Con la llegada del frío, la sopa vuelve a convertirse en una de las opciones favoritas de los hogares españoles por su carácter reconfortante y su valor nutricional. Según el Informe de Consumo Alimentario 2024, cada persona consumió casi seis litros de sopas, caldos y cremas preparados durante el último año, lo que demuestra que este plato tradicional se mantiene como un imprescindible de la temporada.
Pero la sopa no solo calienta el cuerpo, también puede ser una herramienta eficaz contra el desperdicio alimentario. Las verduras, ingrediente base en la mayoría de recetas, son uno de los alimentos que más se desechan en casa. En 2024 supusieron el 13,8% del desperdicio doméstico, una cifra equivalente a 117 millones de kilos. Según el análisis realizado por Too Good To Go, ese volumen podría haberse transformado en 390 millones de platos de sopa, demostrando el enorme potencial de reaprovechamiento que existe en los hogares.
Además de económica, fácil de preparar y apta para infinitas combinaciones, la sopa también ofrece beneficios ambientales y sociales, especialmente cuando se elabora con productos de aprovechamiento, como los Packs Sorpresa de fruta y verdura disponibles en la app Too Good To Go, que permiten adquirir excedente diario con descuentos de hasta el 75%.
Para evitar que las sopas y cremas ya cocinadas terminen desechándose, la plataforma comparte claves de conservación fáciles de aplicar como dividir en raciones individuales antes de guardar, enfriar correctamente, congelar sin ingredientes que cambien de textura, etiquetar y registrar fechas, y recalentar hasta ebullición antes de consumir.
Con pequeños cambios en la cocina diaria, la sopa puede ser mucho más que un plato de invierno, puede convertirse en una aliada del ahorro, la sostenibilidad y la cocina consciente.