El próximo noviembre se cumplirán 63 años de la apertura de Casa Solla, un restaurante familiar que ha ido evolucionando a lo largo de los años al ritmo que lo ha hecho Pepe Solla, su propietario y segunda generación del restaurante y cuarta de restauradores. Con una estrella Michelín desde 1980 y 3 Soles Repsol desde 2014, este restaurante situado en San Salvador de Poio (Pontevedra) ha ido experimentando una transformación a lo largo del tiempo, pero sin perder su identidad.
Y es en este punto cuando Pepe decidió renovar su espacio y estilo de cocina, como explica “Estamos felices con el resultado de esta reforma. Creo que la necesitábamos, yo la necesitaba, porque de algún modo tenía la sensación de que se había separado el cuerpo del alma. El alma de la cocina que hacemos en Casa Solla había evolucionado hacia una propuesta más de producto, de sencillez, de realidad y cercanía, y quería que eso tuviese también su reflejo fuera en el comedor y en el ambiente que creamos para nuestros clientes. Ahora todo tiene una redondez con la que nos sentimos muy confortables y esperamos que eso también lo perciba el comensal”.
Los cambios más significativos están en las mesas, –de madera de roble negra tratadas con japonesa conocida como Shou Sugi Ban, la cual se emplea para proteger y fortalecer la madera– el tapizado de las paredes y el techo que se combina con el granito gallego y la iluminación, que transforma Casa Solla en dos restaurantes distintos, uno de día y otro de noche.
Por su parte la propuesta gastronómica, se centra en la huerta y el mar, “a partir de ahora los menús que servimos en Casa Solla están basados en pescados, mariscos, algas… y también con una huerta que está más presente que nunca, con vegetales, hojas, tallos, raíces, desde las fincas o desde el borde del océano Atlántico”.
La suma de todo da como resultado una propuesta que, con todos los cambios implementados, respira más que nunca, coherencia y armonía en todas sus facetas.