Llegar por el aire desde la Península Ibérica hasta el aeropuerto internacional de Tánger tiene premio: durante la aproximación se puede observar ese espectáculo paisajístico que es el Estrecho de Gibraltar, enmarcado por las montañas del Parque Natural del Estrecho, junto a Tarifa, y La Mujer Muerta (Jbel Musa), en el lado marroquí. Son poco más de 14 kilómetros los que separan la costa del sur de España de la del norte de Marruecos. Una corta distancia que, por fortuna, cada vez más viajeros españoles (y europeos) se animan a franquear. La mayoría atraídos por las evidentes riquezas naturales de la zona, sus espacios protegidos, un mar y unas playas muy similares en belleza a las de la cercana Cádiz, pero con menor desarrollo urbanístico. Esos mismos viajeros disfrutan también de la autenticidad de las medinas de grandes ciudades y pequeñas poblaciones de la zona. Y, por supuesto, de una gastronomía eminentemente mediterránea, donde cuscús, tajines, pinchos de carne y pastelas son actores principales.
Tánger, ciudad internacional
Entre las ciudades de la zona, Tánger sorprende por la mezcolanza de estilos que alberga, no en vano, fue ciudad internacional durante buena parte del siglo XX, con una especial vinculación a Francia y a nuestro país. Así, entre otras construcciones, llaman poderosamente la atención el Teatro Cervantes, el Cine Alcázar o la Catedral. No tan lejana a estos espacios, siguiendo un frontal marítimo, jalonado por una larga franja de arena fina con vistas a nuestro país, se llega al barrio más nuevo de la ciudad en el que sorprenden modernas construcciones de hormigón, cristal y metal que albergan oficinas, hoteles, restaurantes y cafés que poco tienen que envidiar a los de la mayoría de las ciudades de Europa. Un barrio que contrasta vivamente con la enorme medina que se extiende hacia el sur, en la que miles de personas conviven en caos solo aparente: aquí todo fuciona, aunque a un ritmo muy diferente al que los viajeros traen desde la cercana Europa.
Un país que crece y crece
En Marruecos, como en ningún otro país de nuestro entorno, se percibe de una forma muy evidente un enorme crecimiento económico, que tiene su parangón en el desarrollo turístico. De hecho, el norte del país está experimentando una transformación total, muy evidente en Tanger Med, megacomplejo portuario, situado a 45 kilómetros de la propia Tánger, puesto en marcha en un tiempo récord y que es ya un claro competidor de otros grandes puertos comerciales mediterráneos, como los de Marsella o Barcelona. La cara más atractiva de ese desarrollo se encuentra en zonas como Tamouda. Esta ciudad, a la que casi todos siguen conociendo por el nombre que le dieron los colonizadores españoles, Castillejos, comparte una impresionante bahía de clara fisonomía mediterránea con nuestra Ceuta. Tan bonita esa bahía que ha sido elegida por varias de las principales cadenas de hoteles de lujo de todo el planeta para la construcción de impactantes establecimientos.
Un alojamiento de ensueño
Buen ejemplo es el resort Banyan Tree Tamouda Bay, perteneciente a esa cadena de alojamientos nacida en Singapur. Un hotel que combina detalles orientales con arquitectura de influencias nazaríes y ese sentido de la hospitalidad que acerca a los huéspedes al concepto del “lujo asiático”. En total, 92 villas independientes con jardines y piscina privada, de entre 200 y 420 m2. Completan el conjunto, un spa en el que se aplican masajes y terapias orientales, cuatro restaurantes (entre los que destaca Saffron, de alta cocina tailandesa) y la posibilidad de disfrutar de numerosas actividades deportivas (incluido golf y navegación por las privilegiadas aguas del Mediterráneo) y culturales, con excursiones programadas desde el propio hotel que permiten conocer la identidad de la zona.
