La casa de champagne de nombre alemán, que además produce una de las etiquetas más caras del mundo –Clos du Mesnil—, sigue su recorrido a través de ingredientes humildes, esta vez con la zanahoria. “Los embajadores empezaron con un grupo de amigos en 2001, chefs cercanos que me decían, Oliver; tu champagne es muy difícil de encontrar, necesitaría entrenar al equipo sobre lo que significa Krug, quiero conseguir acceso a ciertas ediciones… bien, hagámoslo y tú serás embajador de Krug”. Así relató a esta revista el actual director de la maison –sexta generación al frente de Krug– cómo nació una aventura que ha crecido y es quizá una de las experiencias gastronómicas de mayor calidad y más elitista a nivel mundial. La presentación de las nuevas ediciones del codiciado champagne tuvo lugar en la Finca Ana María, anexa al Marbella Club, en un evento privado para chefs, sumilleres y periodistas especializados, donde se impartió un taller para recorrer las infinitas posibilidades de la raíz comestible, se cataron las 173ª Edición de su Krug Grand Cuvée y 29ª Edición de su Krug Rosé y culminó con un exquisito almuerzo alrededor de la zanhoria.
Un champagne único
Krug es una de las grandes maisons del champagne, por calidad que no por cantidad, a pesar de la nueva e impresionante bodega que han construido en Ambonnay, a escasos 30 km de la casa madre en Reims, epicentro de la elaboración de champagne. Pero lo que realmente les diferencia es su forma de elaborar, Krug no hace añadas, pues en todas sus etiquetas hay vinos de cosechas anteriores. Ésta fue la fórmula que se inventó el fundador Joseph Krug a mediados del s. XIX para obtener la mejor expresión del champagne, según sus propias palabras. Por este motivo elaboran cada parcela por separado y cuentan con una librería con más de 1.000 vinos de diferentes añadas, cada año, su ensamblaje abarca alrededor de 300 vinos, buscando el equilibrio perfecto. Por eso, para ellos, no hay una añada mejor que otra, ni una parcela mejor que otra, ni un champagne mejor que otro, es decir, no hay jerarquías, simplemente un ensamblaje de tierras, climas y personas que perpetúan concienzudamente el legado de Joseph Krug para alcanzar la excelencia que anuncia su etiqueta. Parece que lo logran, a juzgar por la cantidad de incondicionales que tienen a los que llaman Krug lovers –entre chefs, sumilleres y consumidores– que cada año esperan las nuevas ediciones.

Embajadores Krug
Esta maison no tiene un sistema de distribución al uso, sino que “nos apoyamos en personas sobresalientes, buenas tiendas de vinos, buenos restaurantes que tengan acceso a la experiencia Krug y la sepan transmitir”, explica Oliver. El apoyo es mutuo desde que crearon Krug in the Kitchen y cada año eligen un ingrediente único, como únicos son cada uno de los vinos que utilizan en sus champagnes. Sus chefs embajadores –entre los que se cuentan nombres como Anne Sophie Pic o Yosuke Suga–, cuidadosamente seleccionados a lo largo de 30 países, crean, cada año, una receta alrededor del ingrediente escogido que se pueden disfrutar en cenas exclusivas en las embajadas Krug –cuentan con un formulario en su página web para ser el primero en enterarse de dónde, cuándo y qué–.
Experiencias Krug
Este año, la comunidad Krug asciende a más de 100 miembros de reputados restaurantes en 34 países, entre los que se cuentan seis españoles: Paolo Casagrande de Lasarte en Barcelona; Daniel Galeote de Leña en Marbella; Andreu Genestra del restaurante homónimo en la isla de Mallorca; Sergio Sierra de El Portal en Alicante; Rafa Zafra de Estimar en Barcelona y Alberto Zoilo Álvarez de Roostiq en Madrid. Desde Australia hasta Italia, desde Dinamarca hasta Hong Kong, todos ellos han elaborado recetas con zanahorias recopiladas en el libro Root for Thought –raíz para el pensamiento– para disfrutar con las nuevas ediciones de Krug. En palabras de Oliver “más que locales, las Embajadas Krug son los rostros de los amantes de Krug alrededor del mundo: chefs, sumilleres y socios con lo que tenemos una relación privilegiada”.