De sí mismo dice el autor: “culinariamente soy un tradicionalista curioso o un conservador abierto. Detesto la cocina trampantojo y la nueva moda cuquicursi...”
Una declaración de intenciones que ya desde el prólogo predispone al lector a sumergirse en un texto inteligente, divertido –sin que ello desmerezca, más bien al contrario– que muestra la apetecible temporalidad de nuestra cocina además de apuntar certeros dardos contra quienes pierden el oremus –y el gusto– por seguir las modas gastroenológicas.
Comimos y bebimos
Ignacio Peyró
264 págs.
18 €