45 años Club de Gourmets

Elegancia con historia

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Autor: Ana Marcos
Fecha Publicación Revista: 01 de abril de 2021
Fecha Publicación Web: 06 de abril de 2021

El bar del Palace era el lugar donde ver y dejarse ver en Madrid, es histórico el té del Ritz o la inauguración del Alfonso XIII, en Sevilla, por el mismísimo rey junto a Victoria Eugenia. El hotel Real de Santander fue protagonista de los veraneos de la monarquía y donde se alojaban todos aquellos que seguían a los soberanos; Ortega y Gasset acudía al balneario del hoy Gran Hotel La Toja en O’ Grove, el emperador de Japón y Lana Turner se cruzaban en los salones del Maria Cristina de San Sebastián… quizás en la misma época en la que el Majestic hacía las delicias de Joan Miró o Picasso. Todos con la categoría de cinco estrellas, muchos de ellos pertenecen hoy a grandes cadenas, pero siempre tendrán una larga historia que contar.

Esencia de refinamiento

Cronológicamente el primer gran hotel madrileño que abrió sus puertas fue el Ritz que, inaugurado en 1910, otorgó a la ciudad el toque internacional que le faltaba. En su planificación estuvo sumamente implicado el rey Alfonso XIII quien, por su carácter viajero y representativo, era buen conocedor de los estándares de lujo en otras metrópolis europeas. César Ritz, alma del homólogo parisino, fue invitado a participar en su creación y una vez más logró los más altos niveles de decoración, servicio y cocina. Su precioso jardín completaba su exquisitez. Desde el maharajá de Kapurtala al duque de Windsor o toda la realeza europea se han hospedado en sus habitaciones: la boda de los reyes Felipe y Letizia fue un momento cumbre. Más de un siglo después, y tras diversos avatares mercantiles, hoy es propiedad de la cadena Mandarín Oriental, que ha hecho una reforma total del hotel sin que éste haya perdido un ápice de su esencia señorial. Cien elegantes habitaciones y 53 lujosas suites, cinco restaurantes y bares dirigidos por el tri-estrellado chef Quique Dacosta, un spa con piscina climatizada… todo estaba a punto, pero la pandemia hizo frenar su reinauguración. Al cierre de estas líneas anunciaron su reapertura para el 15 de este mes.

Reyes y plebeyos

El Ritz dio el pistoletazo de salida y sólo dos años más tarde abría sus puertas el hotel Palace –hoy perteneciente a la cadena Westin Hotels & Resorts, Marriott Internacional– por iniciativa también de Alfonso XIII. En 1912 se anunció como “el hotel más grande y moderno de Europa”. Enclavado en el otro margen del Paseo de la Castellana y frente al Congreso de los Diputados, todas sus habitaciones tenían cuarto de baño: fue el segundo del mundo y el primero de España en dar a sus huéspedes este lujo y dicen que fue entonces cuando nació la profesión de fontanero en Madrid. También disponían de teléfono todos sus aposentos, algo nada habitual por aquel entonces.

La fabulosa cúpula de cristal sobre su rotonda y su bar, son los dos lugares más emblemáticos del hotel y por ellos se pasearon Valle Inclán, Strawinsky, Marie Curie o Dalí. No faltaron personajes como Rita Hayworth o Ava Gardner –a diferencia del Ritz, el Palace sí alojaba a los actores–, mientras las casas reales también tenían, en sus 420 habitaciones y 50 suites, uno de sus destinos favoritos. Si algo ha tenido el Palace ha sido hacer gala de la misma esencia de Madrid, tan abierta y hospitalaria: durante el golpe de estado del 23– F (1981) fue allí donde se instaló el Gobierno Provisional de la Nación y, un año más tarde, se celebraría en sus balcones la victoria socialista en las urnas. Derechas o izquierdas, reyes o plebeyos… un hotel de puertas abiertas a su ciudad.

Un color especial

Habría que esperar a 1928 para que el Alfonso XIII de Sevilla abriera sus puertas, con el monarca que le dio el nombre y la reina Victoria Eugenia presentes en su inauguración. Construido con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, este acontecimiento puso en el mapa de los grandes viajeros esta bella ciudad cruzada por el Guadalquivir, a la que daría un toque internacional. El rey, una vez más, estuvo muy implicado y fue su gran promotor para que llegara a buen término este precioso edificio –donado a la ciudad por la duquesa de Montpensier–, que es uno de las mejores muestras arquitectónicas del estilo regionalista andaluz.

Sus maravillosos azulejos antiguos –de Mensaque y Triana, hechos a mano–, son su sello distintivo y, en los primeros tiempos sin ascensores, la planta baja albergó las principales suites. Hoy, perteneciente al Grupo Marriott, es uno de los edificios considerados Luxury Collection, categoría ‘top’ en la cadena. Otro hotel que ha escrito la historia de la ciudad albergando numerosas personalidades, tanto de la aristocracia como de las artes o las ciencias. No faltan espacios gastronómicos, entre ellos el bar-restaurante Ena (nombre familiar de la reina Victoria Eugenia) supervisado por el chef barcelonés Carles Abellán, que une Andalucía y Cataluña mientras que el San Fernando, más formal, tiene ya un estilo claramente sureño.

