Por su cercanía al extremo sur de Manhattan, Tribeca fue en la época colonial una de las primeras áreas residenciales de la ciudad, pero pronto se convirtió en una zona industrial de almacenes y fábricas textiles que, a partir de los años 70, fueron lentamente abandonadas. Y al igual que en el Soho, los famosos–artistas, modelos, músicos...–, empezaron a convertir en lofts los espacios vacíos revitalizando esta zona que se rebautizó como TriBeCa, el Triangle Below (al sur de la calle) Canal, comprendido entre Broadway y el río y limitando con Battery Park y el Distrito Financiero. Tribeca cuenta hoy con una extensa nómina de famosos y acaudalados empleados de la cercana Wall Street. Los atentados del 11-S golpearon duramente al barrio y muchos negocios cerraron. Poco después los restaurantes iniciaron una campaña –menús a 20$– para atraer clientes y hasta Robert de Niro, uno de sus famosos residentes, creó el Tribeca Film Festival.
El renacer del barrio
Tras la crisis financiera de 2008 la recuperación ha sido fulgurante. Tribeca se ha beneficiado además de su parte del Hudson River Park, el ambicioso plan que está convirtiendo la costa oeste de Manhattan en un parque con jardines y espacios de ocio. Aunque aún quedan rastros de su pasado industrial y se han conservado las calles adoquinadas, es difícil imaginar lo que este barrio era, pero también cuesta creer que detrás de sus, a veces, modestos portales estén algunos de los piso más lujosos y exclusivos de Manhattan.
La escena gastronómica
Entre los nuevos paladines del barrio, Drew Nieporent y David Bouley, así como Chantarelle, un innovador restaurante de inspiración francesa al que la Gran Recesión se llevó por delante tras tres décadas en la cima. Nieporent, que con Robert de Niro y otros socios formó el exitoso Myriad Restaurant Group, abrió Montrachet en 1985, contratando a Bouley, entonces un joven cocinero de educación francesa. Bouley estuvo poco más de un año, pero Montrachet se convirtió en un clásico de la ciudad hasta que cerró, reencarnándose posteriormente en Corton y hoy en Bâtard, ambos con decoración minimalista y nueva cocina americana con un énfasis, como los nombres indican, en los vinos de Borgoña. Nieporent también el exitoso japonés Nobu, recientemente reubicado en el Distrito Financiero y sucursales por medio mundo.
David Bouley es el gran chef de Tribeca; tras dejar Montrachet abrió Bouley (1987) que en la década de los 80 fue el mejor restaurante de Nueva York. Tras varios cambios de local se ha mantenido en la cima obteniendo 3*** Michelin hasta que cerró sus puertas, pues su propietario –preocupado por la relación entre alimentación y salud– se ha tomado un año sabático. La idea es abrir uno nuevo con menús que reflejen sus investigaciones que va poniendo en práctica en Bouley Test Kitchen y Bouley Botanical. También es propietario de Brushstroke, un japonés abierto en colaboración con el Instituto Culinario Tsuji de Osaka. Dado el pequeño tamaño de Tribeca seguramente sea el segundo barrio con mayor número de buenos restaurantes por metro cuadrado, solo superado por la zona entre Union Square y el NoMad.
Ramillete de elegidos
La Nueva Cocina Americana está liderada por Atera donde en el mostrador se sirve un caro menú de degustación de unos veinte platos. Como es pequeño, hay que reservar con mucho tiempo. Más tradicional es Marc Forgione, su homónimo propietario es también el dueño de American Cut, una steakhouse bastante grande con sucursal en Midtown. Cerca está Tribeca Grill (grupo Nieporent y De Niro), de precios más modestos, buen servicio y donde a veces ofrecen la “Burger and Burgundy” –si pides un vino de Borgoña, regalan la hamburguesa–. El barrio tiene representantes de otras cocinas. Locanda Verde, restaurante italiano de Andrew Carmellini, tiene algunas de las mejores pastas de Manhattan. Scalini Fedeli, otro italiano mucho más antiguo y tradicional pero incluso mejor. The Greek y Thalassa dos buenos restaurantes griegos, sobre todo el primero con 1* Michelin. Tamarind es un elegante indio con una interesante carta de vinos, y Sushi of Gari, sucursal de los restaurantes de Gari Sugio y Jungsik, ofrece mucho más que nueva cocina coreana. Es uno de los mejores de Nueva York (2** Michelin), cita obligada para todo aquel que visite la ciudad por sus creativas preparaciones y su exquisita presentación, que cuenta además con una gran carta de vinos y un excelente servicio.
Otras opciones insteresantes
Pero no todo son restaurantes caros. Puffy’s Tavern es un bar irlandés tradicional que sirve los famosos bocadillos de Alidoro hasta las cinco de la tarde. Bubby’s, un restaurante con platos típicos americanos, es otra institución y ha abierto una sucursal en el Meatpacking District. Walker’s es una hamburguesería clásica con televisiones ofreciendo deportes. Y en Zucker’s Bagels and Smoked Fish se pueden comprar estos típicos rosconcillos de pan y ahumados.
No hay que olvidar los bares y gastropubs. El pionero fue Keith McNally con The Odeon, todavía abierto y cuyas fiestas de los ochenta fueron retratadas por Jay Mc- Inerney en su famosa novela Bright Lights Big City (en cuya portada aparece). Terroir es un interesante bar de vinos, que fue originalmente una sucursal del que había en el East Village, hoy cerrado. Terra cuenta con un menú de tapas italianas. Distilled, un gastropub con cócteles y platos tradicionales con algún toque creativo. Tiny’s & The Bar Upstairs es un bar de vinos y restaurante situado en un edificio de tres pisos entre dos edificios muchísimo más grandes (de ahí el nombre), construido en 1810. Y para cerrar, el neo-bistró Racines, sucursal del original parisino. Uno de sus propietarios, David Lilie, es también uno de los dueños de la cercana Chambers Wines, una tienda muy admirada por los llamados wine geeks por su énfasis en vinos naturales.