Entrevista Vicente Cebrián-Sagarriga
La elegancia de la guarda
Autor: María Pérez-Pla
Autor Imágenes: Marqués de Murrieta
Fecha Publicación Revista: 01 de diciembre de 2023
Fecha Publicación Web: 01 de diciembre de 2023

Vicente Cebrián-Sagarriga tuvo que hacerse cargo de la bodega mucho antes de lo que le habría gustado, con apenas 26 años, cuando su padre, el conocido empresario del mismo nombre, murió inesperadamente de un infarto. Recibió el legado con ilusión y respeto, y continuó transitando la senda que ya había abierto su progenitor para situar Marqués de Murrieta en lo más alto. Este año, coincidiendo con el celebrado 40 aniversario, la Red Mundial de Grandes Capitales del Vino la ha nombrado Best of 2023, es decir, la mejor bodega del mundo. ¿Su secreto? Respeto por el legado, trabajo, riesgo y “hay algo en el mundo del vino que es fundamental, que es el concepto familiar, si yo ahora analizo los 100 mejores vinos del mundo elegidos por la crítica hay un denominador común, una familia que transmite alma y el alma es vital para hacer un vino único y si sacas a pasear tu alma por el mundo consigues que cuando ven tu cara digan, hay una etiqueta detrás y cuando vean tu etiqueta, ahí hay una cara detrás”.
¿Cómo empezó todo?
Porque mi padre tenía pasión por el vino, aunque nunca había sido bodeguero, bueno, a excepción de una pequeñísima producción de 2.000 botellas que regalaba entre amigos en Pazo de Barrantes (Galicia) y se le cruzó en la vida algo que determinó absolutamente su presente y mi futuro, y es que la familia Murrieta decidió vender las bodegas. Ni corto ni perezoso, se hace con ese legado y así empezamos.
Y 12 años después te haces cargo de la bodega junto a tu hermana Cristina.
Mis hermanas me eligieron como la persona que tenía que representar a esta familia, como el líder, vamos a llamarlo así, de un proyecto, pero Cristina, que es la única que está vinculada a la bodega, es vital para mí en cada una de las decisiones que he tomado. Yo puse la proa del barco hacia una dirección, pero sin mi hermana yo no hubiera sido capaz de hacer nada. Su preparación, su inteligencia, su sensibilidad, su capacidad de trabajo… y la paciencia que tiene muchas veces conmigo, es una pieza clave de este proyecto.
¿Cuál era la dirección en la que tenía que ir esa proa?
Nuestra gran misión era la de actualizar una bodega que podía estar en su día catalogada como clásica rancia a una clásica actual. Entonces empezamos a hacer vinos con mayor equilibrio entre fruta y madera, más cercanos al gusto actual pero sin perder nunca nuestra personalidad ni identidad, porque esta bodega cumplió 170 años el año pasado y tampoco tenía sentido echar para atrás su esencia, por eso el primer objetivo era actualizar, no cambiar.
¿Os habéis adaptado a los tiempos?
Lo hemos intentado y ese ha sido un reto personal mío. Cuando asumí el liderazgo yo tenía 26 años y necesitaba un proyecto en el que me sintiera cómodo. No algo que no entendiera o estuviera anquilosado en el siglo pasado, pero todo basado en el respeto por la bodega y su historia. Por un lado hemos actualizado nuestros vinos de siempre; Marqués de Murrieta, Castillo de Igay que son vinos que contemplan un largo periodo de construcción en bodega y en paralelo generamos otros proyectos totalmente nuevos como es Dalmau, que, a propósito, es mi segundo nombre, no es apellido.
¿Cuál fue la innovación en Dalmau?
Es un vino hecho con rendimientos bajísimos buscando potencia pero sin abandonar la elegancia de Murrieta, además trajimos por primera vez el roble francés a la bodega y en lugar de los 6 años mínimo que permanecían en barrica apostamos por menos de 2 años. Por eso le puse mi nombre, porque si lo hubiéramos llamado Marqués de Murrieta nadie lo habría entendido. Este vino nació de la necesidad que yo tenía de llenar ese vacío absoluto que dejó el fallecimiento de mi padre.
Y en Pazo de Barrantes, un giro inesperado, larga crianza y la consiguiente subida de precio ¿el consumidor lo entiende?
Después de 6 años de estudios tuvimos el convencimiento de que podíamos hacer un albariño mucho más serio, de más peso, con mucho más cuerpo y empezamos con la añada de 2019 haciendo un vino que requiere un año de construcción en bodega y luego otros 2 años de calma en la botella y nos hemos quedado sorprendidos positivamente por la respuesta pues estamos agotados, hasta dentro de 6 meses no tenemos vino. Bien es verdad que el mercado internacional está muy hecho a los grandes blancos, a blancos con precio y aquí también se ha aceptado, pues hemos tirado para arriba el techo de precios del albariño que tiene una guarda tremenda, una uva que para mí es la mejor blanca del mundo.
Además de actualizar los vinos, también se remodelaron las bodegas.
Hasta ahora todo lo que hemos hecho ha sido a largo plazo, algo que para mí fue difícil porque cuando eres joven el largo plazo no existe, también con esfuerzo y riesgo, he creído siempre que el factor diferencial es importantísimo aunque podía haberme pegado la galleta de mi vida. Además de hacer fuertes inversiones para renovar completamente la bodega, en su día incorporamos un equipo jovencísimo para que viviéramos, sintiéramos y habláramos el mismo lenguaje y una pieza clave es Marta Vargas, nuestra directora técnica, que cuando se lo propuse tenía 25 años y me dijo que no, que sentía que no estaba preparada, pero poco a poco empezamos a trabajar juntos y cuando se quiso salir ya estaba dentro.
La exportación es un factor fundamental en el crecimiento de Marqués de Murrieta.
Ese era el otro gran reto, tener una presencia de marca muy importante, muy sólida en el exterior, y hoy con felicidad puedo decir que vamos a superar los 100 países, aunque no podemos vender grandes cantidades porque no las tenemos, ahora estamos con una política de cupos cerradísimos y que nuestra oferta esté muy por debajo de la demanda en todos nuestros vinos.
¿Cuál es la situación actual del vino español en el exterior?
El público internacional está cada vez más volcado en los vinos españoles a los que aplaude diariamente, tenemos un país rico en diversidad y un elenco de brillantes bodegueros jovencísimos y muy preparados con mentes totalmente distintas que están posicionando nuestros vinos en el exterior. En cuanto a la relación calidad precio, la gente dice que es la mejor, esto por un lado es positivo, pero por otro negativo pues no hemos sabido vendernos a los mismos precios que Francia o Italia, aunque ya hay grandísimas etiquetas españolas vendiéndose a precios altísimos, tardaremos 3 ó 4 años pero lo vamos a conseguir.