Con casi 64 años de historia, el restaurante gallego Casa Solla continúa reinventándose sin perder su esencia. Al frente del proyecto desde hace más de dos décadas, Pepe Solla presenta La Taberna, un nuevo espacio con identidad propia, donde la cocina de brasas, el vino y la música se unen en torno a una antigua lareira gallega, el corazón del hogar tradicional.
“No se trataba solo de hacer otro menú o cambiar el precio. Quería desarrollar un concepto distinto. Una cocina con identidad propia, que respira al ritmo de las brasas, sin artificios, sin romper con lo que ocurre en el restaurante gastronómico, pero sí con la libertad de tener su propia idiosincrasia. Así surgió la idea de instalar una pequeña cocina, junto a la lareira. Para poder crear algo nuevo a partir de lo antiguo. Una cocina independiente, que pudiera tener su propio horario, que no interrumpiera la vida del restaurante, y que respetara ese espacio original de reunión y calor” explica Pepe.
Lejos de ser una versión más económica del restaurante gastronómico, La Taberna propone una experiencia distinta en la que se puede disfrutar de platos sencillos, una carta de vinos cuidadosamente seleccionada y un ambiente acogedor. El toque final lo pone una selección de vinilos que los clientes pueden elegir para acompañar su comida o copa.
Esta taberna cueta con una cocina independiente, una barra de madera de roble negro tratada con la técnica japonesa Shou Sugi Ban y materiales nobles como granito gallego y hierro. Además cuenta con el vino como eje central y la experiencia se enriquece con una carta basada en producto y temporada. Recetas como la empanada gallega, el salpicón de marisco o un flan de los que dejan huella refuerzan ese vínculo emocional con la cocina de siempre. En La Taberna, todo sucede al ritmo pausado de las brasas, la conversación y los vinilos.
“La Taberna no busca ser una alternativa más asequible a nuestro restaurante gastronómico. Es otra cosa. Es un espacio con identidad propia, donde el lujo se mide en honestidad, en sabor, en momentos compartidos. En los recuerdos creados alrededor de una lareira. Donde puedes venir solo a tomar un vino… y acabar cenando seis platos, embaucado por la música y la armonía, del lugar, sin haberte dado cuenta”. comenta.