El tiempo entre costuras
Entre ellas, la visita a Tetuán es obligada, sobre todo ante la sorpresa de encontrar una parte “nueva” que recuerda en casi todo a cualquiera de las capitales de provincia de nuestro país. De hecho, buena parte de su fisonomía es de origen español. Desde siempre, quizás la más emblemática de las ciudades del Protectorado ha despertado la evocación de muchos viajeros. Pero es que, además, desde hace unos años y gracias a la novela El tiempo entre costuras, de María Dueñas, y gracias también a la brillante serie de televisión basada en ese relato, se ha convertido en una meta para bibliófilos. Tal ha sido el impacto de la historia de Sira Quiroga en el público español que es fácil encontrar a muchos viajeros buscando las localizaciones donde se rodaron buena parte de las secuencias de la serie, como el edificio que albergaría el taller de costura (el Instituto Cervantes), la casa de azulejos verdes, la estación de tren (reconvertida en centro de arte moderno) o el Hotel Nacional. También se los puede ver recorriendo el laberinto de su inmensa medina, entre miles de puestos con las mercancías más insólitas, cafés y teterías, callejones de una blancura inmaculada, antiguas mansiones franqueadas por historiadas puertas de madera, complejos comerciales que ocupan palacios históricos, mezquitas que ocultan sus riquezas arquitectónicas y ornamenta les a los ojos de los “infieles” y, sobre todo, la posibilidad de entablar conversación con cualquiera de los moradores de la urbe, muchos de los cuales recuerdan sin rencor nuestro no tan lejano pasado común.
Un pueblo azul
No menos interesante, hacia el interior del país, es la visita a la localidad de Chauen (o Chefchaouen) en las montañas del Rif, cuyas casas se distribuyen en una empinada ladera. Podría ser una más de las típicas medinas de la zona, pero esta se ha hecho célebre en todo el planeta por el intenso color azul con que están pintados los muros de sus casas. Cuando se pregunta el porqué, no todas las opiniones coinciden: como forma de ahuyentar los mosquitos, según sus habitantes, o por sus orígenes judíos, según algunos historiadores. Lo cierto es que una vez superado el impacto ante tanto color, lo que queda es disfrutar del paseo por sus calles y de buscar esos rincones en los que los artesanos trabajan la madera, el cuero, la cerámica, las telas y los metales a la vista de todos.
Idílicas playas kilométricas
Chauen bien podría ser una parada intermedia entre la costa mediterránea y la atlántica del norte marroquí. En el segundo de estos frontales marítimos brilla con luz propia, por su autenticidad y por su belleza, la localidad de Assilah (o Arcila). También tiene una cuidada medina, esta vez de un blanco casi inmaculado, encerrada en una muralla íntegra que habla bien claro de un pasado convulso y que se alza sobre la propia arena de la playa. Las huellas de la presencia de portugueses, árabes, saadíes y españoles son evidentes no solo en sus casas, mansiones, palacios y mezquitas. También en el carácter abierto de sus habitantes, acostumbrados a recibir a visitantes de los más diversos confines. De la misma manera a la incipiente clase media marroquí que, por fortuna, comienza a disfrutar de los placeres del turismo en su propio país y en lugares de gran belleza, como éste. La mayor parte llegan hasta aquí atraídos por las kilométricas playas en torno a la localidad, entre las que destaca la de Las Cuevas (por las oquedades del acantilado que deja al descubierto la marea baja). Pero también por la oferta culinaria de sus restaurantes, donde se fusionan sabores marroquies y europeos, en torno a los productos estrella de la zona, los pescados atlánticos. Los mismos que, cada atardecer, se venden en los puestos situados en el paseo junto al puerto, en un espectáculo entre lo tradicional, lo sensitivo y lo folklórico que nadie debería perderse.
En avión con los vuelos de Air Nostrum (airnostrum. es) que parten a diario desde Madrid y, en verano, desde Málaga.
En barco, a través de los puertos de Tanger Ville y Tanger Med, desde Tarifa y Algeciras, y con las compañías Balearia (balearia.com) FRS (frs.es) y Africa Morocco Link AML (aml.ma/es).
El Reducto—Tetuán elreducto.com - Precio medio 15-20 €
Tissemlal—Tetuán casahassan.com - Precio medio 12-16 €
Dar al Maghrebia—Assilah Rue al banafsaje, 7 - Precio medio 13-18 €
Banyan Tree Tamouda Bay—Tamouda banyantree.com/es - Hab. doble desde 350 €
Casas de la Medina—Assilah homeaway.es - Hab. doble 50 €
Palais Zahia—Tánger palais-zahia.com - Hab. doble 100 €