La Dama blanca

Sentarse en la preciosa terraza del Hotel Real, que domina desde lo alto la bahía santanderina, es todo un lujo. Como lo es alojarse en este bonito edificio –con 123 estancias (9 suites) que miran al mar– o disfrutar de su jardín, con 80 especies diferentes de rosas. Conocido entre los santanderinos como la “Dama blanca” por el color níveo de su fachada, se alza imponente en su colina de una tranquila zona. Inaugurado en 1917, su estilo tradicional se ha conjugado a la perfección con los mejores adelantos, posee además uno de los centros de talasoterapia más vanguardistas de Europa. Lejos quedaron aquellos veraneos de la familia real en el Palacio de la Magdalena, pero en el hotel han preservado lo mejor de aquella época. Elegante y con esa magnífica pátina que dan los años, actualmente forma parte de la cadena Eurostars.

Espíritu familiar y cosmopolita

Históricos hoteles perviven hoy con la intervención de grandes cadenas hoteleras. Aunque hay excepciones y una de ellas es la del Majestic Hotel & Spa de Barcelona, propiedad de la familia Soldevila Casals en cuarta generación. Malco Par, Director General de Majestic Hotel Group, nos lo explica así. “En los 102 años del hotel se han vivido mejores y peores momentos económicos y han sido frecuentes las propuestas de compra, pero se ha conservado el negocio familiar creado por Martín Casals Galcerán, su fundador. No perder esa alma personal nos diferencia, nuestro lema es: reinventar la tradición”. Para ello se hizo una completa renovación en 2013 pero, como afirma Par, “sin perder el espíritu del Majestic”. Desde su inauguración, en 1918, tuvo una clara vocación cosmopolita. Elegante, luminoso y actualmente con una decoración clásico-contemporánea, cuenta con 271 habitaciones, de las que 45 son suites. En la novena planta del edificio se encuentran los cinco ‘penthouse’, donde durante muchos años residieron los propietarios; con ascensor privado, mayordomo y terrazas de increíbles vistas sobre Barcelona. El chef Nandu Jubany –una estrella Michelin– supervisa sus espacios gastronómicos.

Un clásico madrileño

Otro buen ejemplo de hotel familiar es el madrileño Wellington, en el corazón del barrio de Salamanca. Abierto en 1952 por un avezado empresario taurino, Baltasar Ibán Valdés, de ahí que su historia esté entre-tejida con la del mundo del toreo. Hoy, sin perder su clasicismo, ha sabido reconvertir-se y, según su director general, José Rodríguez Tarín, “tenemos una de las mejores ofertas gastronómicas de Madrid (Kabuki y Goizeko Wellington), un Spa que cuenta con las últimas tecnologías y fibra óptica en todos los espacios. Pero, sobre todo, un plantel de profesionales orgullosos de pertenecer a esta gran familia. No depender de una cadena nos ayuda a tomar decisiones y adaptarnos con mayor agilidad”. Severo Ochoa, Gene Kelly o Graham Greene, entre otros muchos nombres ilustres, han ocupado sus estancias y, actualmente, poseen una clientela fiel. El Wellington también participó en la boda de los actuales Reyes de España. La última novedad del hotel ha sido la apertura de su nuevo Spa Le Max, con magníficas instalaciones, entre las que se incluye una piscina de 16 metros.

El encanto de la Belle Époque

Toda una institución entre los hoteles españoles de gran lujo. Con vistas al Cantábrico y al río Urumea, hoy pertenece a la cadena Marriott, en la categoría máxima “Luxury Collection”, pero no deja de ser un impresionante edificio diseñado por el arquitecto francés Charles Mewes, autor también del Ritz de Madrid y de París. Se construyó para alojar a la entonces regente Maria Cristina que, por aquel entonces, pasaba los veranos en Donosti. En aquella villa en auge, el hotel reunía en sus salones a lo más granado de la sociedad y era punto de encuentro de políticos, artistas o grandes de la moda, como Cocó Chanel o Bette Davis (quien posee una suite en su honor). Poco a poco se irían realizando ampliaciones. Después de una renovación completa en 2011, sigue conservando todo el encanto de aquella Belle Époque con una elegante decoración a base de mármoles y maderas nobles, aunque totalmente modernizado en cuanto a comodidades y tecnología. Y hacen honor a su emplazamiento homenajeando la gastronomía: ‘tour’ de pinchos, escuela de cocina y boutique gourmet para sus clientes. En el bar DRY, gestionado por Javier de las Muelas, se toman los mejores cócteles de la ciudad, mientras que en el Café Saigon se puede hacer un viaje a Oriente de plato en plato.

Salut per aqua

El Gran Hotel La Toja, inaugurado en 1907 en la península pontevedresa de O’ Grove, clásico balneario para la alta sociedad, en la actualidad desprende encanto y bienestar. Emplazado frente al mar, sus aguas termales son famosas internacionalmente. Perteneciente a la cadena Eurostars, posee 128 habitaciones con diversas suites, incluida la Real. Un hotel de cinco estrellas donde el protagonista sigue siendo su balneario de aguas minero-medicinales con todo tipo de tratamientos en su Club Termal, desde fuente de hielo a ducha cromoterápica, entre otros muchos. No falta medicina estética en su centro de belleza. En sus dos restaurantes, uno con bonita terraza frente al mar, se apuesta por la cocina gallega y su fabulosa materia prima. En el jardín poseen una gran piscina exterior.

Paradigmas exclusivos

Siete hoteles únicos que, a pesar del paso del tiempo se han mantenido incólumes y hoy siguen siendo una parte muy importante de la vida social en sus respectivas ciudades.

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