Cigales gastronómico

Vinos y castillos

Muchos consideran Cigales como una escapada “de día” por su proximidad con Valladolid. Pero son tantos y tan notables sus atractivos que merece la pena pasar un fin de semana entre bodegas subterráneas, monasterios seculares, castillos, tierras de cultivo y la placidez del Canal de Castilla.

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Por Alfredo García Reyes

Publicación Revista: 01/04/2020

Publicación Web: 31/03/2020

¿Clarete o rosado? La nomenclatura oficial que impone la enología actual disipa cualquier duda: lo que se produce en la comarca de Cigales son vinos rosados. Cada vez mejores, más cuidados, más mimados, queridos y, gracias a ellos, también cada vez más demandados no solo en el ámbito de Castilla (su hábitat natural), también en muchas otras zonas de España e, incluso, en otros países. Pero, lo cierto es que “el clarete” (mezcla de vino tinto y blanco de acuerdo a parámetros seculares) puso durante siglos a esta zona en el mapa de los amantes del vino. Una comarca tan cercana a la capital castellano-leonesa, Valladolid, que muchos la consideran una prolongación de la misma hasta el punto de que localidades como Fuensaldaña casi podría considerarse un barrio de esa ciudad.

La de Cigales es, sin duda, la más pequeña y la menos conocida de las cinco denominaciones de origen vinícolas que existen en esa provincia. Pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que el vino que se produce aquí sea “menor”. Y, aunque, frente a otros pueblos y paisajes de la Castilla enológica y sus imponentes construcciones artísticas, los restos de la historia en Cigales podrían parecer “menos importantes”, lo cierto es que alberga algunas joyas históricas, naturales y, sobre todo, gastronómicas, que bien justifican una escapada de lo más placentera.

Traiciones en el castillo

Entre ellas, la que fue la sede del /parlamento castellano-leonés en los albures del mapa autonómico actual: el castillo de Fuensaldaña. Mucho antes (siglo XIII) esta imponente fortaleza fue comenzada a edificar como residencia de Alfonso Pérez de Vivero, contador del rey Juan II de Castilla. El noble no llegaría a verlo terminado, pues fue asesinado a consecuencia de su participación en la conjura contra Álvaro de Luna (debido a la convulsa Edad Media de Castilla).

Sí lo harían algunos de sus herederos que, no obstante, tuvieron que resignarse a que Isabel la Católica les arrebatara el castillo-palacio, al posicionarse los Vivero a favor del bando de Juana la Beltraneja. Ahora el edificio está en obras y, de momento no es visitable, pero su altiva torre del homenaje preside la fisonomía de la localidad, que acoge la construcción con indisimulado orgullo. También, y aunque con sus muros y buena parte de su interior bastante desmochado, no menos imponente resulta la visita a las ruinas del castillo de Trigueros, cuyo patio de armas muestra unas dimensiones que, con ojos del siglo XXI y viendo el escaso caserío que se derrama a sus pies, parecen excesivas.

Bodegas en la tierra

Se impone adentrarse en alguna de las bodegas de la comarca, que aquí tienen características bastante curiosas: las más tradicionales se agrupan en barrios específicos, casi siempre en construcciones troglodíticas marcadas en el exterior por montículos desde los que asoman altas chimeneas de ventilación. Ocurre en localidades como Cigales o en Cubillas de Santa Marta. En esta última resulta muy ilustrativa la visita a la Bodega Alfredo Santamaría, completada con una cata de sus vinos: aunque la DO Cigales sea conocida, sobre todo, por sus rosados, lo cierto es que también se producen tintos interesantes, por sus matices y también por sus razonables precios. Esta bodega es un buen ejemplo de tan variada producción.

