Nació como merendero de playa junto a las históricas casitas de baño de S’Agaró, coincidiendo con los nuevos usos de la burguesía que gustaba de las recién llegadas tendencias marcadas, entre otras, por Coco Chanel, en las que las siluetas doradas por el sol eran sinónimo de glamour. Su estética mediterránea le convirtió en una joya del modernismo y símbolo de una zona vacacional que atrajo a los primeros adeptos a los baños del mar. Abierto al mar sobre un muro que frena las olas, la Taverna del Mar es una clásica construcción marinera, sus grandes ventanales y arcos se asoman a uno de los paisajes más privilegiados y espléndidos de la Costa Brava. A parte de ser un referente en la gastronomía, también tiene su historia cinematográfica, ya que en 1959 se convirtió en set del rodaje de la película De repente, el último verano, dirigida por Joseph Leo Mankiewicz y protagonizada por Elizabeth Taylor y Montgomery Clift. Además, por sus mesas han pasado artistas, escritores, músicos y otros personajes ilustres.
Cuatro generaciones
Está dirigido por la cuarta generación de la familia Ensesa: Josep, Julia, Virginia y Carina, que también son los propietarios del mítico Hostal La Gavina, de S’Agaró. Único Resort Grand Luxe de cinco que hay en Cataluña y está asociado al exclusivo grupo The Leading Hotels of the World. Esto significa garantía de distinción, señorío y elegancia. Adquirió fama internacional en los años 50 por el glamour y la magia de Hollywood, que lo convirtió en plató y en un exclusivo centro de peregrinación de estrellas como Ava Gardner, Frank Sinatra, Orson Welles, Charles Chaplin o Ernest Hemingway, entre otros. La Taverna del Mar fue remodelada en 2014 por el interiorista Lázaro Rosa Violán, que ha mantenido sus tonos clásicos (blanco y azul) usando carteles históricos y elementos tradicionales de la familia Ensesa, lo que supone una bocanada de aire fresco a un lugar que, ya de por sí, se ha labrado una gran reputación a lo largo de los años. El restaurante permanece así fiel a sus orígenes, que lo relacionan con la marisquería clásica y los arroces mediterráneos, pero con un punto de mayor calidad. Elegante, cómodo y con una terraza que ofrece unas vistas espectaculares a la bahía de S’Agaro, mantiene su identidad en torno a la cocina marinera tradicional y a los pro-ductos de la tierra de L’Empordà.
Lo mejor de la Costa Brava
Este año, debido al coronavirus, La Taverna del Mar ha implementado una serie de medidas para ofrecer las máximas garantías sanitarias y de seguridad a los clientes que acudan al restaurante. Su cocina se ajusta a la disponibilidad de las lonjas de la Costa Brava, aunque también cuentan con los servicios de tres pescadores de la zona. Aquí todo vale para darse un buen capricho de marisco de su surtida carta, que se pue-de combinar con algunos de sus entrantes, desde las ostras francesas Joel Dupuch, servidas al natural con agua de pepino y manzana verde, hasta unas navajas de Galicia a la parrilla con un toque de cítricos, pasando por unas anchoas y boquerones de La Escala o unos calamares a la andaluza, espardeñas a la plancha, vieiras salteadas con alcachofas del país o un creativo tartar de tomate, rúcula y pan sardo. Otra opción es ir directamente a los platos más elaborados, como la ensalada de langostinos con soja y jengibre, aguacate y vinagreta cítrica, o una ensalada de tomate del país con ventresca de atún, cebolla y albahaca, siguiendo con pescados recién salidos del mar (lubina o lenguado) resueltos al horno, a la sal, mediante el Josper o con un punto de sofisticación en el caso del rape, que se sirve sobre algas de mar y parmentier templada, o su famoso suquet de pescado con gambas de Palamós.
Inspiración internacional
Otra tentación es un ceviche de corvina con leche de tigre morada sobre tacos de le-chuga o un carpaccio de hinojo con naranja y huevas de trucha. En Francia hace siglos que el hinojo es una exquisitez y cualquiera que lo pruebe en el restaurante podrá su-marse a esta afirmación. Evidentemente, no faltan las míticas gambitas de Palamós; unas sepionas salteadas con espárragos verdes o alcachofas, en función de la temporada; la bandeja de marisco de la Tavern o La cazuela a La Taverna, con una base de suquet con bogavante y un huevo poché en el centro para que ligue con todo. El resto de la carta incorpora nuevos platos que cambian cada temporada, como un sashimi de salmón con alga nori y wasabi o su variedad en arroces, para los que únicamente utilizan la marca bomba del Delta del Ebro: la paella del senyoret, el arroz a la cazuela con nécoras o el arroz con erizos, son siempre apuestas seguras. También tienen una excelente oferta para los que prefieren comer carne, destacando el solo-millo, las hamburguesas y el entrecot, todos ellos hechos al Josper. Aunque nunca está de más echar un vistazo a las sugerencias del chef Lluís Planas (ex Celler de Can Roca, ex Gaig, ex Arzak…) que se encuentra al frente de la cocina desde 2017, asesorado por Romain Fornell (1* Michelin por el restaurante Caelis de Barcelona).
Postres delicatessen
Uno de los puntos fuertes es el impulso que han dado a los postres, mejorando mucho en creatividad y elaboración. La crema quemada con vainilla y teja de almendra y naranja, o la manzana al Calvados, crumble y tofe, son unas opciones perfectas para una buena digestión, aunque los más golosos no podrán resistirse al cheeescake de La Taverna con mango, mermelada de tomate y vainilla, un bavaroise de café con avellana y ron miel o un coulant de chocolate con sorbete “détox”. Además, cuenta con una amplia bodega de más de 150 referencias de vinos nacionales e internacionales. Su joven jefe de sala, Jaume Solé, siempre dispuesto a asesorar a los clientes con una notable armonía entre plato y plato, señala que los verdejos y los riojas son los que más salida tienen. Para ampliar su oferta, en 2018 montaron una terraza chill-out abierta desde el atardecer hasta la madrugada, tanto para los clientes del establecimiento como para el público en general, un rincón idóneo para quienes buscan disfrutar de un oasis en la playa de San Pol donde se ofrece una variada carta de cócteles clásicos y modernos, vinos, cavas, champagnes…
Plato emblemático para el centenario
Este año, los Baños de S’Agaró celebran su centenario, pero aunque la gran fiesta de celebración se ha aplazado a 2021 por la Covid-19, ambos chefs han elaborado una propuesta gastronómica que incluye el mar y montaña de langosta con pollo. Un plato emblemático de la cocina ampurdanesa que quiere rendir homenaje al centenario. También está disponible para llevar, al igual que los demás platos de la carta. Otro de los servicios que ofrecen es llevar, desde su barca en el muelle flotante, paellas por encargo, o cualquier otro plato, a los clientes que llamen desde los barcos fondeados cerca de la playa. Los clientes que deseen optar por el menú cuenta con dos excelentes propuestas gastronómicas que oscilan entre los 60 y 75 euros.