La capital de Japón representa un viaje a través del tiempo, en el que espíritu, alma y tradición se unen con buen paladar, tecnología y futuro. Una fusión en mitad del caos sincronizado que aún se detiene ante el caminar de unas geishas, vestidas de delicada seda. Su área metropolitana es la más poblada del planeta, superando los 44 millones de personas, de las que más de 9 viven en la capital. Todo es superlativo en la ciudad que cuenta con la estación de tren más transitada del mundo (cuatro millones de usuarios al día), el paso de cebra más concurrido, el mayor número de universidades (150), el índice más bajo de criminalidad, el mayor número de restaurantes temáticos y la lonja de pescado más gigantesca del mundo, Lonja de Toyosu, que congrega a más de 600 comerciantes y que sustituye desde el 2018 a la antigua de Tsukiji, ubicada en el centro de Ginza.
Barrios para ser descubiertos
El barrio de Ginza es sinónimo de lujo. Una larga vía al estilo de la Quinta Avenida de Nueva York o, sin ir tan lejos, a la Milla de Oro madrileña, de lo más cosmopolita, con grandes almacenes, centros comerciales y tiendas de lujo. Este barrio ha perdido pun-tos frente a Shinjuku o Harajuku, pero sigue siendo muy turístico por sus grandes almacenes, centros comerciales y tiendas de lujo no aptas para todos los bolsillos. Y no es una frase hecha, ya que ni la fruta fresca se salva: plátanos a 3 euros la unidad, sandías a 80 euros la pieza y racimos de uva envueltos en papel de celofán, con lacito incluido, esperando a que alguien pague una cifra desorbitada. Los edificios de Dior, Gucci, Armani, Bulgari rodean el Teatro Kabukiza que se erige como el único estandarte del Japón tradicional en este barrio tokiota. El exterior del teatro Kabukiza conserva su estructura tradicional pero el interior fue reformado en 2010 perdiendo el interés arquitectónico, aun así, es el mejor lugar para ver una representación kabuki, eso sí, sin cámara de fotos porque está prohibido fotografiar en su interior. El Parka Tokyu Plaza Ginza destaca por su rooftop, su jardín vertical y una piscina con una de las mejores vistas de la ciudad.
Barrio a barrio
El cruce de calles más famoso, después de Times Square, se encuentra en Shibuya, que ostenta el título de ser el distrito más abarrotado del mundo, y también el más fotografiado. Aquí confluyen seis calles, por lo que también se le conoce como Scramble Kousaten (cruce de rutas). Es, además, el centro de la cultura joven, donde las chicas gyaru, que van maquilladas, bronceadas y peinadas a la última moda, se pasean por los grandes almacenes. Las calles adyacentes son perfectas para encontrar discos, ropa, complementos, clubes, bares... Asakusa es uno de los barrios históricos del centro de Tokio. Los grandes carteles luminosos dejan paso a los templos y el maquillaje es sustituido por atuendos más tradicionales. Se entra a través de la anti-gua puerta Kaminarimon, “la puerta de los truenos”, de la que pende un enorme farol chino de color rojo, y está ornamentada con esculturas de madera de los dioses del viento y el trueno. Entre esta puerta y la de Hozomon se extiende una de las calles comerciales más tradicionales de Japón y la más famosa de Asakusa, Nakamise dori. A ambos lados se alzan numerosas tiendas especializadas en kimonos, abanicos, sembei (galletas de arroz) y dulces. Al final de la calle se encuentra Sensoji, el templo más antiguo, colorido y popular de Tokio. Su construcción terminó en el 645 y está dedicado a Kannon, la diosa budista de la misericordia. Merece la pena un paseo por Akihabara, el barrio del anime (animación japonesa tradicional por ordenador), conocido también como Akiba o la ciudad electrónica, repleto de tiendas dedicadas a cámaras, videojuegos, ordenadores y de todo tipo de accesorios de anime, manga, disfraces, figuritas... Miles de comercios se reparten por el barrio, algunos de varias plantas, como Yodobashi Akiba, pero también otras cadenas especializadas con fantásticas promociones, como Sofmap o Laox, donde asesoran en varios idiomas. Para conseguir una buena panorámica hay que subir a la torre Skytree, la estructura más alta de Japón, con 634 metros, y la torre de comunicaciones más alta del mundo.