Ocurre también en la bodega de Remigio de Salas, en Dueñas, que se adentra (y mucho) en el interior de la tierra y que muestra, como si de un museo se tratara, cubas, depósitos y buena parte de esas herramientas y aparataje utilizados de forma tradicional en la elaboración del vino de Cigales. Algo diferente en concepto, sobre todo por el edificio de vanguardia que la acoge, es bodega Hiriart, en la propia Cigales. Pese a todo, aquí se conservan buena parte de las galerías y algunas de las tinajas de barro que dieron origen a la bodega y que datan de 1750.

Algo que debe influir, seguro, en la calidad del vino que producen, premiado en numerosos certámenes nacionales e internacionales. Y conviene no pasar por alto la visita (y una cata, claro) a La Legua, en la ya mencionada localidad de Fuensaldaña, que ha hecho un encomiable esfuerzo por aunar tradición e innovación tanto en las instalaciones de la propia bodega como en la calidad y presentación de sus diferentes etiquetas.

Un rico patrimonio religioso

Si destacan estas bodegas, no menos lo hacen sus monumentos centenarios. Fundamentalmente, la iglesia de Santiago de Cigales, conocida popularmente como “la Catedral del Vino”, con sus dos impresionantes torres gemelas que se elevaron para que, según la leyenda, pudieran ser vistas por fray Antonio Alcalde, hijo de la villa y promotor de este inmenso templo desde su cátedra episcopal de Guadalajara (México). Desde luego contrastan las barrocas dimensiones de la iglesia con la sencillez, humildad más bien, del urbanismo cigalense.

También muy destacable es la abadía de San Isidro de Dueñas, donde las trazas cisterciense, cluniacense y herreriana se conjugan de una forma bastante armónica. Eso, pese a que la autovía de Castilla (la A-62), que discurre a escasos metros de sus jardines, haya dejado el conjunto como un reducto de espiritualidad entre el incesante tráfico.

No menos impresionantes son los muros del monasterio de Santa María de Palazuelos, románico y gótico, que ha sufrido de forma notoria el deterioro de los siglos pero, sobre todo, por el abandono obligado tras la desamortización de Mendizábal. No obstante, y gracias a la iniciativa ciudadana, en los últimos años recobrando, poco a poco, parte de su pasado esplendor.

El sueño del Marqués de la Ensenada

Este último cenobio se encuentra junto a otro de los grandes atractivos de la comarca: el Canal de Castilla. A falta de barcos que recorran este tramo de la gran obra baldía del Marqués de la Ensenada (la llegada del ferrocarril privó de sentido a tan megalítica infraestructura), se pueden recorrer su camino de ribera a pie, bicicleta o caballo mientras se disfruta del avistamiento de aves y otros animales que han encontrado aquí su hábitat ideal. Merece la pena hacerlo con ayuda de los guías de empresas especializadas, como Itinerante.

Para disfrutar aún más de los atractivos del entorno natural de esta zona, también se puede descubrir el mundo de la apicultura a través de la actividad que organiza Miel Montes de Valvení, muy instructiva, absolutamente segura e ideal para toda la familia. La visita a las colmenas se completa con una cata de sus variedades multi y monoflorales.

La hora del almuerzo

La fragancia y dulzura de la miel de Valvení nos acerca al apartado de la gastronomía cigaleña, que como en toda zona vinícola que se precie, aquí tiene un protagonismo principal. Opciones hay muchas. Quienes se decanten por lo más tradicional (lechazo incluido) pueden disfrutar de lugares como el Restaurante Bodegón El Ciervo, en Cabezón de Pisuerga, ubicado en una de esas cuevas tan habituales en la zona y donde todos los sabores se aderezan con el inconfundible aroma del fuego de leña.

También en La Dama de la Motilla que, viandas tradicionales aparte, destaca por un ambiente, decoración y un servicio no muy habitual en la zona. Pero quienes quieran experimentar con nuevas texturas y presentaciones a partir de ingredientes locales, castellanos y universales, la cita la tienen en el restaurante de Concejo Hospedería, El Sueño del General, que no es solo un muy destacable restaurante, también uno de los alojamientos con más encanto y personalidad no solo de la comarca, sino de toda Castilla.