En la cocina chilena queda patente la amplia variedad de recetas gracias a las diferentes tradiciones que hay en cada zona del país. Como es el caso de la región de Biobío, su plato más conocido es el estofado de San Juan, antiguamente se preparaba para celebrar la fiesta de San Juan, de ahí su nombre. O en la región de Tarapacá, aquí la huatia o guatia es el plato más conocido. Se trata de una comida tradicional andina que se prepara tapándola con unas hojas de alfalfa, tierra y piedra. Dentro de esas hojas se cocina la carne de cerdo, vacuno, alpaca, pollo o cordero junto a patatas, habas o verduras con piel.
El mar se puede degustar en la región de Magallanes, con la centolla magallánica en Puerto Natales. Un crustáceo que se encuentra en las aguas frías del sur cuya carne, una vez cocida y desmenuzada, se puede utilizar en guisos o sopas. Otra opción para ‘picotear’ son las almejas a la parmesana que provienen de la zona de Arica y Parinacota. Sus ingredientes principales son el limón, mantequilla, pimienta y tomate, y por supuesto queso parmesano. Cabe destacar que el toque final en este plato lo da el orégano de Socoroma, una hierba aromática que se cultiva a más de 3.000 metros de altura y que ofrece un sabor exquisito a este plato. Tampoco hay que perder la oportunidad de probar los famosos ostiones de la región de Coquimbo, muy conocida por sus diferentes elaboraciones con productos del mar. Los ostiones de la zona se recomienda comerlos directamente del mar a la boca o con un toque de limón y sal para los comensales menos atrevidos.

La influencia española queda patente en la región de Atacama donde se encuentra la producción de aceite de oliva más antigua de Chile. Hace casi 500 años, los españoles llevaron hasta el Valle de Huasco los primeros olivos que llegaron al continente americano, por eso aquí se pueden degustar platos elaborados con aceite de oliva.
En cuanto a los postres, si hay algo que diferencia este plato del resto es el uso de diferentes frutas exóticas de las que disponen en el país. En la región de Maule se puede comer la torta curicana, uno de los pasteles más típicos y representativos de Chile. Unas masas redondas elaboradas con harina y rellenas con almendras, nueces o manjar, el dulce de leche chileno.
Más allá de sus vinos
Para acompañar estos platos se pueden degustar una gran cantidad de vinos chilenos, como el muday, un brebaje tradicional del pueblo mapuche. Es una bebida alcohólica hecha de la fermentación de granos como el maíz, el trigo o el piñón, una semilla autóctona de la zona.
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