Museos temáticos

Las patatas fritas ya tienen museo propio

El Frietmuseum de Brujas es el único en el mundo dedicado exclusivamente a la papa frita, uno de los alimentos más consumidos del mundo cuyo origen está más que disputado.

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Por Redacción

Publicación Web: 08/10/2025

Las patatas fritas, uno de los alimentos más consumidos del mundo ya tienen su museo oficial, se encuentra en Brujas y es el único en el mundo dedicado exclusivamente a la papa frita. Pero empecemos por el principio…

¿Cuál es su origen?

Por un lado, tenemos la versión francesa que dice que nacieron en París a finales del siglo XVIII, vendedores ambulantes las ofrecían como comida callejera en el Pont Neuf, a orillas del Sena. Las papas fritas se mencionan por primera vez en 1775 en un libro parisino, y la primera receta de papas fritas modernas aparece en el libro de cocina francés La cuisinière républicaine en 1795.

Según la leyenda belga, en 1850 Monsieur Fritz, un feriante belga, habría empezado a vender las papas fritas durante las ferias populares. En tan sólo dos años ya se había convertido en un próspero negocio. Las patatas se cortaban a máquina y se sumergían en un recipiente de mantequilla clarificada hirviendo. El periodista belga Jo Gérard dijo haber encontrado un manuscrito de su abuelo, Joseph Gérard que así lo atestiguaba. En este contaba que los habitantes de Namur, Andenne y Dinant acostumbraban a pescar en el rio Mosa peces para después freírlos, pero cuando se congelaba el rio, los habitantes cortaban las patatas con forma de pez y las freían de igual manera. El manuscrito está fechado en 1781, pero según Joseph Gérard, esta costumbre llevaba haciéndose 100 años por lo que estaríamos hablando de 1681.

Para añadir más confusión a la disputa tenemos el caso del nombre con el que se conocen en Estados Unidos “french fries” que tiene su origen en la Primera Guerra Mundial cuando los soldados estadounidenses las apodaron así al probarlas en una región francófona de Bélgica.

Llegados a este punto tenemos dos versiones. Varios historiadores discrepan de su origen belga, el primero Fernand Pirotte que defiende que las patatas no fueron introducidas en Manur hasta 1735. El profesor de la Universidad de Lieja, Pierre Leclercq afirma que los habitantes de Namur solían freír las patatas en finas rodajas, no en forma de barrita, y la grasa para freírlas era un lujo para los más privilegiados, algo que no podía permitirse la gente pobre. Para terminar, cronistas de la época informaron que sí es verdad que hubo un invierno especialmente severo y largo que llegó a congelar el rio Mosa pero fue entre 1739 y 1740.

Lo que está claro es que su origen se remonta a América, la primera referencia conocida data de 1673 en el libro “Cautiverio feliz” de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán donde explica que, durante un intercambio de prisioneros en 1629 al sur de Chile, se ofreció un plato consistente en “papas fritas y guisadas”. Tendiendo claro el origen, quedaría entonces por determinar si su llegada a Europa es de origen francés o belga.

Sea como fuere, en Bélgica, la cultura de la patata frita es signo de identidad y señal de ello es su museo Frietmuseum en Brujas. Se trata del único en el mundo dedicado exclusivamente a las patatas fritas. La experiencia incluye la historia de la papa y su llegada a Europa, su evolución en el tiempo y la famosa disputa. Más de 1.700 objetos relacionados, desde los utensilios y freidoras de la época para contarlas y prepararlas, hasta las salsas más utilizadas a lo largo del tiempo. Máquinas recreativas, una jukebox con cien temas sobre patatas, juegos interactivos, esculturas, experiencias inmersivas sobre un tractor para recolectarlas y cómo no, poder degustar las deliciosas papas fritas.

Patrimonio culinario belga

Eddy Van Belle está detrás del Frietmuseum, se trata de un belga de 77 años apasionado de las colecciones. Además del museo de las patatas fritas, inaugurado en el mes de mayo, también ha creado el Choco-Story, un museo de chocolate y Lumina Domestica, con una colección de 6.500 lámparas, ambos en Brujas. Una contribución a la promoción del patrimonio culinario belga a través de estos museos, interactivos y pensados para toda la familia, que preservarán su cultura a lo largo de los años.

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