En la misma playa, con el mar al fondo, lo que empezó siendo un chiringuito se ha convertido en un restaurante de referencia en la Costa del Sol. Su situación es totalmente privilegiada, en plena playa, entre los hoteles Puente Romano y Marbella Club, comer aquí al aire libre produce agradables y distendidas sensaciones. En La Milla, confluyen profesionalidad, alta cocina y la belleza de su entorno; un restaurante muy completo en todos los sentidos gracias a la labor y el esfuerzo de César Morales y Luis Miguel Menor, sala y cocina respectivamente.
Se conocieron hace más de 10 años cuando ambos ya habían desarrollado una carrera más que prometedora forjándose un nombre en el sector. Luis Miguel ya destacó en su etapa en el restaurante del hotel Byblos (5 * en Mijas) hasta que lo ficharon como chef ejecutivo en Los Monteros, donde coincidió con César, que venía de un extenso periplo como director de alimentos y bebidas de los hoteles Radisson en Londres, Rafael en Baqueira-Beret, Guadalmina, Don Carlos, hasta recalar en el mencionado 5* Gran Lujo. En 2012 empezaron a pensarlo y en 2015 el chiringuito La Milla Marbella se convirtió en realidad.
Desde entonces su fama ha ido creciendo, gracias a la creatividad sin estridencias de Luis Miguel, el concepto de lujo a pie de playa del que es artífice César, y por supuesto, producto muy muy fresco y de cercanía.
Espetos 2.0
Ambos han creado un restaurante en el que el mar está presente en las mesas con sus productos más frescos en variadas versiones. Tanto el pescado como el marisco proceden de las lonjas andaluzas, desde Almería hasta Huelva, para conformar una larga lista de sugerencias del día que siempre acompañan a la carta. Hay tradición marinera y mediterránea, con clásicos de la cocina andaluza, pero también vanguardia e innovación, reflejadas en platos equilibrados de sabor y textura como su ya famoso brioche de atún con chocolate blanco, cuya originalidad no debe confundir al comensal, porque donde realmente se lucen es en el difícil oficio de las brasas.
Han sabido adaptar la técnica del espeto a los pescados grandes, el tradicional de sardinas ya es historia pues aquí salmonetes, doradas y lubinas pasan por la acción directa del fuego para llegar a las mesas en su punto justo pero con ese sabor final que sólo confiere esta técnica tan malagueña. La pericia de Luis Miguel con los frutos del mar también se pone de manifiesto en el apartado de frituras; boquerones y puntillas, consistentes los unos y crujientes las otras, son sólo algunos ejemplos. Impera, además, la brasa para tratar tanto el marisco como el pescado, gracias a ella los productos llegan a la mesa con el punto exacto de fuego y temperatura, intactos en su jugo donde se puede apreciar tanto la calidad como la frescura. Una cocina que puede parecer sencilla, pero de muy difícil ejecución, habiendo transformado lo popular en cocina de gran alcance y modernidad; urtas, rapes, besugos, rodaballos y pargos son testimonio fehaciente de este saber hacer.
Un lema, un objetivo
En la carta figuran una serie de platos ya considerados como los clásicos de La Milla, además del mencionado brioche o los langostinos al pil-pil, destacan algunos de sus arroces como el ibérico con jamón Carrasco, el meloso de carabineros y el también meloso de ortiguillas, que le prestan un refrescante sabor a mar, contribuyendo a su melosidad una fina lámina de tocino.
Estos toques personales se degustan también con notables resultados en platos como la concha fina a la brasa con pil-pil de maíz, las navajas a la plancha con emulsión de jamón, o el carabinero a la brasa, patatas chips, huevo frito y caviar. La actitud de crecer, mejorar e innovar marca la trayectoria de estos dos socios que cada año amplían carta y buen servicio bajo un lema que es más bien una declaración de intenciones y que puede resultar obvia pero no lo es tanto a la vista de los resultados: Elegimos el mar. Y con este leitmotiv se han inventado platos como la concha fina de maíz, la banderilla de carabinero, perfecto en jugosidad y punto de fuego, o la singular tortilla de patatas con gamba roja donde el aceite del crustáceo al ajillo aporta jugosidad y el resultado es un plato suave y delicioso.
A este festín hay que añadirle un servicio impecable, diligente y atento, con César como el perfecto anfitrión, aunque hay que tener en cuenta que en temporada alta llegan a dar hasta 300 cubiertos. No en vano, antes de iniciar la temporada 2021 y ante el éxito que ya cosechaban, acometieron una reforma integral del local levantando una nueva Milla más amplia y mejor acondicionada que además les permite abrir casi todo el año gracias a los grandes ventanales que resguardan en meses de climas poco benignos pero no privan de seguir comiendo en la playa.
Todo el vino del mundo
La carta de vinos es extensa y selecta, con más de 800 referencias, siendo la más completa y variada de Andalucía. En ella figuran prácticamente todos los tipos y toda la geografía del vino. Recoge una buena representación de los mejores generosos de las bodegas andaluzas, excelentes finos, amontillados o palos cortados junto a una amplia oferta de espumosos; además del cava, el champán ocupa un lugar destacado y detallado. Se encuentran las grandes maisons, así como los mejores champanes de vignerons, pudiéndose elegir entre el elaborado con sus tres uvas –chardonnay, pinot noir y pinot meunier–, el blanc de noirs o el blanc de blancs. En cuanto a blancos, están representadas todas las regiones europeas que los producen, incluyendo joyas como los de Egon Müller en el Mosela.
Entre la amplia variedad de tintos se puede afirmar que se encuentran los mejores tanto de España como del mundo, con alguna curiosidad como el Barrosa Valley de Australia, en referencia a la Batalla de La Barrosa, que tuvo lugar en las costas de Chiclana en 1811. Asimismo, es interesante el capítulo de los vinos dulces, entre los que figura el Rujaq Andalusí, de 20 años, procedente de la Bodega Dimobe, en la Axarquía malagueña, sin olvidar la interesante carta de cócteles, en la que encontramos afamados licores y aguardientes.
Una confluencia de lujos enogastronómicos a pie de playa que culmina con una plácida digestión en cómodas tumbonas o incluso camas que se pueden reservar, arrullados por la brisa del Mediterráneo o las burbujas del champán.