A cualquier hora
En Shinjuku, y bajo las vías de los famosos trenes bala, se encuentra el Callejón de Yakitori repleto de pequeños restaurantes locales y económicos en los que además de los típicos pinchos de pollo se sirven otras partes menos habituales como mollejas, hígado, corazón, intestinos e incluso sus úteros. Últimamente algunos chefs han decidido mejorar el estándar de calidad e incluir pollos ecológicos premium y mari-narlos con sake. Cercano al callejón de Yakitori se encuentra Kinryo, uno de los mejores restaurantes de especialidad Yakitori –yaki significa parrilla y tori es ave–, una comida popular japonesa similar al kebab que consiste en carne de pollo ensartada y cocinada sobre brasas. Además del pollo, se suelen incluir algunos vegetales como las típicas setas shiitake, los pimientos verdes y los tomates cherry. Se condimentan con sal o una salsa a base de soja llamada tare. Para acabar el día Golden Gai es el mejor lugar donde disfrutar de una cerveza Sapporo. Es un laberinto de callejuelas y estrechos edificios de madera de dos pisos en el barrio de Shinjuku en los que se apelotonan extravagantes bares. Cada uno con una atmósfera diferente, aunque comparten su excéntrica decoración. En el restaurante Nagi Golden Gai se cocina el mejor ramen de la ciudad, al estilo niboshi, con un caldo de pescado de sabor intenso, elaborado a base de sardinas secas, fideos más gruesos de lo habitual, panceta de cerdo marinada y un huevo.
Para gastrónomos
Ubicado en la zona histórica de Nihonbashi, el Mandarin Oriental Tokio es uno de los mejores hoteles de la ciudad y un excelente lugar donde disfrutar de la gastronomía, ya que cuenta con más de una decena de propuestas culinarias, entre ellas tres restaurantes ampliamente galardonados: Signature, de cocina francesa; Sense, que ofrece platos cantoneses; y Tapas, comida molecular con las técnicas más avanzadas. Por supuesto, la comida tradicional de To-kio también tiene su lugar en el Sushi-Sora, un restaurante donde se prepara sushi al estilo Edo-mae. Su mesa alargada de ciprés japonés, con más de 350 años, es única-mente para ocho comensales y desde sus ventanales se contempla una espectacular panorámica de la ciudad. Las hábiles manos del chef transforman de forma elegante el nigiri o el sushi makimono más simple en una auténtica obra de arte culinaria. Están creciendo en la capital de Japón los bares en los que puedes interactuar con animales, además de tomar un refresco. En un principio las estrellas eran los gatos, pero en la actualidad se pueden encontrar perros, erizos, conejos e incluso búhos, como es el caso del Owl Café que se encuentra en el barrio de Harajuku, en la cuarta planta de un edificio de la concurrida calle peatonal Takeshita, famosa por ser el epicentro de la cultura Kawaii, una tribu urbana consistente en la ternura, aunque muchas veces asocia-da con conductas infantiles. Los balnearios, más conocidos como onsen, son uno de los musts de la ciudad. Los baños se segregan por sexo ya que aquí el ritual pasa por bañarse desnudo. En plena bahía de Tokio, el complejo de aguas termales Oedo Onsen Monogatari tiene la particularidad de contar con un espacio de ocio en el que recrea la antigua ciudad de Onsen. En esta zona interior, en la que uno va vestido en yukata, quimono de algodón, se encuentran bares y restaurantes con deliciosa comida callejera. Hay que tener cuidado con los tatuajes a la vista ya que aquí no son bien vistos, se relacionan con la yakuza, la mafia japonesa.
Ciudad de festivales
Sus celebraciones transportan al turista a tiempos ancestrales. Como el Tsukji Shishi Matsuri que se celebra cada tres años en el mes de junio y recorre el barrio de Tsukiji a primera hora de la mañana. Dos inmensas cabezas gigantes de león recorren en procesión todo el barrio. Por la tarde se celebra el Torikoe Festival, también llamado “Torigoe”, un desfile que involucra además una procesión mikoshi, o lo que es lo mis-mo para los seguidores del sintoísmo, una capilla portátil. Es mucho más pequeño que otros grandes y afamados festivales como el Kanda Matsuri o el Sanja Matsuri, pero igual de ruidoso y bullicioso. Este, además, cuenta con el mikoshi más grande de Tokio: el Senkan-Mikoshi de cuatro toneladas.