, pero ya que estamos, conviene probar los vinos producidos en bodegas como Geraçoes da Talha, tras una instructiva visita guiada a esta empresa familiar, o los de País das Uvas que, aparte de la bodega, tiene un peculiar restaurante en el que degustar algunos de los mejores platos de la contundente cocina regional. Variedad de sopas, estofados, quesos locales, embutidos y sus curiosas migas, más húmedas y compactas que las nuestras utilizadas para acompañar carnes.

Estremoz y Évora

Son las dos ciudades principales del Alentejo. La primera debe su nombre a la unión de los municipios de Santa María y San Andrés. De ambos, el más monumental es el primero, donde se encuentra el impresionante castillo hoy reconvertido en parte en posada. Es la joya de la zona alta que conserva buena parte de su trazado medieval. Pero también hay una zona baja, distribuida en torno a la plaza de Rossio, con hermosos palacios y jardines construidos entre el Barroco y el Neoclásico. En uno de ellos se encuentra el Museo Berardo Estremoz, que ofrece un bellísimo recorrido de más de 800 años por la historia del azulejo. La segunda, Évora, es de las más visitadas, por la curiosidad, morbosidad, más bien, de entrar en la Capilla de los Huesos de la iglesia de San Francisco. Pero Évora es muchísimo más y, como tal lo reconoció la Unesco, en 1986, incluyéndola en la lista del Patrimonio de la Humanidad, por las muchas y diversas riquezas históricas y artísticas que alberga: desde restos de la época romana, como los del templo de Diana o el acueducto Agua de Plata, a construcciones entre el románico y el gótico, como la catedral, o el barroco de la fuente que preside la plaza de Giraldo. Espacio éste por el que todos acaban pasando y que regala las últimas estampas de este viaje alentejano tan sorprendente como satisfactorio.