Sala de Barricas

Gonzalo Iturriaga de Juan

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Autor: Mayte Díez
Autor Imágenes: Vega Sicilia
Fecha Publicación Revista: 01 de febrero de 2017
Fecha Publicación Web: 06 de marzo de 2017

Las nuevas añadas de Vega Sicilia –salen al mercado este mes de febrero de 2017– pasaron por la mesa del Comité de Cata del Grupo Gourmets: Único 2005, Único reserva especial 2003, 2004, 2006, Valbuena 5º año 2012, Alion 2013, Macán 2013, Macán Clásico 2013, Pintia 2012 y Oremus.

Los “magníficos” de Ribera del Duero llegaron al Grupo Gourmets escoltados por Antonio Menéndez, director general de la bodega y Gonzalo Iturriaga de Juan, ingeniero agrónomo, enólogo –cosecha del 77–, cuyo curriculum se inicia en la bodega familiar Alonso del Yerro en Ribera del Duero, transcurre por las extremeñas Bodegas Habla y la empresa Lamothe-Abioet antes de asumir la dirección técnica de la bodega más prestigiosa de España en septiembre 2015.

Club de Gourmets. ¿Qué ha supuesto para usted entrar en Vega Sicilia?

Gonzalo Iturriaga.-  Para mí ha sido una suerte espectacular y el reto más importante de mi carrera, sin duda. Al final, Pablo (se refiere a Pablo Álvarez, consejero delegado de Tempos Vega Sicilia), optó por la persona menos conocida y le agradezco mucho esa confianza. Además, he tenido una acogida tan magnífica que ni yo mismo podía imaginar. Enrique Macías, responsable del viñedo, un crac mundial del que estoy aprendiendo muchísimo; Begoña, mi brazo derecho, mis ojos... Horacio, un apoyo fundamental, un bodeguero con una sensibilidad especial y que cata como los ángeles, David... En fin, todas las personas del equipo, sin excepción, me han recibido bien y apoyado en todo momento. 

¿El balance de su primer año?

Muy positivo y súper intenso; una escuela de clases magistrales diarias en las que he aprendido tanto como si hubiera tenido un master de 6 años. Y luego, como puedes imaginar, tener la gran suerte de probar vinos de 1915...

Vega Sicilia, palabras mayores. 150 años de historia y un vino totémico. ¿Qué se puede hacer o renovar en ese templo? 

De todo, porque hay que seguir evolucionando, haciendo ensayos... En mi caso, lo que más respeto me daba eran esas crianzas tan largas y que ha resultado ser la parte más emocionante del trabajo. Conocer el porqué se hacen las cosas hasta llegar a comprenderlas. Vamos poco a poco, haciendo ensayos, corrigiendo pequeños errores... Cierto que seguimos avanzando por los mismos raíles y teniendo muy en cuenta que estamos en un buque insigina, pero siempre hay matices en los que se puede seguir evolucionando como por ejemplo en el tema de las crianzas.

¿Tiene libertad para hacer algún cambio en la metodología de producción?

Tengo total libertad y todo el apoyo del mundo desde el primer día y con un equipo muy cohesionado. A ese respecto debo decir que en el trabajo soy una persona muy exigente porque me gusta que las cosas se hagan muy, muy, muy bien, pero a la vez soy tremendamente alegre. Me gusta trabajar en equipo y con buen ambiente; quiero que todo el mundo opine –aunque en ocasiones no estemos de acuerdo–, que participe y se involucre. Esa es mi forma de ser y mi carácter. No sabría trabajar sin libertad y sin hacer partícipes de ese trabajo al equipo. 

El enólogo, como padre de la criatura, le otorga unos rasgos característicos al vino. ¿Se nota ya su impronta?

En cierto modo se va notando, sí, en pequeños detalles, aunque los cambios sean aquí muy sutiles, porque es un trabajo diario que consiste en ir avanzando poco a poco. Estamos haciendo ensayos en toda la bodega y poco a poco, vamos evolucionando en la crianza, en el tipo de barricas que antes se utilizaban. Hay que tener en cuenta que para todos los que trabajamos en Vega la prioridad es expresar el terruño, ser muy fieles a él para otorgar al vino la máxima elegancia.

Juegan ustedes con la ventaja de un gran terruño

En una ocasión le oí decir a Paul Pontallier, un grande del vino bordelés recientemente fallecido, que los grandes terruños están muy por encima de los grandes enólogos. Yo suscribo esa frase, por supuesto.

Con un mal producto el enólogo no puede hacer un buen vino

Pues aquí es al revés; que con esa gran uva que tenemos, el enólogo no la estropee.

No será el caso... En otro orden de cosas, ¿qué añadas le han sorprendido?

Lo último, el 96 de Valbuena. Y el 70 es brutal. Y el 39... Lo que es realmente asombroso de Vega Sicilia es la consistencia. Es decir, esos vinos que he tenido la suerte de probar ¡vinos de 1915, de ciento y pico años! y que de todos ellos uno salió con corcho desgraciadamente y dos un poco caídos, lo que es un promedio bajísimo; son vinos de gran consistencia... Y hace cincuenta o cien años las cosas se hacían de otra forma, pero el terruño está ahí y eso es lo que importa.

Un Valbuena del 89 o del 90. ¿Dejarlo más tiempo en botella o beberlo?

Siempre dependerá de la conservación.

En inmejorables condiciones

Poco a poco los 90 van a seguir evolucionando, pero ya que me preguntas, yo ya me los bebería, sí.

¿Y los 2000?

Pueden aguantar muy bien, son vinos que van a poder envejecer unos 30 años fácil. Ha habido una evolución a mejor en Valbuena; 2010 y también 2012 fueron grandes añadas...  Bueno, aunque el vino se hace para beber, creo que esos vinos hay que guardarlos porque son vinos que van a envejecer muy bien.

¿Qué vino abriría usted para una celebración especial?

Pues es que me gustan todos... Pero en fin, dos niñas bonitas. Pintia y Valbuena del 97, que estaba muy bueno. Y si me dan a elegir y tengo oportunidad, un Valbuena del 70, sí.

Usted lo tiene relativamente más fácil.

Sí, ja, ja. ¡Lo que pasa es que no tenemos tantas botellas!

Etiquetas: Tempos Vega Sicilia, Gonzalo Iturriaga de Juan, bodegas, vino,

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