Gourmet Spirits

La ruta del tequila

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Autor: Lucas Vallecillos
Fecha Publicación Revista: 01 de junio de 2022
Fecha Publicación Web: 01 de junio de 2022

La Ruta del Tequila no tiene un camino marcado. Cada uno puede trazarla por donde le venga en gana, solo hay que tener claro los estados que tienen Denominación de Origen Tequila: Jalisco, Guanajuato, Nayarit, Michoacan y Tamaulipas, por tener unas condiciones climatológicas muy similares, donde el agave azul encuentra un hábitat excelente para su producción. Nuestra ruta empezará en Pénjamo, población del estado de Guanajuato, donde se ubican algunas de las mejores haciendas tequileras del país, pasará por poblaciones cargadas de historia, y terminará en el Valle de Tequila. Una zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que dota de nombre a la bebida mexicana más afamada en el mundo.

El tequila es de génesis desconocida. Se sabe que las élites indígenas consumían en ritos religiosos o festivos una bebida fruto del mosto fermentado de la piña del agave azul, cuando llegaron los españoles introdujeron en su proceso de elaboración la destilación, pasando a llamarse vino de mezcal o aguardiente, que es el tequila que ha llegado hasta nuestros días.

Teñido de azul

Nuestra ruta parte desde el paisaje agavero de Pénjamo, es la mejor introducción al universo del tequila. La zona vive una época dorada, alberga algunas de las mejores bodegas del país e in-mensas plantaciones de agave azul que son inabarcables con la vista. Para facilitar el acceso al turista hay establecido un Circuito del Tequila, que conduce al visitante a lo largo del proceso de elaboración; desde la recolección del agave azul en el campo hasta el embotellado. Una de las visitas más interesantes es la que se puede hacer en la histórica tequilera de Corralejo, donde destaca su maravillosa cava teñida de añil por la luz procedente del exterior al filtrarse por los vidrios azulados de los bellos tragaluces que rematan la construcción.

Momias y rancheras

Guanajuato es parada ineludible en nuestra ruta. Una ciudad de gran belleza declarada Patrimonio de la Humanidad y capital del estado del mismo nombre. Tiene una agitada historia donde la minería ha jugado un papel capital en su origen y evolución. Su trazado urbano es un intrincado laberinto de calles angostas dibujadas por casas de colores que alberga joyas arquitectónicas como la Alhóndiga de Granaditas, que fue escenario de uno de los episodios más destacados en el proceso de independencia de México. La Universidad, el Teatro Juárez o su Basílica coronada por una cúpula roja, son otras obras magistrales que no pue-den ser pasadas por alto. El museo de las momias, que en realidad son cuerpos deshidratados, es otro lugar de interés. Y, por último, hay que subir al mirador de Pípila, para fotografiar la mejor vista de Guanajuato.

La Casa de José Alfredo Jiménez, ubicada en la población de Dolores Hidalgo es una de las sorpresas más interesantes del viaje. José Azanza Jiménez, sobrino del cantante, gestiona y dirige con mimo la casa donde nació y vivió su tío. Es una construcción tradicional donde se exhiben trajes, discos y recuerdos muy variopintos del cantante, entre los que destaca un gran cuadro de Octavio Ocampo donde representa la cara del gran José Alfredo mediante la compleja técnica metamórfica. Más de 300 composiciones han sido el legado de este magistral compositor y cantante, interpretadas también por artistas de la talla de Sabina, Placido Domingo o el grupo Maná. A pocos kilómetros se halla en San Miguel Allende, una ciudad colonial espectacular que alberga en sus inmediaciones el magnífico Santuario de Atotonilco, declarado Patrimonio de la Humanidad, con unas excepcionales pinturas que cubren sus bóvedas. Lagos de Morelo, en la entrada del esta-do de Jalisco, es una de esas poblaciones donde el tiempo parece haberse detenido, todo camina a otro ritmo, marcado tal vez por los monumentales campanarios que flanquean la Parroquia de La Asunción. La ciudad tiene dos espacios emblemáticos que son conjuntos monumentales de gran valor; la Rinconada de Capuchinos, que alberga un convento de excepcional belleza y la Rinconada de la Merced, formada por varias casas históricas donde se localiza un antiguo mesón del siglo XVIII.

Charros de antaño

La puerta de acceso al Valle de Tequila es Guadalajara. Toda una lección del muralismo mexicano, donde el gran maestro José Clemente Orozco dio rienda suelta a su profusa creatividad, en el Palacio de Gobernación y en el Hospicio Cabañas. En esta ciudad, para comer en compañía de una excelente música tradicional al son de una banda de mariachis, o dar un paseo sosegado, es muy interesante el pintoresco barrio de Tlaquepaque; sembrado de cantinas tradicionales y calles peatonales.

No se puede abandonar Guadalajara sin asistir a una charreada –rodeo mexica-no–, deporte nacional por excelencia donde todas las suertes tienen su origen en el trabajo que los vaqueros realizaban con caballos y vacas en las haciendas. Y para poner el toque de color, las veladas de lucha libre garantizan risas y diversión.

Tequila de volcán

El Valle de Tequila, tamizado por un mar de agaves azules y enmarcado por el volcán de Tequila, produce uno de los mejores del país, debido a la excelente calidad que adquiere el agave cultivado en su suelo de origen volcánico. Entre el cono que dibuja el volcán Tequila y el cañón de Río Grande, 34.658 hectáreas declaradas Patrimonio de la Humanidad desde 2006, concretamente por el paisaje de agaves y las antiguas instalaciones industriales. Los mejores lugares de la zona para degustar la bebida son las tequileras y cantinas de Tequila; pueblo que da nombre a la denominación de origen, y que acoge la mítica fábrica de José Cuervo considerada la tequilera más antigua del país.

Es imprescindible saber tomar un tequila para sacarle el mejor partido. Debe ser disfrutado con calma, al contrario de la creencia popular en muchos lugares del mundo, nunca debe beberse de golpe. En un inicio es aconsejable intentar percibir todos sus aromas aspirando suavemente por la nariz de la copa, después, al probarlo, se deben dar tragos muy cortos, y pasear el tequila por toda la boca antes de tragarlo, para que todas las papilas gustativas capten el sabor y terminar con una pequeña exhalación final. Y lo más importante como señala el eminente tequilero Sr. Arroyo, dueño de la fábrica Tequila Real de Pénjamo; “el tequila se toma solo, pero no a solas”.

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