La Boquería, El Ninot, Sant Antoní y Santa Caterina, podría decirse que son los cuatro mercados más representativos de la Ciudad Condal, lugar de peregrinación y abastecimiento para barceloneses y turistas. Su ubicación junto al Mediterráneo favorece la diversidad de productos y es un fiel reflejo de la importancia que la capital catalana ha tenido como ciudad comercial a lo largo de su historia.
La Boquería
Uno de los mercados más emblemáticos es La Boquería, en las Ramblas, una visita obligada. Es, sin duda, el más popular y uno de los más antiguos. El nombre original, mercado de Sant Josep, hace referencia a la fecha de su inauguración, el 19 de marzo de 1840, el día de San José. Sus orígenes, no obstante, datan de muchos años atrás. En este mercado se concentra cada día un ambiente muy especial y se ha convertido en un centro de atracción para los viajeros que visitan la capital catalana, ya que por él pasan todos los días miles de turistas con cámaras de fotos y de video para inmortalizar algunos de sus sofisticados y coloridos puestos (sobre todo los que están en la entrada principal), exquisitos productos locales o exóticos de gran calidad, con los que resulta difícil no caer en la tentación de adquirir alguno.
Los barceloneses saben que si necesitan un alimento raro o exclusivo seguramente lo encuentren en La Boquería. Y no es de extrañar, ya que cuenta con más de 300 paradas. Una de las experiencias culinarias que no debe faltar es comer en alguno de sus restaurantes o en la barra de los puestos, donde se pueden probar todo tipo de productos locales y de importación en un ambiente agradable ¡Lo más difícil será elegir uno! Hay quien vende comida para llevar mientras que otros habilitan parte del mostrador para comer. Uno de los más célebres y concurridos es Pinotxo, un bar que se encuentra en la entrada principal y donde se puede tomar una cazuela de callos, capipota o garbanzos salteados con morcilla de Burgos. Su alma máter es Joan Bayén, más conocido como Juanito, que lleva 78 años trabajando en el mercado. Sobre la Boquería comenta: “es el mejor mercado de Barcelona, pero no estaría mal que lo arreglaran un poco para que estuviera más bonito”.
El Ninot
Ubicado en el lado izquierdo del Ensanche se encuentra el emblemático ‘Mercado del Muñeco’ de estilo novecentista con estructura de hierro. Pese a encontrarse en una zona tan céntrica, no forma parte de los puntos turísticos de la ciudad, por lo que es más un mercado para los vecinos de la zona. Diseñado por Antoni de Falguera y Joaquim Vilaseca, está considerado un Bien Cultural de Interés Local en el inventario del Patrimonio Cultural catalán.
Inició su singladura en 1894 con el nombre de El Porvenir, pero con el paso de los años adoptó el nombre de Mercado del Ninot que le daban los vecinos por la figura de un mascarón de proa que había en la fachada de una taberna de la zona. Su remodelación duró seis años y reabrió sus puertas en mayo de 2015. Desde entonces, le han dado un aire más gastro, ya que allí conviven establecimientos de restauración con paradas en las que se puede comer en la barra o en mesas altas desde productos frescos de gran calidad típicos de la cocina catalana hasta arroces mediterráneos o mariscos frescos.
Imperdonable pisar este mercado y no probar una tapa de esquixada, unos buñuelos de la casa o los canelones de brandada gratinados en la Bacallaneria Perelló. Otra parada es La Medusa 73, lugar frecuentado por muchos médicos del Hospital Clínico; su pulpo al punto, zamburiñas y croquetas artesanas, están para repetir. En el exterior se encuentran decenas de puestos en los que se puede comprar ropa, complementos, productos para el hogar...
Sant Antoni
Es uno de los más grandes y populares de la Ciudad Condal. Situado en una de las manzanas del distrito de la izquierda del Ensanche, donde antiguamente se encontraba el Baluard de Sant Antoni, es como una pequeña ciudad dentro de Barcelona, ya que cuenta con una superficie total de 53.388 m2 distribuidos en cinco plantas, cuatro de ellas subterráneas. Esta joya arquitectónica, construida entre 1879 y 1882 por el arquitecto Antoni Rovira i Trias, fue el primer mercado que se hizo fuera de la ciudad antigua y su ubicación obedece al plan original de Ildefonso Cerdá.
Desde su reapertura, en mayo de 2018, ha entrado en una nueva fase conservando su esencia y adaptándose a los nuevos tiempos con múltiples novedades. Se compone de tres mercados: el de alimentos frescos; el de ropa, también conocido como los encantes; y el dominical, donde se venden libros usados, artículos para coleccionistas… En el interior, la zona destinada a la alimentación de productos frescos, con vistosas paradas de fruta, verdura, pescado y carne, lo componen 52 puestos y 3 restaurantes, entre los que destaca, desde 1982, el bar Casablanca. Su carta de cocina catalana y mediterránea es interminable; cada día cuelgan un cartel con las recomendaciones, aunque su especialidad es el pescado fresco, preparado al momento, que se puede degustar en cómodas mesas o en su gran barra mientas se contempla la vorágine del mercado.
Los 105 puestos de los encantes (no alimentario) también se encuentran en el interior, en los pasillos más cercanos a la fachada, mientras que el mercado dominical de libros de segunda mano, revistas, cómics, posters, vinillos, etc., se ubica en el exterior bajo unos porches; pasear por sus paradas los domingos supone un ritual muy instaurado entre los barceloneses y turistas.
Santa Caterina
Es uno de los más vanguardistas de Barcelona, situado en el distrito de Ciutat Vella, muy cerca de la catedral. Fue el primer mercado cubierto de la ciudad y está abierto desde 1845. En 1999 inició una espectacular remodelación que concluyó en 2005, según el proyecto del arquitecto Enric Miralles, que supuso la construcción de una nueva cubierta de acero, hormigón, madera y cerámica que flota sobre la estructura original y que se ha convertido en su elemento más emblemático: son 325.000 piezas de arenisca esmaltada de sesenta y siete colores diferentes que forman un colorido mosaico inspirado en los colores de los puestos de frutas y verduras. Esta reforma tenía un doble objetivo: modernizarlo, para dotar al barrio de un mercado atractivo, y respetar, en medida de lo posible, las fachadas neoclásicas originales. El resultado es un espacio vibrante y multicolor cubierto por un manto gigantesco en el que la gastronomía ocupa un lugar destacado.
El Bar Joan es uno de sus referentes, una joya en forma de restaurante que se conserva con el paso de los años y donde se puede degustar desde un espectacular plato de callos hasta unas deliciosas albóndigas, una tortilla de berenjenas o un sabroso estofado de toro. En la entrada interior se encuentra el bar L’Univers, que cuenta con una amplia terraza, (inusual en un bar de mercado); la suya es una cocina sin florituras, pero de mercado, así que si un pescado no está en la vitrina, su propietario lo puede conseguir en cuestión de minutos. Además, bordan las navajas, los calamares a la plancha y la ensaladilla rusa casera. Por la mañana, los desayunos con cuerpo pasan por sus huevos ‘enfadaos’.